El mito de las sirenas y su canto mágico

Edith Sánchez·
19 Junio, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas al
19 Junio, 2020
El mito de las sirenas habla de unas criaturas que poseen el don de la música y pueden cantar de manera tan hermosa que quiebran la voluntad de los hombres. Sin embargo, su canto los lleva a la muerte. Por eso, actualmente a los engaños fatales se les llama “cantos de sirenas”.
 

El mito de las sirenas es uno de los más antiguos y también uno de los más versionados, formando parte de distintas mitologías del planeta. Distintos relatos que aparecen representados en objetos muy antiguos, incluso previos al surgimiento y consolidación de las fábulas griegas.

En origen, el mito de las sirenas representaba a estas criaturas como tres entidades en una. Eran peces de la cintura para abajo, aves en el torso y tenían cabeza de mujer, casi siempre con largas cabelleras. Poco a poco se simplificó esa apariencia y terminaron graficándose con la mitad del cuerpo de mujer y la mitad de pez.

Se cree que en principio representaban las almas de los difuntos o los seres que conducían las almas de estos hasta el inframundo. Es último papel fue asumido más tarde por el dios Hermes. Sin embargo, ellas conservaron su vínculo con el mundo de los muertos y por eso el mito de las sirenas aparece asociado con la muerte y el misterio.

Ten cuidado con tus sueños; son la sirena de las almas. Ellas cantan, nos llaman, las seguimos y jamás retornamos”.

-Gustave Flaubert-

 
Sirena

El origen del mito de las sirenas

Hay varias versiones sobre el origen del mito de las sirenas. Una de ellas dice que eran hijas de Melpómene, que inicialmente era la musa del canto y de la música, pero finalmente se convirtió en la musa de la tragedia; y de Aqueloo, que era dios del río con el mismo nombre.

Hay un episodio de la mitología griega en el que Aqueleoo es atacado por Hércules. Según otra versión, las sirenas nacieron de la sangre que manó de la herida. En este caso, tales criaturas tienen padre, pero no madre, ya que fueron concebidos sin participación femenina.

Otra historia señala que las sirenas eran hijas de Forcis, un dios marino, descendiente de Océano y Tetis. La esposa de este era Ceto, un espantoso monstruo marino. Sin embargo, en esta versión ella no fue la madre de estas criaturas, sino que Forcis las engrendró solo, o con la participación de las musas Estérope, Melpómene o Terpsícore.

 

La morfología de las sirenas

Según lo señala el mito de las sirenas, estas criaturas no siempre tuvieron una forma híbrida. Ovidio dice que eran mujeres hermosas, compañeras de Perséfone. Esta fue raptada por Hades, dios del inframundo. Se dice que, cuando ocurrió esto, sus amigas le pidieron a los dioses alas para ir a buscarla y cuerpos de pez para cruzar el río hacia el averno.

Perséfone era hija de Démeter, la diosa griega de la agricultura. Otra historia señala que esta entró en una gran aflicción cuando su hija fue secuestrada. Ciega de dolor por la pérdida, castigó a las amigas de la mujer raptada, por no haber impedido el secuestro y por eso les quitó su forma plenamente humana.

Una referencia del mito, surgida en Medio Oriente, señala que una mujer muy bella llamada Derceto ofendió a Venus. Para castigarla, la diosa hizo que se enamorara de un pastor, con el que tuvo una hija. Tan pronto dio a luz, Venus hizo que desapareciera el amor. Furiosa por lo sucedido, Derceto abandonó a su pequeña, mandó matar al pastor y quiso suicidarse, arrojándose a un río. Los dioses lo impidieron y, en cambio, la convirtieron en una anfibia.

 
Sirena sosteniendo un barco

Las sirenas y Odiseo

La principal característica de las sirenas era su bellísima voz, capaz de emitir cantos que embrujaban a los hombres. Su arte era tan perfecto que cuando los marineros las escuchaban entraban en un estado casi hipnótico. Embelesados, seguían el dulce sonido de sus voces y saltaban de los barcos para poder escucharlas mejor. Así perecían, ahogados en el mar.

Las sirenas habitaban frente a la Isla de Sorrento. Su obligación era cantar y fascinar a los marineros para llevarlos a la muerte. Si no lograban ejercer su poder hipnótico sobre los hombres que las escuchaban, quien debía morir era una ellas.

El episodio más destacado del mito de las sirenas tuvo lugar cuando Odiseo, o Ulises, quiso regresar a su hogar, después de la Guerra de Troya. Advertido de los poderes de las sirenas, y aconsejado por Circe, ordenó a los marineros que se taparan los oídos con cera, para que no pudieran escuchar nada. Y él mismo se ató al mástil del barco, indicándole a la tripulación que no le desataran, aunque lo suplicase.

 

El barco pasó por el territorio de las sirenas y Odiseo rogó para que lo desataran, pero los marineros hicieron caso omiso. Así, logró sortear ese obstáculo y las sirenas, cumpliendo su tradición, entregaron la vida de una de ellas: Parténope. Su cuerpo fue arrastrado hasta la costa y en su honor se erigió allí una ciudad que llevara su nombre. Más adelante, esta ciudad terminó llamándose Nápoles.

 
Pedrosa, J. M. (2015). Las sirenas, o la inmortalidad de un mito (una visión comparatista). Revista murciana de antropología, (22), 239-300.