El malestar en la cultura

21 septiembre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la filósofa Laura Llorente
El malestar de la cultura es una de las obras más filosóficas de Freud que trata el antagonismo entre las necesidades pulsionales del ser humano y las restricciones que la cultura les impone.

Freud fue un gran seguidor de Nietzsche y de su teoría sobre que el hombre en estado puro es aquel que sigue los preceptos de lo dionisíaco; aquel que se deja llevar por sus instintos más primarios. Las pulsiones más fuertes del hombre, según el psicoanálisis, son la pulsión sexual (eros) y la pulsión de muerte (thanatos).

Freud retoma la concepción nietzscheana del hombre dionisíaco y construye su obra más filosófica en 1930, El malestar en la cultura. Esta obra fue concebida en tiempos difíciles y convulsos; tres años después sería el fin de la República de Weimar y Hitler se alzaría con el poder. Sin duda, no eran tiempos para el optimismo.

Mujer con la mano en la frente con depresión

El malestar en la cultura

El tema principal de El malestar en la cultura es el antagonismo existente entre las necesidades pulsionales del ser humano y las restricciones que la cultura les impone.

La contradicción entre cultura y pulsiones radica en que la cultura intenta instaurar sociedades pacíficas restringiendo la satisfacción de las pulsiones sexuales y agresivas. Precisamente por estas restricciones, dichas pulsiones terminarían transformándose en sentimiento de culpa.

“…el sentimiento de culpa es el problema más importante del desarrollo cultural, y mostrar que el precio del progreso cultural debe pagarse con el déficit de dicha provocado por la elevación del sentimiento de culpa”.

-El malestar en la cultura. Capítulo VIII. Pág. 130-

El hombre mutilado por la cultura

Para Freud, la cultura solo puede realizarse en plenitud cuando sofoca los instintos más primarios del hombre. La cultura vive en perpetuo malestar porque la única manera de que exista es que el hombre se reprima; que mutile esa parte animal que haría de él aquella bestia libre y feroz que Nietzsche admiraba.

El dionisismo nietzscheano se encuentra maniatado por las reglas que marca la cultura, reglas que sirven para que podamos convivir en supuesta “armonía”.

El ser humano cultural es neurótico

La consecuencia de todas estas represiones que la cultura impone son psicológicamente graves: el ser humano entra en estado de neurosis, enferma de pura represión.

El sentimiento de culpa no solo reprime los instintos, sino que los castiga desde dentro y convierte al hombre en un ser pusilánime y maleable.

Las pulsiones contra el cogito cartesiano

Para Sigmund Freud, el cogito cartesiano hecho razón ha dado como fruto una sociedad burguesa que reprime los instintos/pulsiones del hombre, convirtiéndole en un enfermo. El hombre no puede desarrollarse completamente, no puede sentirse pleno, libre y vital.

La vida gris de la cultura, la rutina marcada por un mundo en el que haya una eterna tregua entre las pulsiones de unos y otros nos relegaría a una vida gris. Si los hombres librados se matan entre sí, es lógico que parezca necesaria la imposición de una cultura para que puedan convivir en paz. Es así como la cultura genera seres humanos enfermos.

Muro com sombras de personas

El amor y el odio en el malestar de la cultura

Freud admite que es difícil aceptar que el hombre tenga esta predisposición instintiva a la vitalidad a la vez que tiene esa pulsión de muerte y destrucción, pero la supresión de este instinto sería la verdadera causa de la necesidad de restricciones en la sociedad. La vida y la civilización nacen y se desarrollan a partir de la lucha entre estas dos fuerzas interpersonales de amor y odio.

El ser humano necesita someterse a la civilización e intentar desprenderse de sus instintos a cambio de un poco de seguridad, como ya había expuesto Hobbes años antes.

En El malestar en la cultura y en Moisés y la religión monoteísta, Freud explica la tendencia natural a la maldad y la crueldad que proviene del odio primordial y que tiene consecuencias sociales desastrosas. El hombre satisface sus aspiraciones eludiendo las leyes y los derechos humanos. Explota humillando, martirizando, matando y se apropia de los bienes de otros; pero como debe renunciar a satisfacer plenamente esta agresividad en la sociedad, recupera una cierta sensación de control en los conflictos tribales o nacionales.

«El hombre intenta satisfacer su necesidad de agresión a expensas de su prójimo». (Es menester de todos modos darle un sentido a las palabras). De explotar su trabajo sin compensación, de utilizarlo sexualmente sin su consentimiento, de apropiarse sus bienes, de humillarlo, de infligirle sufrimientos, de martirizarlo y matarlo».

-El malestar en la cultura-