El éxito se construye, no se espera ni se persigue

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 6 junio, 2017
Raquel Lemos Rodríguez · 6 junio, 2017

No existe ninguna varita mágica que vaya a traer suerte y éxito a tu vida, porque este no suele llamar a las puertas sin invitación previa. Si lo quieres, vas tener que construirlo y darle forma con tus propias manos. Pero, para ello, tienes que delimitar aquello que quieres conseguir, o dicho de otra manera, hacia qué dirección el viento te sería favorable. Una vez identificado, una buena formación y una ilusión desbordante, en forma de energía, que te den la fuerza suficiente como para enfrentarte a las primeras dificultades, serán unos buenos señuelos para el éxito.

Pero no todo será un camino de rosas. El fracaso -o él o su sombra- estará esperándote en cada esquina para atemorizarte y hacerte dudar sobre si seguir adelante o dar marcha atrás. Sin embargo, esto será parte de tu escalada hacia el éxito, parte del aprendizaje. No te lo tomes como una llamada de atención para que abandones lo que con tanta ilusión empezaste. Tu esfuerzo siempre tendrá su recompensa si lo administras con paciencia e inteligencia.

“He fallado una y otra vez en mi vida, por eso he conseguido el éxito”.

-Michael Jordan-.

El primer paso es lo más difícil, pero también el más importante

Dar el primer paso es siempre una difícil decisión: es crear una inercia partiendo de una posición estática. Es como el escritor que se encuentra ante ese papel en blanco que despierta todos sus miedos. Sin embargo, una vez hemos pasado esta barrera será más fácil avanzar, llevando de la mano a nuestra gran aliada: la determinación.

Tenemos miedo a dar el primer paso porque en muchas ocasiones nuestra mente anticipa sufrimiento o fracaso. Un fracaso que quizás no llegue, pero al que nos adelantamos. Tal vez porque deseamos la inmediatez de los resultados, que el camino hacia el éxito sea lo más corto posible. Esto sí nos trasmitirá una gran frustración, pues todo llega a su tiempo.

Cuanto más lejos esté nuestro objetivo, cuanto más sepamos que tardaremos en conseguir lo que queremos, más difícil nos resultará tomar la decisión de dar ese primer paso. Pues las dudas y las preocupaciones nos abordarán. ¿Y si nos quedamos por el camino? ¿Lograremos superar todas los fracasos a los que nos tendremos que enfrentar?

Los fracasos forman parte del proceso de aprendizaje.

El “no puedo” no es una opción

Nuestra vida está llena de “no puedo”. Dos palabras que forman parte de nuestro vocabulario y que las utilizamos más de lo que deberíamos. Como bien decíamos al principio la magia no existe. El éxito no vendrá a buscarnos, a menos que nosotros salgamos en su búsqueda. Sin embargo, esto no será posible si nosotros mismos nos limitamos.

Nuestras palabras tiene un gran poder. Si yo digo “puedo”, así será. Si yo digo “no puedo”, así será. En ocasiones, todo lo negativo que nos decimos proviene de nuestro entorno. De personas que tenemos a nuestro alrededor y no confían en nosotros, de gente que constantemente insiste en lo descabelladas que son nuestras metas. Todo esto nos hace replantearnos si vamos a conseguir lo que queremos, si seremos capaces.

Ante todo esto solo hay una solución. Hacer oídos sordos a todas esas palabras que los demás nos dirigen y que no hacen más que frenarnos en el camino hacia nuestro éxito y responderles a todas esas personas con una amplia sonrisa. Sabemos mejor que nadie lo que somos capaces de conseguir y hacer. Nadie tiene por qué hacernos dudar de nosotros mismos.

Hombre pensando en el éxito

Plantearse objetivos que vayan a poder realizarse

La mejor manera de gestionar ese fracaso al que tanto tememos es plantearnos, con antelación, objetivos que sepamos que vamos a ser capaces de llevar a cabo. No hace falta que sean muy grandes. Lo más importante es que sea posible que den resultados a corto plazo. De esta manera mantendremos los pies en la tierra, algo indispensable para poder alcanzar el éxito.

¿Quiere esto decir que tenemos límites? No, lo que quiere decir es que tenemos que ser realistas. Porque, en ocasiones, nuestras ilusiones y sueños nos juegan una mala pasada y nuestras expectativas se disparan haciéndonos perder la perspectiva.

Dando pequeños pasos seguros, sin perder la paciencia, sin anhelar llegar a la meta cuando todavía no nos hemos puesto en marcha nos preparará para resolver cualquier problema que se presente. Así, cuando menos lo esperemos, empezaremos a visualizar en la realidad aquello que teníamos en mente. Rara vez será exactamente igual, porque el camino deja su huella, normalmente para bien.

“Quizás aún no he llegado a mi meta, pero estoy más cerca de lo que estaba ayer”.

-Anónimo-.

Si nos quedamos a esperar al éxito mal, si lo perseguimos sin mesura todavía peor. Para que todo llegue a buen término es imprescindible construirlo día a día, seguros, sin perder la perspectiva y, sobre todo, si el reto lo merece, dándolo todo. Es todo un reto ponerse en marcha, pero lo es más mantenerse en el camino a pesar de los problemas y las dificultades que se nos presentarán. Eso sí, todo esto forma parte del proceso. ¿A qué esperas para empezar a construir tu éxito?