El estrés del ama de casa

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 6 junio, 2018
Francisco Pérez · 6 junio, 2018

El estrés en sí es un tema al que podríamos dedicar cientos de páginas. No obstante, hay sectores de la población que son especialmente sensibles a sus efectos estrés. Nos referiremos, en este caso, al estrés del ama de casa.

Tal vez pensemos que el ama de casa, por ser una ocupación común y desempeñarse en el entorno del hogar, es una ocupación que no implica presión. Sin embargo, nada más lejos de la realidad, ya que las tareas que tienen que afrontar las personas que la desempeñan son varias y de mucha responsabilidad.

Al considerar como causas de estrés el trabajo intensivo, el exceso de responsabilidad, la ausencia de momentos de ocio, etc. con buena lógica colocaremos al ama de casa en un lugar destacado de las profesiones potencialmente estresantes. Y es que el ama de casa está expuesta a una gran cantidad de estresores.

El ama de casa: una supermujer con superpoderes

Podemos considerar al ama de casa como una mujer cuya actividad cotidiana primordial es la atención de su familia y el cuidado de la vivienda. Por ello, realmente hay en ella unas obligaciones que demandan un esfuerzo físico y psíquico.

Ama de casa agotada

En cuanto al esfuerzo físico, quizás que no sea de mucha intensidad. Sin embargo, sí que es continuo, con pocos descansos, lo que conlleva un gran desgaste. Su ejercicio físico como obligación (trabajo) no tiene un horario que lo delimite. Desde que se despierta hasta que se acuesta tiene el deber de estar activa para cubrir las necesidades de su familia. Desde el cuidado personal a la alimentación, casi todas las tareas dependen del ama de casa. Eso, sin entrar en aquellas familias en las que hay una persona en situación de dependencia: la responsabilidad de su cuidado suele caer sobre el ama de casa.

Al mismo tiempo, el ama de casa ha de mantener el orden y la limpieza en su vivienda. Esta actividad no finaliza nunca, pues tiene que realizarla a diario. Además, existe un agravante: el sentimiento de trabajo inútil por lo efímero de los resultados. Ordenar para desordenar después y volver a ordenar mañana.

El ama de casa realiza un esfuerzo físico de gran continuidad

Ya dijimos que el esfuerzo físico que realiza el ama de casa suele ir más en función de la continuidad que de la intensidad. Sin embargo, algunas personas podrían suponer (y no sin falta de razón) que su esfuerzo también es intenso: mover muebles, transportar bolsas cargadas, llevar a un niño en brazos…

Es cierto que el ama de casa tiene ratos de descanso. También cuenta con la noche para dormir. Pero ¿de verdad puede descansar o sabe hacerlo? El ama de casa ha de estar alerta a cualquier imprevisto diurno o nocturno, máxime si hay niños pequeños que lloran, demandan o enferman.

Todo esfuerzo físico lleva a la fatiga corporal. La fatiga corporal lleva consigo cansancio muscular y disminución de la actividad por agotamiento. El estrés del ama de casa se ve acrecentado por estos factores físicos.

El estrés del ama de casa también es fruto del esfuerzo psíquico

Tal vez se piense que las actividades del ama de casa no implican un gran trabajo para la mente. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Debe pensar en un menú, debe calcular gastos, debe resolver problemas de sus hijos, etc. Son muchos y variados los desafíos a los que se tiene que enfrentar.

Hay muchas profesiones que tienen reconocido este trabajo mental: hablemos de ingenieros, de abogados, de diseñadores de proyectos o de controladores aéreos. Sin embargo, si analizamos de manera molecular estas profesiones y la de ama de casa, nos daremos cuenta de que en los dos desempeños son importantes tareas como la planificación, la gestión de recursos o la inteligencia comunicativa.

Por otro lado, el esfuerzo psíquico lleva a la fatiga mental. Disminuye su capacidad de concentración, aparece la inestabilidad emocional, se erosiona la ilusión… Así, el estrés del ama de casa se consolida a través del esfuerzo psíquico al que está expuesta.

Ama de casa estresada

El ama de casa también tiene vida propia

Un ama de casa es, ante todo, una persona. Tiene sus conflictos, sus emociones y demás ornamentos psicológicos de la esencia humana. ¿Qué ocurriría si a esa base de estrés inherente a ser ama de casa sumásemos otros tipos de estrés (“ajenos a su condición”)?

Pensemos que en la actualidad muchas amas de casa, además de cargar con todo el peso del “hogar”, también trabajan fuera de casa. Es decir, hablamos de personas que son capaces de desempeñar dos trabajos a tiempo completo, con poca o ninguna ayuda y, en muchos casos, con menos comprensión.

Hablamos de un trabajo sordo, hecho en muchos casos por mujeres que solo ha recibido un infinitésima parte del reconocimiento que merece. Es precisamente esta sensación de ser ignoradas la que muchas veces actúa como catalizador de este estrés, disparando el sentimiento de soledad y aislamiento entre las paredes del hogar.