El mito del empate y el pacifismo

Edith Sánchez·
07 Mayo, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González al
07 Mayo, 2020
El mito del empate es el nombre que Claude Levi-Strauss le dio a una práctica que lleva a cabo la comunidad Gahuku-Gama, de Nueva Guinea. Este mito nos muestra que el juego no es solo un acto de diversión, sino que pone de presente los valores de una sociedad.

El mito del empate se refiere principalmente a una cultura de Nueva Guinea llamada Gahuku-Gama o Gahuku-Kama. Esta comunidad tiene unas costumbres y una moral muy diferentes a las de Occidente, principalmente en lo que tiene que ver con la competitividad y el conflicto. Este grupo humano hace todo lo que esté a su alcance para que se mantenga la armonía entre los suyos.

Hay que anotar que el mito del empate fue descrito por Claude Levi-Strauss, el padre de la antropología moderna, en su libro El pensamiento primitivo. La cultura Gahuku-Gama estuvo aislada del mundo occidental hasta 1930, fecha cuando entró en contacto con misioneros que provenían principalmente de Europa.

Levi-Strauss cuenta que los misioneros les enseñaron a jugar fútbol. Los Gahuku-Gama adaptaron la práctica de este deporte a sus propios valores y costumbres.

De manera sorprendente, se resistieron a hacer del juego un enfrentamiento entre adversarios. Eran capaces de jugar días enteros, hasta que los equipos lograban empatar. De ahí nace el mito del empate.

El no prevalecer sobre nada, ni que nada prevalezca sobre uno mismo cabe, llena, tiene sentido, es hermoso y sosegante”.

-Joaquín Araújo-

Balón de fútbol

El mito del empate

Para los Gahuku-Gama resulta inaceptable que haya seres humanos que se conviertan en ganadores, mientras que, por razones obvias, otros se transformen en perdedores. Ambas condiciones les resultan degradantes y van en contra de su propia estabilidad como grupo. Por lo mismo, llevaron la práctica del fútbol a otro nivel: convirtieron el juego en mito, el mito del empate.

Para este grupo humano la solidaridad es un valor fundamental. Por lo mismo, no podían aceptar un juego en el que el objetivo fuera lograr que un equipo se impusiera sobre el otro. Los Gahuku-Gama valoran profundamente el esfuerzo y les parecía muy injusto que hubiese un perdedor, cuando todos los jugadores se esforzaban.

Por lo mismo, un partido de fútbol en este grupo humano puede durar varios días. Que el objetivo sea empatar no significa que un equipo le haga concesiones al otro, ya que esto sería una falta de honestidad. Lo que se pretende es que ambos equipos logren evolucionar hasta el punto en que todos queden en igualdad de condiciones. El mito del empate hace que cada uno sea ganador y perdedor a la vez.

Competir y empatar

Se podría pensar que los Gahuku-Gama son un caso excepcional. Muchas teorías afirman que la guerra, la competencia y el conflicto son propios de la naturaleza humana. Quizás así sea en principio, pero son muchas las culturas que promueven decisivamente la solidaridad, en lugar de la competencia y la confrontación.

Hay evidencia que las culturas que existieron antes de la Antigua Grecia también eran así. También hay grupos humanos, como los esquimales, que jamás han protagonizado una sola guerra en toda su larga historia.

Pese a que esos pueblos habitan zonas en donde los recursos son escasos, han comprendido que en lugar de competir por lo que hay, la salida está en solidarizarse mutuamente en pos del bien común. Esta es también una forma de empate.

En el otro extremo del mundo, la Patagonia, habitan comunidades con costumbres y valores similares. Por ejemplo, los Yaganes, o Yamanas, de los cuales ya quedan muy pocos por acción del “hombre blanco”, no tienen en su historia ningún registro de haber librado una guerra, o siquiera una confrontación física con otras comunidades.

Monigotes unidos

El empate en la vida diaria

Nos ahorraríamos muchas ansiedades, mucho estrés y mucha depresión si estuviéramos más abiertos al mensaje que nos envían comunidades como las ya citadas. Una buena parte de nuestros problemas proviene de ese éxito o ese fracaso que nos trasnocha; de sentirnos inferiores o superiores a los demás; de no lograr tramitar la diferencia y sentirnos llamados a imponernos.

El mito del empate nos habla de una voluntad colectiva de crecer. Nos dice que no es suficiente con evolucionar individualmente, sino que la tarea se completa cuando logramos que otros evolucionen con nosotros.

Todos nos sentimos más tranquilos cuando conseguimos que haya una cierta equidad, un principio de justicia universal por el que valoramos tanto a los demás como a nosotros mismos.

La palabra empatar tiene una etimología muy interesante. Si se rastrea, nos lleva a la raíz latina “pactare”, que luego llevó al vocablo italiano “impattare”. En su acepción original significaba ‘pactar, quedar en paz’. Eso es precisamente lo que hacen esas culturas milenarias, a través del juego y de las costumbres cotidianas: construir la paz individual y colectiva.

Araújo, J. (1996). XXI, siglo de la ecología: para una cultura de la hospitalidad. Espasa.