El mito de Himeneo, el dios griego del matrimonio

Edith Sánchez·
12 Junio, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González al
12 Junio, 2020
El mito de Himeneo es uno de los más románticos de la mitología griega y, a diferencia de otros, no narra la urdimbre de una tragedia, sino que más bien habla de la decidida lucha de los enamorados por consagrar su amor.
 

El mito de Himeneo se encuentra estrechamente relacionado con el matrimonio. No es claro si la palabra “himen”, que corresponde a la membrana presente en el orificio vaginal de las mujeres vírgenes, proviene del nombre de este dios o si el nombre del dios se creó con base en esa palabra. Lo más probable es que haya ocurrido esto último.

Como suele suceder en la mitología griega, hay varias versiones del mito de Himeneo. Una de ellas señala que este dios menor era hijo de Dioniso, dios del vino y la fertilidad, y de Afrodita, diosa del sexo y la belleza. Otra versión afirma que era hijo de Apolo, dios de la belleza y la música, y de una de las musas, probablemente Calíope, musa de la poesía épica y de la elocuencia.

Hay una tercera versión sobre el origen del mito de Himeneo. En esta nuestro personaje no es un dios, al menos en principio, sino un mortal, hijo de Magnes. En las tres versiones se dice que era un joven de belleza extraordinaria. Sin embargo, en esta particularmente se señala que era tan bien parecido, que Apolo se enamoró de él y ya nunca abandonó la casa en donde vivía el muchacho.

 

El matrimonio es la principal causa de divorcio”.

-Groucho Marx-

Atenas

El mito de Himeneo

La leyenda central del mito de Himeneo parte de la idea de que este era un mortal. De hecho, era un joven de extraordinaria belleza, pero de muy baja alcurnia. Tuvo la mala fortuna de enamorarse de la hija de uno de los hombres más ricos de Atenas y esto significaba un amor imposible, ya que su procedencia humilde descartaba cualquier posibilidad de un matrimonio con la chica.

Su embelesamiento le llevó a seguir a la chica a todas partes, sin que ella lo notara. Allí donde fuera ella, ahí estaba él, admirándola. Como siempre estaba cerca, también podía escuchar sus conversaciones. Así se enteró de que ella, junto con otras mujeres, iba a hacer una procesión hasta Eleusis, para ofrecer un sacrificio a Deméter, diosa griega de la agricultura.

 

Cuenta el mito de Himeneo que el joven vio allí una oportunidad para acercarse a la joven. Decidió entonces disfrazarse de mujer y unirse a la procesión, pues en la misma no se aceptaba la presencia de los hombres. Era tal la belleza de Himeneo, que fácilmente fue confundido con otra mujer y se embarcó sin problema.

Una oportunidad que aprovechó

El barco partió con la procesión, pero al poco tiempo fueron interceptados por unos piratas. Ellos tomaron posesión de la embarcación y de las mujeres que iban allí. Dirigieron la nave hasta un lugar desierto de la costa. Al llegar, estaban cansados y por eso decidieron acostarse a dormir. Himeneo estaba atento y vio esto como una oportunidad.

El joven descubrió su identidad frente a las chicas que lo acompañaban y las organizó. Entre todos atacaron a los piratas y lograron reducirlos y luego matarlos a todos. Por entonces, la mujer a quien amaba también se había enamorado de él.

Himeneo dirigió la embarcación y dejó a las chicas en un lugar seguro. Luego, fue a Atenas y contó lo sucedido. Anunció que solo devolvería a todas las mujeres si a cambio le concedían en matrimonio a la mujer que amaba. Los atenienses aceptaron su petición de buena gana y, tal como lo habían acordado, comenzaron los preparativos del matrimonio.

 
Cupido e Himeneo
Cupido soplando la antorcha de Himeneo, escultura de George Rennie

Un mito que se convirtió en tradición

Cuenta el mito de Himeneo que la boda se preparó con el mayor esmero. Tanto él como la mujer estaban profundamente enamorados para entonces y todos los atenienses celebraban que así fuera. El día de la boda, una vez que concluyó la ceremonia, súbitamente Himeneo cayó al piso. Había muerto.

De inmediato, tanto el muerto como la mujer comenzaron a emitir sentidos lamentos. Ambos renegaban de su suerte y rogaban a los dioses para que no les quitaran la felicidad. Uno de los invitados a la boda fue Asclepio, dios de la medicina y de la curación. Conmovido por el llanto de la pareja, decidió intervenir y logró resucitar a Himeneo.

Desde entonces, se le encomendó la tarea de asistir a todas las bodas. Si no lo hacía, esto se consideraba un augurio de desdicha para la pareja que se casara. Por eso los griegos, cada vez que se celebraba una boda, gritaban “¡Himeneo! ¡Himeneo!” Era una forma de lograr que se hiciera presente y así llenara de buena suerte la unión.

 
Valbuena, A. I. F. (1999). El mito del himeneo celeste en la ópera romántica italiana. In Amor y Erotismo en la Literatura: Congreso Internacional Amor y Erotismo en la Literatura (pp. 313-322). Caja Duero.