El poder de los microrituales

Edith Sánchez·
20 Junio, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González al
20 Junio, 2020
El poder de los microrrituales reside en su capacidad para romper, o cuando menos reducir, los obstáculos que impiden la comunicación o el cambio. Se trata de pequeños actos simbólicos que marcan un punto de inflexión en situaciones cotidianas.
 

Según la psicóloga Elisabeth Horowitz, pequeños rituales en la vida cotidiana, como cambiar de la posición de los objetos, facilitan la superación de problemas y conflictos. Estos microrituales, a su juicio, son más poderosos de lo que la mayoría de la gente piensa. Muchos demeritan la incidencia de esas prácticas y, con ello, pierden valiosas oportunidades de mejorar una relación o sentirse mejor.

Elisabeth Horowitz es especialista en terapia breve basada en soluciones. Se le considera una autoridad en lenguajes alternativos, dirigidos al inconsciente. Estudió psicología en Burdeos, Francia, y desde 1979 comenzó a indagar sobre la herencia transgeneracional. En 2001 fundó la Asociación Francesa de Psicogenealogía.

Horowitz también es autora de una docena de libros, entre los que están Liberarse del destino familiar y Los actos simbólicos. En este último es en el que con mayor detalle desarrolló el tema de los microrituales, que son precisamente eso: actos simbólicos, sencillos, inmediatos y lúdicos que tienen el poder de cambiar situaciones.

Las familias están habituadas a hacer una misma cosa todo el tiempo y la rutina cristaliza las disfunciones familiares”.

-Elisabeth Horowitz-

Mujer pensando en el propósito de la conducta
 

Los microrituales

Los microrituales son acciones puntuales, de carácter simbólico, cuyo principal propósito es el de romper un patrón repetitivo que resulta inadecuado o provoca dolor. Quizás esto puede entenderse mejor con un ejemplo extraído de la práctica clínica de Elisabeth Horowitz.

Una mujer llegó a su consulta porque su esposo había perdido el trabajo. Este lugar en el tiempo supuso un punto de inflexión: desde entonces empezó a mostrarse distante y huraño. Cuando ella quería hablar de este o de cualquier otro tema, su pareja se mostraba evasiva y molesta. Simplemente guardaba silencio y se aislaba. Parecía como si hubiera perdido el contacto afectivo con ella y la intimidad se hubiera evaporado.

Ante la situación, la recomendación de Horowitz fue que la acongojada mujer se comprara una camiseta blanca y que imprimiera sobre ella la frase: “ante cualquier cosa que suceda, mi amor por ti permanecerá intacto. La psicóloga dice que se ha comprobado que cuando los hombres están tensos suelen rechazar la voz de las mujeres y por eso era difícil que el esposo en cuestión escuchara a su esposa.

Muchos hombres agobiados se niegan a escuchar, pero no a ver. De ahí que el recurso de la camiseta tuviera una oportunidad. Por un lado, le permitía expresar lo que quería decir. Por otro lado, rompía el círculo vicioso de querer hablar y no ser escuchada. Funcionó. Así es como operan los microrituales.

La repetición y la ruptura

 

Elisabeth Horowitz no es la única que se ha referido al poder de los microrituales. Hay muchos otros teóricos, principalmente antropólogos, que lo han hecho. Lo cierto es que todos tenemos pequeños rituales cotidianos, pero no siempre son los más adecuados. Están ahí y los practicamos porque son funcionales, de un modo u otro. Sin embargo, no siempre son constructivos.

Las rutinas son muy importantes, ya que se trata de mecanismos que ordenan la vida y protegen al ser humano de la tiranía del estado de ánimo. Si se cumplen diariamente, ayudan a construir un sistema de vida que evita el caos cotidiano. El problema es que muchas veces esas rutinas incluyen acciones que van en contra de quien las practica.

Los microrituales vendrían a ser ese factor que, de un modo u otro, boicotean repeticiones poco constructivas. Marcan el punto de inflexión que permite repensar la situación y propiciar nuevas maneras de abordarla. El secreto para que funcionen es que sean puntuales, sorprendentes y lúdicos.

Hombre con pensamientos negativos

Micorituales y conflicto

Los microrituales funcionan especialmente bien en las situaciones de conflicto. Los roces o desencuentros generan tensiones difíciles de superar, que con mucha frecuencia tienden a acrecentarse, antes que a diluirse. Como en el ejemplo citado anteriormente, una acción que permita romper el hielo o que estimule un cambio de perspectiva en el otro puede resultar muy adecuada.

 

A veces, se trata de redecorar el espacio sin que eso implique grandes gastos o muchos cambios. El solo hecho de disponer los muebles de otro modo, por ejemplo, exige adaptaciones y, por lo mismo, propicia algún cambio en la forma de ver lo cotidiano. Horowitz señala que pequeños objetos como las fotografías, los dibujos, las plantas y las cartas, entre otros, contribuyen al objetivo de desbloquear situaciones.

Los actos simbólicos puntuales no lo son todo, pero sí resultan decisivos en un momento dado. Exigen también reflexiones y esfuerzos adicionales, pero su magia está en servir de pivotes para generar un cambio inmediato, que debe ser aprovechado para alcanzar un nuevo nivel. En eso radica su poder y su brillo.

Collins, R., & Iranzo, J. M. (2009). Cadenas de rituales de interacción (No. Sirsi) i9788476589083). Barcelona: Anthropos.