El pequeño Albert, el niño perdido de la psicología

Edith Sánchez · 10 julio, 2019
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González el 10 julio, 2019
El experimento del pequeño Albert ha suscitado una gran cantidad de polémicas. Entre ellas, la verdadera identidad y la suerte del bebé que fue sometido a situaciones de terror para probar que la mente podía condicionarse. Aún hoy subsisten muchas dudas al respecto.

La historia del pequeño Albert es una de las más confusas y controvertidas de la psicología. Quien dio lugar a la misma fue el famosísimo John B. Watson, considerado el padre de la escuela conductista. En términos generales, esta propone que la conducta de los seres humanos se modela en función de estímulos y respuestas.

Lo que el conductismo señala, en esencia, es que la conducta humana se puede moldear o «adiestrar». A diferencia de otras escuelas, para los conductistas la felicidad de alguien mayor en China es exactamente igual a la de un bebé de México. No importa lo que suceda internamente en cada quien, pues lo que cuenta es la conducta observable.

Para probar su hipótesis básica, John Watson recurrió a una serie de experimentos. El más famoso de ellos fue el del pequeño Albert, un bebé de 9 meses de edad. Después de las pruebas de Watson nunca se supo cuál habría sido la suerte de este niño. Sin embargo, algunos investigadores se dieron a la tarea de averiguar qué había pasado con él y se encontraron con muchas sorpresas.

«No estaré satisfecho hasta que tenga un laboratorio en el que pueda criar niños desde el nacimiento hasta los tres o cuatro años bajo una observación continua«.

-John B. Watson-

Watson

El experimento del pequeño Albert

Antes de mencionar lo sucedido con Watson, recordemos someramente en qué consitió el experimento del pequeño Albert. Según lo que Watson dijo en sus anotaciones, el chico era hijo de la nodriza de un orfanato. Se le eligió para el experimento por su carácter tranquilo y algo indiferente frente a los estímulos externos.

Lo que Watson hizo fue exponer al bebé a diferentes estímulos. Un mono, una rata blanca, un papel quemándose, etc. Cuando al niño se le presentaron estos seres y objetos, se mostró atento, pero básicamente indiferente emocionalmente hacia ellos. Expresaba solamente algo de curiosidad.

Más adelante, Watson introdujo un estímulo adicional. Cada vez que aparecía la rata blanca, él golpeaba con un martillo para producir un ruido estruendoso que asustaba al bebé. De este modo, el niño comenzó a asociar el sonido con la rata y después de un tiempo sentía miedo tan solo con ver el animal. Más adelante generalizó su temor a los conejos y otros animales con pelo.

¿Qué fue del pequeño Albert?

El experimento del pequeño Albert le permitió a Watson probar que la conducta podía ser modelada a través de estímulos. En sus notas dijo que el experimento había terminado porque el chico había sido adoptado. Sin embargo, nunca se supo si el comportamiento de miedo se había mantenido en él o no, tras concluir el experimento.

Con el tiempo, algunos investigadores se interesaron en averiguar cuál había sido la suerte del pequeño Albert. Uno de los interesados en llegar a la verdad fue el psicólogo Hall Beck. Partiendo de las notas de Watson, de censos y otros documentos, creyó haber encontrado al chico. En 2009 publicó sus conclusiones.

En ellas señaló que Albert era en realidad Douglas Merritte, un niño que padecía de hidrocefalia desde su nacimiento y que murió a los 6 años. Sus hallazgos pusieron en entredicho toda la obra de Watson y además le dio un carácter más que monstruoso a su experimento. Se habría valido de un niño discapacitado para probar su teoría.

Bebé llorando

Otra hipótesis y muchas dudas

Otro psicólogo, Russell A. Powell, de la Universidad Grand McEwan (Canadá) puso en duda las conclusiones de Beck. También inició su propia investigación y en 2012 publicó sus conclusiones. Según estas, el pequeño Albert era en realidad William Albert Barger, un niño normal que creció saludable y murió a los 88 años de edad, sintiendo cierta aversión por los animales.

Tanto las hipótesis de Beck, como las de Powell son muy sólidas, pero no concluyentes. Para completar, en junio de 2014, el investigador Tom Bartlett publicó un nuevo artículo en el que llegaba a la conclusión de que en el experimento habían participado los dos niños.

El tema, en el fondo, implica un debate sobre la validez del conductismo, una escuela que ha sido muy criticada por su reduccionismo. A esto se suma una cierta antipatía por la figura de John Watson. Este hombre fue repudiado por haberse divorciado de su esposa para unirse a Rosalie Rayner, una estudiante que sirvió como asistente suya.

John Watson fue expulsado y se le retiraron sus títulos académicos. Ya unido a su asistente, tuvo con ella dos hijos, a los que educaron de forma estrictamente conductista. Ambos intentaron suicidarse cuando fueron adultos y el mayor, William, lo logró. En los años 50 se le restituyeron todos los títulos, cuando él ya se había centrado su interés en otro foco: la publicidad.

  • Pérez-Delgado, E., Gil, F. T., & Garrido, A. P. (1991). La nueva imagen de John Broadus Watson en la historiografía contemporánea. Anuario de psicología/The UB Journal of psychology, (51), 67-88.