El mito del Fauno, dios de los bosques

Edith Sánchez·
06 Septiembre, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González al
03 Septiembre, 2020
El mito del Fauno nos habla de un dios con una apariencia extraña que terminó como militar y gobernante en Lacio. Su historia remite sobre todo a las desdichas amorosas.

El mito del Fauno es la versión romana del mito del dios Pan. En ambos casos, era la divinidad que regía los bosques y los campos, protector de los rebaños, a quienes salvaguardaba de los ataques de las bestias y concedía fertilidad. De hecho, también se le conocía como “Lupercus”, que significa ‘el que protege del lobo’.

En torno al mito del Fauno hay cierta confusión, ya que en la versión griega se le asociaba con los sátiros, unos seres que también habitaban los bosques y tenían una apariencia similar a la del dios. Los sátiros, sin embargo, eran lascivos, mientras que Fauno era un romántico empedernido.

Todo amante es un soldado en guerra”.

-Ovidio-

Asimismo, hay versiones del mito del Fauno en el que se le considera un dios con la capacidad para hacerle maleficios a los campesinos, pero la mayoría lo consideraban un protector. Se dice que tenía dones proféticos y que revelaba el porvenir a través de susurros en el bosque o en medio de los sueños.

Bosque

El origen del mito del Fauno

El mito del Fauno comienza con Pico, quien a su vez era hijo de Saturno. Pico era un dios profético, que se valía del pájaro carpintero para hacer sus vaticinios. Se suponía que esta ave estaba consagrada a Marte. Pico era un ser de apariencia ruda, pero de maneras sofisticadas. Se casó con la ninfa Canente, con la que tuvo a su hijo Fauno.

Fauno tenía una apariencia extraña y desagradable. Sus piernas y sus pies eran de macho cabrío. También tenía cuernos y unas orejas puntiagudas de animal. En algunas versiones se dice que cuando nació, Mercurio lo llevó al Olimpo para divertir a los dioses y a cambio de permitir que otros se rieran de él, le concedió la inmortalidad.

Uno de los aspectos que más caracterizó al Fauno fue su tendencia a enamorarse y no lograr ser feliz. Siendo muy joven, se enamoró de la ninfa Sírinix, que no lo apreciaba en absoluto. El Fauno la persiguió, tratando de conseguir su amor, y cuando estaba a punto de atraparla, los dioses se compadecieron de la joven y la convirtieron en caña.

Desilusionado por lo ocurrido, cuenta el mito del Fauno que este ser tomó dos tallos desiguales de la planta y los unió en paralelo. Así construyó una flauta con la que interpretaba bellas melodías. Este instrumento se conoce actualmente como caramillo.

Desdichas y glorias del Fauno

Cuenta el mito de Fauno que este habitaba en el bosque y estaba en contacto continuo con las ninfas. Ellas se sentían muy agradadas con el sonido de su flauta y se reunían a escucharlo. En medio de esas reuniones, este dios se enamoró de otra ninfa: Pitis. A diferencia de lo que había ocurrido en el pasado, ella sí le correspondió.

Sin embargo, Aquilón también estaba enamorado de Pitis. Este era el dios de los vientos del Norte y su apariencia era la de un anciano con el cabello desordenado. El corazón de la ninfa le pertenecía al Fauno, pero Aquilón no lo aceptaba. Así que, en un arranque de celos, sopló fuerte y la arrojó por un acantilado.

Los dioses, esta vez compadecidos por la suerte del Fauno, evitaron que la ninfa cayera y la transformaron en pino. Esta planta quedó consagrada al dios de los bosques. Después, cansado de tantas desdichas, se alistó en el ejército de Baco, donde se destacó como estratega militar.

Estatua de Fauno

Un mito eterno

Según algunas versiones del mito del Fauno, el dios de los bosques terminó casándose con Bona Dea, diosa de la fertilidad, la castidad y la salud. Era un auténtico modelo de virtudes. En algunos autores, esta diosa también aparece como la hija o la hermana de Fauno, por lo que también se le conocía como “Fauna”.

La versión más popular dice que en principio no era diosa, sino una mortal común y corriente. Era muy virtuosa, al punto en que permanecía encerrada en la casa y nadie más que Fauno podía verla, hablar con ella o conocer su nombre.

Sin embargo, un día la mujer encontró una jarra de vino y la bebió hasta quedar borracha. Cuando Fauno la vio, se sintió tan indignado que la golpeó con una rama de mirto hasta matarla. Luego, con gran remordimiento, le tributó honores de diosa y estableció un culto en su honor. El Fauno nunca logró ser feliz en el amor.

Crespo, D. S. (2007). El silencio de los faunos. Ilu. Revista de Ciencias de las Religiones, 19, 143-153.