El color púrpura: crecer con dolor en el alma

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 15 febrero, 2019
Sonia Budner · 15 febrero, 2019
En estos días en que parece que el color de la piel y el lugar de la mujer en la sociedad vuelven a generar polémica, hemos querido recordar aquí esta magnífica película, que conviene retomar para refrescarnos una memoria que parece querer volverse débil.

El color púrpura es una novela de la escritora afroamericana Alice Walker que se consolidó en un premio Pulitzer y de la que surgió, en 1985, una magnífica película de la mano del genial director Steven Spielberg. Nos muestra una historia que habla de Identidad étnica, de roles de género, de violencia doméstica, de solidaridad femenina y de profundos traumas.

Toda la película es una obra maestra que puede analizarse desde muchos campos. Su puesta en escena, el magnífico guion, una fotografía increíble y un elenco extraordinario de actores. Y es, desde la psicología, donde esta historia no tiene desperdicio. El desarrollo temprano de profundos traumas, la solidaridad y el lenguaje a través de la escritura son las claves de esta historia de esperanza y de superación personal.

Alice Walker supo plasmar magistralmente una horrenda realidad, demasiado reciente y cercana, que afectó a millones de personas que simplemente no pudieron con ella. En estos días en los que parece que el color de la piel y el lugar de la mujer en la sociedad vuelven a generar polémica, hemos querido recordar aquí esta magnífica película, que conviene retomar para refrescarnos una memoria que en determinados momentos parece demasiado frágil.

El argumento

La película se desarrolla a principios del siglo XX, en el sur de Estados Unidos. Se centra en la vida de Celie, magistralmente interpretada por Whoopi Goldberg. Celie es una adolescente de catorce años violada y embarazada, en varias ocasiones, por su propio padre. Sus hijos han sido dados en adopción y todo el asunto se vive como algo absolutamente normal.

Terminan casándola con un viudo de la edad de su padre. La función de Celie y, por ende, la de todas las mujeres de la historia, es la de una especie de animal que se ocupa de la casa, los hijos y sirve de objeto de desahogo sexual. La única vía que encuentra Celie para poder vivir con esto son unas cartas que comienza escribiendo a Dios (porque cree que es el único que sabe que existe) y que continúa escribiendo para su hermana Netie, de la que la han separado a la fuerza. Lo que se produce en Celie es una paulatina desfragmentación de su persona.

Principalmente son cinco mujeres afroamericanas las que dan vida a esta cruel historia de maltrato, desamor, pérdida absoluta de identidad y de lucha por el conocimiento y por encontrar su lugar en la vida.

“Soy pobre, soy negra, puede que fea y no sé guisar, dice una voz a todo el que quiera oírla. Pero aquí estoy”.

-Celie, El color púrpura-

Mujeres en la puerta de casa

Crecer con dolor en el alma

La película nos muestra cómo se desarrolla un trauma disociativo de una manera literal a través de muchos sucesos violentos de naturaleza física, sexual y psicológica. Este tipo de trauma es típico de casos de estrés postraumático y de muchos abusos sexuales, a cualquier edad, pero especialmente en la infancia y en la adolescencia.

Este trastorno suele presentar como síntoma una parálisis emocional: una manera de aislarse de las emociones negativas que producen los recuerdos de un evento traumático. Cuando el evento es recurrente y se repite constantemente en el tiempo, las consecuencias pueden ser devastadoras. La disociación es un mecanismo de defensa con efectos paralizantes que bloquea la memoria y traslada el trauma a la parte corporal, expresándose a través de emociones, impulsos o pérdida del control o del habla o de otras muchas formas en el lenguaje corporal.

La fragmentación que surge con una experiencia traumática y ocurre cuando el trauma desgarra por completo el sistema de autoprotección. Se produce un corte en la conexión con su entorno y con el apego. Esto produce un daño considerable en la percepción de seguridad del individuo y en su autoestima.

Mujeres abrazadas

El trauma grupal es el que da paso a la esperanza

El Color púrpura muestra una realidad vivida por millones de mujeres en todo el mundo: situaciones de abuso sexual y violencia física y psicológica desde edades muy tempranas. En muchos casos esto es un trauma específico de grupo. Mujeres que han visto violados sus derechos, y que mientras han tenido que adoptar una estrategia mental de supervivencia.

Los traumas específicos de grupo, especialmente en mujeres, se relacionan con la cosificación, un proceso que deshumaniza a las personas, las muestra como objetos no pensantes que pueden ser explotados, expuestos y utilizados a capricho.

La persona que sufre este tipo de abusos puede optar, de manera inconsciente, por separarse mentalmente de ese YO sufriente como una forma de conservar una parte de sí misma. De mantenerse en le tiempo, es una estrategia que suele causar daños profundos en la persona; por otro lado, este abismo que se abre después no es fácil de cerrar con una intervención. Esta solo es una razón más por la que son importantes las medidas de prevención.