Neurosis, la prisión de la inestabilidad emocional

3 marzo, 2018
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater

La neurosis define un cuadro clínico caracterizado por la inestabilidad emocional, la tendencia a la depresión, una elevada ansiedad así como una excesiva rumiación y sentimientos de culpabilidad entre otros síntomas. Las personas con neuroticismo son fábricas de preocupación continua, perfiles muy susceptibles que sin embargo, pueden responder muy bien a las terapias psicológicas.

Es muy posible que a muchos, el término neurosis les traiga reminiscencias de un pasado, de esos días en que Sigmund Freud centraba parte de sus trabajos en la psiconeurosis. Estamos ante una dimensión psicológica muy clásica, acuñada en 1769 por el médico escocés William Cullen, ahí donde se intentaba clasificar bajo una misma etiqueta todos esos trastornos que distorsionaban lo que se consideraba como pensamiento racional.

La neurosis o neuroticismo es una tendencia psicológica caracterizada por una mala la gestión emocional y una clara dificultad para mantener el control.

En la actualidad la psicología ha sustituido el concepto de neurosis por otra nomenclatura. Así, en la anterior edición del DSM-5 el neuroticismo venía ya desglosado en toda una serie de trastornos, aspectos clínicos que por lo general, suelen aquejar a estos pacientes, como pueden ser por ejemplo los trastornos somatoformes, trastornos de ansiedad, depresivos, disociativos, etc.

rostro fragmentado representando la Neurosis

La neurosis a lo largo de la historia

A día de hoy tenemos varios mecanismos para comprender mucho más el rasgo del neuroticismo y ofrecer así un enfoque terapéutico adecuado a cada persona. Sin embargo, hace unos años la neurosis era poco más que un «cajón desastre», ahí donde quedaba integrada toda persona que mostrara casi cualquier alteración psicológica, por pequeña que fuera.

Hipócrates, en su momento, ya asentó las bases de esta condición cuando nos hablaba del temperamento melancólico. Eran, según él, personas con «los fluidos corporales» crónicamente perturbados. De algún modo, y durante miles de años se ha considerado que aquellos perfiles comportamentales más ansiosos, nerviosos, con tendencia a la depresión o la preocupación excesiva, son personas condenadas no solo a no tener control alguno sobre su vida, sino también a sabotear la de los demás.

La palabra neurótico tiene de por sí una designación negativa, y eso es algo que debemos corregir. Por ello, los profesionales de la salud mental se vieron en la obligación de desterrar el término neurosis, para generar un enfoque terapéutico (y también social) más amplio, lógico e integrativo como respuesta a una condición que por sí misma es manejable.

Características de la neurosis

El neuroticismo entra dentro de un espectro. Es decir, habrá quien tenga una puntuación más alta en esta dimensión psicológica y quien por su parte, presente solo unos pocos rasgos. Así, y aunque la mayoría tengamos la idea de que la neurosis es básicamente inestabilidad emocional, cabe decir que esconde raíces más complejas a la vez que interesantes.

mujer que padece Neurosis

Para comprender un poco más esta condición psicológica, podemos hacer referencia a una curiosa historia que Paul Watzlawick explicaba al respecto de la neurosis con la historia del martillo. Imaginemos por ejemplo que nuestro vecino necesita un martillo para colgar un cuadro y quiere pedírnoslo. Sin embargo, el buen hombre es algo pesimista, y empieza a pensar que no se lo vamos a dejar e imagina no una, sino decenas de situaciones cada vez más enrevesadas donde la respuesta siempre es la misma, una negativa.

Al final, acaba acumulando tanta frustración y enfado, que llega hasta nuestra puerta para decirnos, sencillamente, «que podemos quedarnos para nosotros el puñetero martillo».  Queda claro que ante este comportamiento quedaremos sin palabras y hasta medio asustados. Sin embargo, antes de llegar a la conclusión de que nuestro vecino «no está bien», es necesario ser un poco más cercanos hacia esta realidad. Veamos algunas características.       

  • Son perfiles caracterizados por un elevado negativismo, por pensamientos catastróficos.
  • Sensación continua de tristeza e indefensión.         
  • Fobias.
  • Susceptibilidad.
  • Ansiedad.
  • Apatía, cansancio frecuente.
  • Altibajos emocionales.
  • Épocas de aislamiento social.
  • Relaciones afectivas y familiares complejas, la convivencia con las personas «neuróticas» suele ser muy complicada.
  • A menudo, el neuroticismo se confunde con trastornos obsesivos-compulsivos.
  • Insomnio.
  • Trastornos de somatización (dolores musculares, afecciones de la piel…)   

¿Cómo se trata la neurosis?

Lo primero que deberíamos tener en cuenta sobre la neurosis es que de algún modo, todos nosotros podemos presentar en algún momento conductas caracterizadas por la preocupación excesiva, la rumiación, la susceptibilidad… Según cuentan los historiadores, personajes como Newton o Charles Darwin, eran perfiles altamente sensibles, inestables, malhumorados y siempre preocupados. Sin embargo, había en ellos algo genial, algo que les permitió encauzar toda ese energía mental por buen camino.

Por tanto, antes de ver la neurosis como algo puramente patólogico, debemos entender que basta con ofrecer herramientas a la persona para que maneje mucho mejor sus universos emocionales para ver adecuados cambios. El auténtico problema con el antes denominado perfil neurótico es que tengamos ante nosotros a un paciente incapaz de afrontar su día a día, alguien atrapado por sus miedos y preocupaciones en la soledad de su casa sin atreverse a relacionarse, a trabajar, a llevar una vida funcional.

Psicóloga tratando a un profesional sanitario

La neurosis se trata con psicoterapia, siendo la cognitiva-conductual una de las más recomendables. Así, tal y como venimos señalando, la respuesta a este tipo de tratamientos psicológicos suelen ser muy efectivo. En el momento en que la persona logra recuperar las riendas de sus emociones aplicando adecuadas técnicas de gestión, la mayoría de características antes señaladas pierden intensidad hasta desaparecer.

Será importante tener en cuenta cómo ha sido el historial de vida y aprendizaje de la persona. De esta forma, se podrán ver los orígenes del problema y elaborar una solución enfocado en el caso en particular. Por lo general, con terapia psicológica este tipo de pacientes mejoran. Aunque dependendiendo del nivel de gravedad podría ser necesario el apoyo de tratamiento farmacológico.

Psicoterapia y farmacología

A través de la terapia psicológica, podemos comenzar a cambiar los pensamientos erróneos del paciente. Sus cogniciones erróneas sobre lo que ocurre a su al rededor es lo que le provoca ese gran sufrimiento. Por lo que tratar ese tipo de interpretación desvirtuada de la realidad y de sí mismo le ayudará a mejorar su calidad de vida.

En cuanto a la farmacología, el objetivo fundamental es menguar los síntomas más agudos. Cuando el sufrimiento es tal que la persona no puede hacer frente y le incapacita tanto que no puede llevar un día a día con normalidad, la farmacología puede ayudar en esos primeros momentos. Algunos síntomas pueden actuar como potenciadores en sí de las mismas interpretaciones neuróticas, así pues, los fármacos podrían representar un «stop» a esas elucubraciones.

 El tratamiento, psicológico y/o psiquiático, no debe ir destinado a eliminar los síntomas más graves. Sino que se debe tener en cuenta a la persona en su totalidad e intentar mejorar su estructura mental para que repercuta positivamente en su calidad de vida.