El mito de Fobos y el origen del pánico

Edith Sánchez · 25 noviembre, 2019
Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas el 25 noviembre, 2019
En el mito de Fobos se representa el impulso básico del miedo: la huida. De este personaje griego se tomó la raíz etimológica para nombrar todas las formas de “fobia”. Lo que hay en las fobias es precisamente esa forma de miedo que incita a escapar.

El mito de Fobos tiene origen griego y nos habla de un personaje que sirvió de base para nombrar las fobias y todas sus ramificaciones. Hay varios elementos interesantes en este mito. El primero de ellos es el propio origen de este personaje que, curiosamente, era hijo de Ares y Afrodita, dioses de la guerra y de la belleza respectivamente.

Ares era un dios mayor, con grandes atributos como la valentía, una gran fortaleza y un sentido de protección muy elevado. Se le consideraba el defensor del Olimpo, de los débiles, los rebeldes y los indefensos. Aun así, no era una deidad muy apreciada dentro de los griegos, pues también se le consideraba pendenciero e instigador del caos.

A su vez, el mito de Fobos dice que su madre era Afrodita. Ella era en realidad la esposa del dios del fuego, Hefesto, pero lo engañó porque Ares le robó el corazón. De su unión pecaminosa nació Fobos, el cual personifica el miedo que lleva a huir.

Quien tiene miedo tiene desgracia”.

-Proverbio Kurdo-

Mujer corriendo mirando hacia atrás

El mito de Fobos y sus orígenes

La unión entre Ares y Afrodita, la guerra y la belleza, también dio otros frutos. El mito de Fobos nos dice que sus hermanos eran Deimos, el dios del terror, que trabajaba siempre al lado de Fobos. También Eros, el dios del amor; Anteros, o la representación del amor no correspondido; e Hímero, que se consideraba la representación de la lujuria.

A su vez, Fobos tenía dos hermanas: una era Adestria, la diosa que dirigía las revueltas para dar lugar a una justa retribución y equilibrar el bien y el mal. De otro lado estaba Harmonía, la diosa de la concordia, que siempre trataba de sembrar la paz entre dioses y humanos.

Es muy llamativo que los griegos hayan establecido un nexo tan estrecho entre la guerra, lo bello y lo sexual, como lo muestra el mito de Fobos. También que hayan visualizado esa unión como algo subrepticio, de lo cual nacen tanto verdaderas calamidades, como el terror, así como maravillosas virtudes, como la concordia.

Las acciones de Fobos

Siempre que Ares iba a la guerra se hacía acompañar de su hermana, que también era aparentemente su amante, Enio. Esta era una diosa griega a la que se le daba el calificativo de “destructora de ciudades”. Generalmente portaba armas y casi siempre se le veía cubierta de sangre.

Así mismo, Ares se hacía acompañar por Fobos que, como ya se dijo, representaba al miedo que conduce a la huida. Los tres siempre estaban presentes en cada batalla. Cuando Fobos se presentaba, los combatientes se llenaban de pánico y ya no podían coordinar sus ideas racionalmente. Por eso huían sin control.

Al final, quien completaba la misión era Deimos, el hermano de Fobos. Este, que era la representación misma del terror, se le presentaba a los combatientes que habían huido, asustados por Fobos. Cuando estos veían a Deimos, se llenaban de horror y quedaban completamente paralizados. De este modo, los griegos mostraban las diferentes caras del miedo.

Chica con miedo por nosofobia

Fobos y su efecto

El mito de Fobos señala que a este se le representaba con una cabeza de león que miraba hacia atrás. Tenía su boca llena de varias filas de dientes que resultaban muy atemorizantes. La sola presencia de esos dientes desalentaba a los contendores en batalla. También se señalaba que Fobos siempre estaba ansioso de meterse entre las filas de los guerreros.

Tanto Fobos como su hermano Deimos eran los encargados de conducir y halar el carro de guerra de su padre. La mitología griega dice que este avanzaba gracias a la fuerza de tres sementales, cada uno con una llama distinta. Estos eran Aiton, que lanzaba un fuego rojo; Plagio, que expedía una fuerte flama; y Konabos, que causaba tumultos con su sola presencia.

Los hombres de guerra le rendían culto a Fobos, pero este no era apreciado dentro de los hombres de bien. Se le describía como un dios menor que era terrible y cuya función era la de sembrar desorden, dentro del caos mismo de la guerra. También se señalaba que hacía de los conflictos unas confrontaciones insensibles y crueles.

Se cuenta que Alejandro Magno le rindió toda una serie de sacrificios a Fobos antes de la famosa Batalla de Gaugamela. Iba a enfrentarse a Dario III, rey de Persia. Cuando Darío se enteró de que esos rituales habían sido llevados a cabo, huyó del campo de batalla. La guerra psicológica había funcionado.

Robledo, E. T. (1997). El retorno de los mitos: Mitología y literatura. Transferencia didáctica. Didáctica, 9, 279-310.