El desconcertante experimento del niño extraviado

Edith Sánchez · 24 agosto, 2019
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González el 24 agosto, 2019
El experimento del niño extraviado quizás ha sido uno de los más sorprendentes de la historia de la psicología. Sus resultados son sorprendentes si tenemos en cuenta cómo nosotros pensamos que nos movemos por el mundo.

El experimento del niño extraviado, más conocido como “Missing child”, es una reveladora práctica que nos habla sobre los problemas de percepción que tenemos y nuestra negativa a admitirlos. Este ejercicio se ha repetido cientos de veces, en diferentes lugares, y el resultado es siempre similar.

A partir del experimento del niño extraviado también se han ideado otros experimentos similares. Estos han pretendido ampliar los hallazgos iniciales del Missing child, de forma que se entiendan mejor los mecanismos que determinan la percepción humana.

Así mismo, el experimento del niño extraviado nos habla de dos fallos de la inteligencia. Uno se llama sesgo de atención y tiene que ver con el hecho de que solo percibimos aquello que consideramos relevante, lo sea o no. El otro se denomina sesgo de punto ciego. Consiste en la tendencia a creer que somos menos sesgados de lo que en realidad somos.

La experiencia nos enseña que en la percepción visual existe una discrepancia entre la realidad física y psíquica”.

-Josephs Albers-

El experimento del niño extraviado

El experimento del niño extraviado es, en realidad, muy sencillo. Los experimentadores fijan una serie de carteles en un parque, muy próximos entre sí. En cada uno de ellos está la foto de un niño y un letrero en el que se advierte que se trata de un niño perdido. Todas las veces que se lleva a cabo esta práctica, varias personas se detienen a observar el cartel por unos momentos.

Luego, el niño de la fotografía va a jugar cerca de alguna de las personas que se han detenido a ver el cartel. Permanece allí por un lapso de varios minutos. Básicamente ocurre siempre lo mismo: las personas no se dan cuenta de que el niño que juega delante de ellos es el mismo que se está buscando a través del cartel. Luego, el niño se va.

Minutos después de que todo esto ocurre, aparece un entrevistador y les pregunta si serían capaces de reconocer al niño de la fotografía que está en los carteles. Con toda certeza, los entrevistados contestan que sí.

Toda la situación es grabada mediante cámaras ocultas y existe un buen número de vídeos que registran el experimento del niño extraviado. Este es uno de ellos.

Una variante del experimento

Una variante del experimento del niño perdido se llevó a cabo en el año 2016, en el Washington Square Park de Manhattan (Estados Unidos). En esta oportunidad lo que se hizo fue abandonar, de manera controlada, a un niño de 6 años, por un lado.

Asimismo, a una niña de la misma edad y luego a un perro y a un gato. Todos eran dejados a su suerte y el objetivo era comprobar si eran rescatados y de qué manera sucedía esto. Todo estaba monitorizado por cámaras ocultas.

La primera en ser rescatada fue la niña de 6 años, llamada Carly. Ocurrió apenas tres minutos después de haber iniciado el experimento. Una mujer se le acercó y le preguntó si estaba perdida, a lo que la niña respondió afirmativamente. La mujer dijo que “su corazón de madre” le había advertido de la situación de la niña.

A los 4 minutos, otra bondadosa mujer rescató a Charlie, el perro del experimento. Diez minutos después, otra mujer rescató a Parberry, la gata. El experimento duró en total 45 minutos y nadie en ese lapso rescató al niño de 6 años, Sam. Él estaba cerca tanto del perro como del gato, pero no le prestaron atención.

En otro experimento similar, se comprobó que las personas son amables y colaborativas con los niños que están perdidos y piden ayuda, siempre que estén bien vestidos y, en la mayoría de los casos, que sean blancos. Los niños de otra raza, o pobres, son ignorados sistemáticamente por los transeúntes.

Niño triste en el suelo

¿Qué nos dice el experimento?

La conclusión obvia del experimento del niño perdido y de los ejercicios similares es que nuestra percepción no funciona tan bien como pensamos. No estamos tan atentos ni reconocemos nuestro entorno tan claramente como imaginamos. Básicamente, nos enfocamos solo en lo que nos interesa y dejamos de prestar atención a otros estímulos.

Así mismo, cargamos con un buen número de prejuicios. En el caso del experimento de Manhattan, se asumió que los seres frágiles, que necesitaban ayuda, eran la niña y los pequeños animales. El niño fue descartado, ¿quizás por un prejuicio sexista? ¿Aunque fuera solo un niño de 6 años, su condición masculina le impedía acceder a la protección y la solidaridad?

De la misma manera, los niños de condición social humilde o de otras razas distintas a la blanca no parecen ser merecedores del principio universal de protección al más vulnerable. Se trata de una discriminación evidente. Experimentos como este deben llamarnos a la reflexión.

Del Campo, J. (1999). Multiculturalidad y conflicto: percepción y actuación. Construir la escuela intercultural. Reflexiones y propuestas para trabajar la diversidad étnica y cultural, 47-53.