La edad arruga la piel, pero no la ilusión - La Mente es Maravillosa

La edad arruga la piel, pero no la ilusión

Cristina Medina Gomez 2 septiembre, 2016 en Emociones 6366 compartidos

Una de las principales señales por las que solemos medir la edad de una persona es por su apariencia: la forma de vestir, su peinado, sus arrugas… Y, sin embargo, a veces nos sorprende encontrar a alguien cuya vitalidad e ilusión no sabemos encajar con sus años.

Existen personas con una energía y una ilusión que supera cualquier expectativa inicial y que muestran unas ganas de vivir que otras con menor edad ya quisieran.

La edad se mide en ilusión

Nadie se escapa a los complejos que la edad acapara sobre todo en la piel: el cuerpo cada vez aguanta menos, el cansancio es mayor, etc. En muchas ocasiones el tiempo pasa sin que nos demos cuenta y, al reaccionar, quizá vemos que no hemos hecho todo aquello que llevábamos años planeando.

Mujeres felices

De repente pasamos de los 15 a los 23 de un plumazo, y lo mismo a los 30 y a los 40 y a los 50… Por eso siempre es el momento de tener ilusión por los proyectos que vamos dejando a medias o los sitios que aún no hemos visitado. Nunca es tarde: mientras haya ganas, habrá posibilidad.

Si crees que con 40 años y algunas arrugas en tu rostro ya no merece la pena seguir ilusionándote, te equivocas. Has dado los pasos suficientes para componer tu vida y has guiado a los tuyos a empezar de componer la suya: ahora te toca seguir siendo joven de espíritu, con tus años. 

La edad: una cuestión de perspectiva

La edad, además de física, también es una cuestión de perspectiva: es bueno no centrarse en lo débiles que vamos haciéndonos, sino en la energía que nos queda por gastar hasta que ya no nos quede.

Puede que las arrugas muestren esa edad física de la que hablamos, pero la edad mental permite que sigamos disfrutando de todas las oportunidades que tengamos a nuestro alcance. De hecho, ¿no es cierto que nunca dejamos de aprender? Uno nunca es viejo mientras su día a día le siga enseñando: de sus hijos, de sus nietos, de sus amigos, de lo que siente.

En lugar de estancarse en lo que se ha vivido es estupendo mirar cómo poder aplicar esas experiencias a otras nuevas que estén a punto de llegar. Las arrugas, en definitiva, son las dos cara de una misma moneda: nos hacemos mayores en la superficie, hemos vivido más para saber ser libres de complejos.

Ojos de una persona mayor

Cada día es nuevo, vívelo con ganas

Cada día que empieza es un folio con algunas indicaciones, pero en el que lo esencial está por escribir. Un blanco que puede reflejar, tengamos la edad que tengamos, siempre experiencias nuevas y emocionantes. Unos planes que tendrán el poder de darle valor a los nuevos recuerdos, esos que serán el mejor bastón para sostenernos cuando las fuerzas de nuestras piernas fallen y queramos ayudar a los que, como quien dice, acaban de nacer.

No perder ese ímpetu es muchas veces una inspiración también para aquellos que nos rodean: en nuestros hijos o nietos tenemos mucha más influencia de la que pensamos. De vez en cuando demostremos que la edad puede ser una mera cuestión de actitud.

Sin olvidar que hemos crecido y que hay aspectos de la naturaleza humana que no podemos omitir, una actitud vitalista nos motiva para no rendirnos ante la adversidad. Aunque muchas cosas nos maltraten y las arrugas marquen las vivencias, seamos eternamente jóvenes en ilusión. 

Cristina Medina Gomez

Teóricamente filóloga y esencialmente humana, por lo que siempre busco encontrar en las palabras la manera de conocerme y, por qué no, de conocernos: a veces escribir no es brindar belleza, es hallar moldes emocionales que nos unan a los demás.

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