El dibujo infantil y sus etapas - La Mente es Maravillosa

El dibujo infantil y sus etapas

Alejandro Sanfeliciano 27 diciembre, 2017 en Psicología educativa y del desarrollo 342 compartidos

El dibujo infantil, además de ser una actividad recreativa, es una de las formas que tienen los niños para plasmar en una hoja u otro tipo de soporte la realidad, ya sea la de su imaginación o su visión particular del mundo sobre el que pisan: sus construcciones de cómo es el mundo.

La relación existente entre las imágenes mentales del niño y sus dibujos es muy estrecha. Mientras las imágenes mentales son imitaciones interiorizadas, el dibujo es una imitación extereorizada. Así, en muchos casos investigar el desarrollo cualitativo del dibujo infantil nos permite entender, con ciertas reservas, la capacidad simbólica del niño.

Etapas del dibujo infantil

En este artículo vamos a hablar de los diversos estudios de Luquet acerca de las etapas del dibujo infantil. En ellos comenzaba por establecer que la característica principal del dibujo infantil es que es realista. Ya que los niños están más centrados en dibujar las características de la realidad que en los aspectos relativos a la belleza artística. Las etapas por las que evoluciona el dibujo infantil son: (a) realismo fortuito, (b) realismo frustrado, (c) realismo intelectual y (d) realismo visual.

Realismo fortuito

El dibujo comienza siendo una prolongación de la actividad motora que queda plasmada sobre un soporte. Por esto las primeras producciones del niño van a ser lo que conocemos como garabatos. Los garabatos son, entonces, huellas que deja el niño de sus primeras investigaciones acerca de sus movimientos. Suponen la base para las siguientes etapas.

Garabatos

Pronto empiezan los niños a encontrar semejanza entre sus dibujos y la realidad o incluso tratan de plasmarla, aunque carezcan de la habilidad suficiente como para hacerlo. Si se les pregunta qué están dibujando, puede que en un principio te digan que nada, pero en cuanto encuentren cierta analogía entre su dibujo y la realidad, van a considerarlo una representación de la misma.

Esta etapa se llama realismo fortuito, ya que la representación de la realidad surge después o mientras se realiza el dibujo. No hay intención previa de dibujar un aspecto concreto de la realidad. El parecido es casual o fortuito, pero el niño lo acoge con entusiasmo y a veces incluso, una vez vista la analogía, intenta mejorarlo.

Realismo frustrado

El niño intenta dibujar algo preciso, pero su intención se ve frustrada debido a ciertos obstáculos y no logra el resultado que pretende. El principal de ellos es el control motor, todavía no ha desarrollado la precisión suficiente para la exigencia de sus dibujos. Otro de los problemas es el carácter discontinuo y limitado de la atención infantil; al no prestar suficiente atención se le pasa por alto ciertos detalles que debe cumplir el dibujo.

Según Luquet, el aspecto más importante de esta etapa es la “incapacidad sintética”. Esta es aquella dificultad del niño de organizar, disponer y orientar los distintos elementos del dibujo. A lo hora de dibujar es muy importante la relación existente entre los elementos, ya que su organización es la que configura el dibujo. Sin embargo, los niños en esta etapa tienen problemas con esto. Por ejemplo, puede ocurrir que al dibujar caras, la boca esté por encima de los ojos.

Realismo intelectual

Una vez superados los obstáculos de la anterior etapa y la “incapacidad sintética”, nada impide al dibujo infantil ser completamente realista. Pero un aspecto curioso es que el realismo infantil no se parece al realismo del adulto. El niño no plasma la realidad como la ve, sino como sabe que es. Estamos ante un realismo intelectual.

Es posiblemente la etapa que mejor representa el dibujo infantil, y la más interesante a la hora de investigar y estudiar. A lo largo de esta etapa vamos a ver dos características esenciales que presentan los dibujos del niño: la “transparencia” y el “abatimiento”.

Dibujo del principito

Cuando hablamos de “transparencia” nos referimos a que el niño dibuja aquellas cosas que están ocultas, haciendo trasparente aquello que las opaca. Por ejemplo, dibujar un pollo dentro de un huevo o los pies dentro de las zapatillas. Y el otro proceso, el “abatimiento”, consiste en la proyección del objeto sobre el suelo, ignorando la perspectiva; un ejemplo es dibujar la fachada de una casa en vertical y el interior de las habitaciones vistas desde arriba.

Estas dos características nos muestran como los factores visuales no son los relevantes a la hora de expresar los dibujos. En cambio, el niño se fija en su representación mental e intenta plasmar lo que sabe en lo que quiere dibujar. Y por ello aparecen “errores”, como la transparencia de cosas opacas o la poca importancia por mantener la perspectiva.

Realismo visual

A partir de los ocho o nueve años, ya aparece un dibujo cercano al adulta, donde el niño dibuja la realidad tal y como la ve. Para hacer esto, el niño se atiene a dos reglas: la perspectiva y la de atenerse al modelo visual. Desaparecen por completo las características propias del realismo intelectual: eliminando los objetos no visibles, adoptando una única perspectiva y manteniendo la proporción de las dimensiones. Es decir, el niño adopta un realismo visual.

Debido a esto, los dibujos infantiles pierden ese característica propia que los definía. Y además, muchos de los niños empiezan a perder interés por el dibujo porque empiezan a tener la sensación de que su habilidad no les permite hacer dibujos que se aproximen a la realidad.

Como conclusión, es interesante mencionar que a pesar de que podemos establecer un desarrollo del dibujo en etapas, hay que ser precavidos. Ya que este desarrollo no es tan lineal como podemos imaginar, nos encontraremos con avances y retrocesos por las diferentes fases. Así, ante una tarea más difícil puede que el niño adopte la estrategia de una etapa anterior.

Alejandro Sanfeliciano

Psicólogo educativo graduado por la Universidad Nacional de Educación a Distancia y actualmente cursando un Máster de Investigación en Psicología Educativa. Luchador incansable en busca de una educación basada en la investigación científica.

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