El movimiento de higiene mental de Dorothea Dix

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 5 octubre, 2018
Sara Clemente · 24 abril, 2018

Seguramente el nombre no sea muy conocido, pero veamos algunos aspectos de la vida de esta importante mujer. Dorothea Dix (1802-1887) no tuvo una infancia precisamente feliz. En el seno de una familia estadounidense, se crió junto a un padre con problemas de adicción al alcohol y una madre con graves trastornos psicológicos. Esto es lo que la hizo desarrollar una gran sensibilidad hacia las personas más desfavorecidas y con problemas de integración social, siendo la fundadora del movimiento conocido como higiene mental.

A los 39 años, se hizo voluntaria en una cárcel de mujeres con problemas de salud mental, lo que marcó el inicio de esta corriente de pensamiento. Su idea principal era la generalización de un tratamiento psicológico digno para cualquier individuo, incluso para las personas sin techo. Las consecuencias de esta reflexión fueron múltiples y claves para implantar la conocida como terapia moral y cambiar las condiciones sanitarias de los centros en los que vivían los enfermos mentales.

Dorothea Dix

Los “locos”: marginados de la sociedad

A principios del S. XVIII, las personas que mostraban signos de graves trastornos psíquicos eran tachadas de “locas”: carentes de cualquier tipo de juicio y razón. Se les trataba como animales salvajes que debían ser hacinados y enjaulados en manicomios y, a menudo, eran objeto de burla y desprecio. Las condiciones en las que vivían eran infrahumanas, así como los tratamientos que recibían: palizas, inanición, aislamiento o la suministración de sustancias químicas.

Uno de los factores que contribuyó a cambiar esta convicción fue el tratamiento que le fue suministrado a Jorge III. Conocido como “el rey loco”, el monarca tenía porfiria; una enfermedad para la que los médicos emplearon un curioso método: la ingesta de grandes cantidades de leche de burra. Este procedimiento hizo que naciera una incipiente sensación de optimismo social acerca de la posibilidad de realizar intervenciones más terapéuticas en pacientes con problemas mentales.

La terapia moral: tratamiento humanizado e individualizado

Así, poco a poco fue naciendo una aproximación psicosocial a los trastornos mentales. Fue durante la primera mitad del S.XVIII, en el seno de la Ilustración y propulsado por la necesidad de reconocimiento de los derechos individuales, cuando surgió la conocida como terapia moral.

Este término estaba asociado con lo “emocional” o “psicológico” y muy estrechamente relacionado con la existencia y cumplimiento de un código de comportamiento. Algunos de sus principios básicos fueron el tratamiento a los pacientes internados de forma natural y respetuosa, facilitando el contacto y la interacción interpersonal, así como la atención individualizada.

Esto acababa de manera radical con la idea de encierro y aislamiento y abrazaba la humanidad, individualización y el cultivo cuidadoso de las relaciones sociales. De hecho, fue el surgimiento de la terapia moral en Europa y EEUU lo que convirtió a las instituciones psiquiátricas (manicomios) en lugares habitables y destinados a la recuperación del paciente.

Decadencia de la terapia moral

Después de la primera mitad del S.XIX, esta perspectiva terapeútica decayó debido a un gran aumento del número de pacientes que acudían a estas instituciones. Este aumento tuvo una doble causa. Por un lado, el incremento de la llegada de inmigrantes tras la guerra civil estadounidense. Por otro, el movimiento de higiene mental de Dorothea Dix; cuya consecuencia imprevista y directa fue un acrecentamiento desmesurado de ingresados hospitalarios.

A su llegada a Inglaterra, Dorothea enfermó del pulmón. En el transcurso de su padecimiento, estuvo en contacto con numerosos teóricos que le ayudaron a aprender teorías de atención a los dementes. Entre ellas, la terapia moral, el contraste entre la vida en soledad y en sociedad, la eliminación de restricciones mecánicas y terapia ocupacional con los pacientes.

Además, durante una visita que realizó de voluntaria a una cárcel de mujeres pudo comprobar las condiciones deplorables en las que vivían las reclusas. Le impactaron tanto que decidió implicarse al máximo. Desde entonces fue visitando todo tipo de centros y correccionales con el objetivo de conocer a fondo los abusos que sufrían esas personas y cambiar la situación. A partir de ahí, su movimiento de higiene mental abogó por eliminar cualquier tipo de prejuicio social y apadrinó la lucha por la dignidad humana.

Mujer con trastorno psicótico breve

Reforma de las instituciones mentales

Logró reunir las suficientes pruebas como para interpelar a la Legislatura de Massachusetts y poder modificar esas terribles condiciones de insalubridad y el maltrato que recibían los enfermos mentales. Su libro, Observaciones sobre las prisiones y la disciplina en la prisión de los Estados Unidos, publicado en 1845, contribuyó al establecimiento de hospitales psiquiátricos en once estados de este país.

Dorothea Dix quizá no haya sido una de las figuras femeninas más famosas de la historia. Pero, sin duda, ha contribuido con su incansable dedicación a dotar de un aspecto ético y moral a las terapias psíquicas aplicadas a los enfermos mentales.

Quizá, sin su trabajo el tratamiento deplorable a estos pacientes hubiera continuado durante décadas. Así, es conocida, junto a otras personas que también apoyaron esta reforma institucional, como una de las promotoras de una nueva era en la intervención y el trato a las personas con una enfermedad mental.