El mito de Prometeo y la caja de Pandora

El mito de Prometeo y la caja de Pandora habla sobre los males que sobrevienen a los hombres cuando quieren ser como los dioses. Ha inspirado a poetas y artistas de todas las épocas por su belleza.
El mito de Prometeo y la caja de Pandora
Sergio De Dios González

Revisado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González el 09 julio, 2021.

Escrito por Edith Sánchez, 19 octubre, 2019

Última actualización: 09 julio, 2021

Existen varias versiones sobre el mito de Prometeo y la caja de Pandora. Todas ellas son muy hermosas, pero hay una particularmente conmovedora. Cuenta que Zeus, dios de dioses, finalmente triunfó en una guerra contra los titanes. Algunos de estos últimos le ayudaron a alcanzar la victoria. Entre ellos estaban Prometeo y su hermano Epimiteo.

Por esa colaboración, Zeus les permitió a los dos vivir en el Olimpo, junto con los demás dioses. Estos a su vez les encargaron la creación de la vida sobre la Tierra. Epimiteo se adelantó y creó una infinidad de animales que poblaron el planeta. Prometeo, que también quería participar de ese acto creador, llegó tarde.

Cuando vio que ya la Tierra estaba poblada de animales, Prometeo lloró. Sus lágrimas cayeron y formaron lodo. Entonces se le ocurrió moldear ese lodo y crear al hombre, tan similar a los dioses como fuera posible. Eso lo llenó de dicha.

Recordar que el secreto de la felicidad está en la libertad, y el secreto de la libertad, coraje”.

-Tucidides-

Prometeo

La repartición de los dones

Los dioses habían ordenado, no solamente poblar la Tierra, sino también dotar a todos los seres de dones y habilidades para la supervivencia. Cuenta el mito de Prometeo y la Caja de Pandora que Epimiteo nuevamente se adelantó a su hermano. Trató de ser muy equitativo, para que ninguno de los seres pudiera imponerse sobre el otro.

Epitimeo le dio a algunos animales fuerza, pero les restó agilidad. A otros los hizo frágiles, pero en cambio los dotó de alas para que pudieran volar. A algunos más los dotó de astucia o de rapidez. Sin embargo, olvidó por completo regalarle algún don a los humanos que había creado Prometeo.

Según el mito de Prometeo y la Caja de Pandora, cuando llegó Prometeo a inspeccionarlo todo, se dio cuenta del grave olvido. Los dioses estaban satisfechos, pues vieron que podían encargarle a los humanos varias de las tareas que a ellos les daba pereza realizar. Manejaban a su antojo a los hombres y se servían de ellos. Prometeo sintió una profunda tristeza.

El fuego y el mito de Prometeo y la Caja de Pandora

Profundamente conmovido por la suerte de los humanos, Prometeo decidió entregarles un don para que pudieran sobrevivir por sí solos y así liberarse del yugo de los dioses. Por eso, fue al taller del dios del fuego, Hefesto, y robó el fuego para los humanos. Estos agradecieron el regalo, pues garantizaba su supervivencia. Hefesto, en cambio, se llenó de cólera.

Los humanos comenzaron a reverenciar a Prometeo por su maravilloso regalo. Esto despertó los celos de Zeus, quien junto con Hefesto, urdió un plan para castigar al titán que se había atrevido a desafiarles. También quería vengarse de los humanos, por reverenciar a un titán y no a él, dios de dioses.

Cuenta el mito de Prometeo y la Caja de Pandora que Zeus hizo que llevaran al titán hasta la piedra más horrible del Cáucaso. Allí, Hefesto lo encadenó, con la ayuda de otros dioses. Zeus envió un águila que devoró el hígado de Prometeo. En la noche este órgano volvía a crecer y al día siguiente nuevamente regresaba el águila para repetir el castigo eternamente. Los lamentos de Prometeo se escuchaban en todo el planeta.

Prometo y el águila

La caja de Pandora

Según el mito de Prometeo y la caja de Pandora, el plan para castigar a los hombres también fue muy cruel. Zeus tomó un bloque de piedra y esculpió una mujer, a la que llamó Pandora. Le otorgó la belleza de las diosas y la astucia de los dioses. También la dotó de una curiosidad insaciable. Luego la envió para que sedujera a Epimiteo, quien cayó rendido a su pies.

Pandora llevaba una caja. En ella, los dioses habían depositado todos los males del planeta: la ira, el crimen, la injusticia, la locura, la enfermedad… todo lo malo que hubiese. El cofre solo encerraba un bien: la esperanza, pero estaba al fondo, donde nadie la viera. Los dioses le advirtieron a Pandora que no abriera la caja por ningún motivo. Sabían que, por su curiosidad, no les iba a obedecer.

De este modo, Pandora abrió la caja y entonces escaparon todos los males del planeta para repartirse entre los hombres. Cuando ella se dio cuenta de esto, cerró la caja. Lo único que quedó dentro de ella fue la esperanza. Por eso se dice que “la esperanza es lo último que se pierde”.

Entre tanto, Hércules llegó hasta la piedra en donde estaba atado Prometeo. Con una flecha logró matar al águila que devoraba sus entrañas. Luego liberó al titán. En agradecimiento, este le reveló cuál era modo de obtener las manzanas doradas de las Hespérides.

Una reflexión sobre el mito

Con este mito vemos que, para los griegos, la esperanza no es un regalo, sino es una desgracia. Pues, el acto de esperar implica estar siempre en falta de algo. Significa desear lo que no se tiene y, en consecuencia, estar en un estado de insatisfacción.

Cuando se espera sanar es porque se está enfermo; cuando se espera un trabajo es porque no se tiene, cuando se espera ser rico es porque se es pobre. En este sentido, la esperanza parece ser más un mal que un bien.

Pero, la cultura popular concibe a la esperanza como un motor movilizador que da sentido a la vida. En este caso, la esperanza implica que hay un futuro al que debemos aspirar, lo que plantea una necesidad superar el presente y mejorarlo.

La sabiduría popular suele decir a menudo que “la esperanza es lo único que se pierde”. Pero como toda cara de la moneda, tiene su parte negativa. El mito es claro, Pandora portaba consigo todos los males dentro de la caja, incluida la esperanza como uno de ellos.

No hay peor esperanza que la de la espera de un amor que nunca llega, de que la suerte cambie, etc. De hecho, para comenzar un duelo, es necesario despojarnos de la esperanza.

No obstante, curiosamente, se ha interpretado que la esperanza nos dice que no todo está perdido, como aquello que otorga una particular confianza en el presente y una expectativa firme en el futuro. En este sentido, cumple una función de velo, que no nos permite asumir al mundo como aquello que ya está perdido y desde ahí emprender su transformación hacia algo distinto.

Para concluir, la esperanza nunca debe ser vista como buena o mala, sino que debe evaluarse en función del hecho puntual que nos toca vivir y con el cual ésta se relaciona. Lo importante es encontrar el punto límite en el que la esperanza se convierte en nuestra destrucción.

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  • Flahault, F. (2013).
  • . Barcelona: Galaxia Gutenberg.