El gran reto de desconectar en la era de las nuevas tecnologías

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Adriana Díez
· 3 mayo, 2019
Con todas las cosas positivas que las nuevas tecnologías han traído consigo, y especialmente el poder conectar a las personas entre sí, si el uso que se hace de ellas es abusivo pueden resultar perjudiciales, y es entonces cuando es necesario saber cuándo y cómo desconectar de ellas.

¿Podemos realmente desconectar con los teléfonos u ordenadores cerca? ¿Somos capaces de poner en modo avión nuestro tiempo y apartarnos de las nuevas tecnologías? ¿Es sano estar el 100% de nuestro tiempo disponible para todo aquel que pueda solicitarlo? Como con casi todo lo que nos rodea, en su justa medida, las nuevas tecnologías son una innovación que nos ofrecen un mundo de posibilidades, pero, ¿qué sucede cuando cruzamos la línea?

En la actualidad, estar siempre disponible a un solo clic -ya sea por email, redes sociales o una llamada- se considera como un rasgo distintivo de una persona solidaria, trabajadora, generosa o incluso de una pareja ideal. Lo cierto es que aunque estar ahí para los demás es importante, no podemos olvidarnos de nosotros.

La vida a través de las pantallas no siempre es lo mismo que la vida real; es un teatro, un escenario artificial y, por ello, saber cuándo desconectar y llevarlo a cabo es lo que nos puede permitir distinguir entre una y otra.

Mandar un e-mail a tus empleados y que contesten al momento, sea la hora que sea, puede no ser sano. Saber qué hace a cada minuto tu pareja o tus hijos, puede no ser sano. Pretender que un amigo te responda al instante porque te encuentras mal, puede no ser sano. ¿Lo habías pensado?

Todos tenemos derecho a nuestro tiempo, a nuestra vida y a nuestra intimidad. Merecemos por ello más de un momento fuera de línea, fuera de red… Merecemos desconectar, cerrar los ojos y respirar.

Persona con un móvil

¿Qué pasa entonces si desconectamos?

Para algunas personas es negativo que no estemos disponibles todo el tiempo, pero que no lo comprendan no implica que sea así. No podemos estar cada segundo pendientes del teléfono, el email o cualquier red social.

La realidad de las cosas puede ser diferente a la realidad que se nos muestra en el mundo digital: no es más feliz quien más publica, no viaja más quien más fotos sube a la nube, ni tampoco es mejor quien responde al instante.

Una manera sana de acercarse a las nuevas tecnologías es utilizarlas para el provecho personal y no al revés. No nos convirtamos en esclavos de su uso. Cada uno de nosotros es libre para decidir cuándo y cómo utilizarlas, para elegir qué publicar y en qué momento, pero sobre todo para contestar cualquier mensaje. Además, cualquier persona que nos aprecie, también valorará nuestra vida privada y nuestro tiempo libre.

Internet y en general la nueva era tecnológica nos ofrecen la posibilidad de responsabilizarnos del uso que hacemos de las tecnologías y de cómo educamos a los más pequeños a través del ejemplo. El problema es que todas las posibilidades que nos acercan a los demás pueden también atraparnos y esclavizarnos al mundo digital.

Nuevas tecnologías, nuevas formas de vida

En muchas ocasiones, las nuevas tecnologías suponen una nueva forma de relacionarse e incluso de vivir la vida. Ahora bien, a esta realidad, no nos queda más remedio que adaptarnos.

Por ejemplo, si queremos alejar a alguien de nuestras vidas, tenemos posiblemente que bloquear a esa persona en redes sociales, borrar su número, restringir sus llamadas, etc. Igual que si queremos conocer a alguien nuevo: estamos a un clic sobre su nombre de saber mucho, quizá más de lo que la persona querría.

Así, es nuestra obligación saber hasta dónde queremos llegar con las redes, hasta dónde podemos dar información y hasta cuándo queremos compartir nuestro tiempo. Una vez que tengamos esto claro, estaremos preparados para hacer un uso sano de las nuevas tecnologías, sin dejar que nos invadan y se hagan dueñas de nosotros.

A veces, parece mentira que antes se pudiese vivir sin teléfono o que se esperasen semanas hasta recibir una carta de alguien lejano.

Amigas dándose un abrazo

Ahora tenemos la oportunidad de disfrutar de quienes están más lejos conectándonos al instante, de tener toda la información que deseemos a un solo clic; pero aun con todo, el tiempo empleado en el mundo virtual no es comparable al que dediquemos a una mirada, un abrazo, una conversación o, en definitiva, al contacto real.

Las nuevas tecnologías pueden ser un arma de doble filo; en tu mano está decidir cuándo apagar y salir a vivir. ¿Te atreves a desconectar?