El mapa de las emociones humanas

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 9 febrero, 2018
Valeria Sabater · 16 enero, 2014

Investigadores de la Universidad de Aalto de Finlandia han desarrollado un interesante estudio sobre las emociones humanas, que nos desvela una interesante formulación que en cierto modo, todos intuíamos ya.

¿Quién no ha experimentado nunca esa sensación de rabia instalada en nuestro estómago como un nudo doloroso? ¿O ese miedo que hace palpitar nuestro corazón hasta dejarnos sin aliento?  

Lo interesante sin duda es saber que todo sentimiento, toda emoción, parece tener una correlación biológica, es decir, una parte localizada en nuestro cuerpo: la envidia, la tristeza, la rabia, el amor, la ansiedad… Veámoslo.

El cuerpo y las emociones

Todos hemos dicho sentirlo alguna vez: mariposas en el estómago, tener el corazón roto, quedarnos fríos son expresiones populares que en cierto modo establecen una asociación entre los estados mentales y la sensación corporal.

Mujer pensando en sus emociones

Según los científicos las emociones tienen como finalidad ayudarnos a afrontar determinadas situaciones de nuestro entorno. Así por ejemplo, ante una desilusión, ante una decepción o una pérdida, nuestro cerebro liberará una serie de neurotransmisores que nos transmitirán la conocida sensación de tristeza…

Esta sensación es algo que nos va a obligar a quedarnos un poco apartados para buscar el recogimiento en nosotros mismos y valorar el porqué ha ocurrido y obtener estrategias de superación y afrontamiento.

 

Las sensaciones, a su vez, tienen correlación en nuestro cuerpo, ajustando esa unión entre el cuerpo y la mente preparándonos para poder reaccionar. Por otro lado, la ansiedad agita nuestros órganos, acelera nuestro corazón, nos prepara en esencia para el movimiento y para buscar respuesta.

La atracción o incluso el amor, nos ofrecen una sensación de bienestar físico que el cerebro juzga como agradable, es algo beneficioso y por lo tanto el cuerpo se encuentra bien.

Los científicos de la Universidad Aalto de Finlandia, descubrieron que las sensaciones más comunes del ser humano: rabia, tristeza, felicidad, miedo…etc, suelen desencadenar las sensaciones corporales más fuertes. 

Todos los sabemos: ese dolor o presión en el pecho, rigidez muscular, vacíos en el estómago… Además, señalan que estos correlatos físicos son universales en todas las culturas, hasta en las asiáticas, de las que se suele pensar que son más fríos o diferentes a la hora se experimentar emociones.

Mismas emociones, expresiones diferentes

Chica pensando en sus emociones

Hay una cosa que queda clara: todos sentimos las emociones de igual modo, pero las expresamos de forma diferente. Ahí entran en juego los patrones de personalidad de cada uno y las diferencias culturales. Pero todos sentimos la decepción en los mismos órganos y la felicidad alborota de igual modo nuestro corazón.

Los estudios llevados a cabo por este equipo de científicos, están basados en el análisis de más de 700 personas que se dedicaron a señalar aquellas partes del cuerpo que sentían con más intensidad a la hora de experimentar una emoción.

 

Los resultados demostraron que todos habían señalado las mismas zonas, e incluso los habían identificado con ciertos colores, podemos verlo en la ilustración de este artículo: ira, miedo, disgusto, felicidad, tristeza, sorpresa, neutralidad, ansiedad, amor, depresión, desprecio, orgullo, vergüenza y envidia.

Llama la atención que emociones como la felicidad y el amor irradian la totalidad del cuerpo, mientras que la envidia, por ejemplo, afecta a una parte muy puntual, mucho menos general.

Sea como sea, el mapa de las emociones viene a ilustrarnos algo que seguramente ya sabíamos. A pesar de que en ocasiones creamos que los seres humanos somos infinitamente complejos e indescifrables, todos sabemos qué es la decepción y cómo se siente la alegría…

Las emociones positivas nos enriquecen y las negativas nos causan daño y hasta pueden ser origen de enfermedades. Tal vez, lo que nos enseñan estos estudios es que no importan sexos o culturas, todos compartimos el mismo mapa emocional.

El siguiente paso pues es tenerlo en cuenta para comprender que nuestros actos pueden hacer felices o infelices a los demás, desarrollando así la comprensión por las emociones ajenas e implementando este conocimiento en nuestro mapa emocional.