El poder que tienen las palabras

10 Enero, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz
A las palabras no se las lleva el viento. Por el contrario, permanecen bien presentes en nuestra mente, dando forma y significado a la realidad.
 

Un dicho popular afirma que las palabras se las lleva el viento. Y, si bien es cierto que en ocasiones es necesario priorizar los actos, las palabras no son, en absoluto, irrelevantes. Cada una de ellas destruye o edifica, alienta o desmotiva, transmite amor o dolor. El poder que tienen las palabras es inmenso, por tanto hemos de seleccionar cuidadosamente las que empleamos en nuestro día a día.

Todos sabemos, y hemos experimentado, el efecto que un comentario puede tener sobre las relaciones sociales. Disputas, peleas, malentendidos y sufrimiento. Pero el alcance de la palabra comienza mucho antes, cuando se gesta en nuestra mente. Con ella no solo hieres a los demás, sino que te dañas a ti mismo.

Sé impecable con tus palabras

Sobre el mundo

Miguel Ruiz, en su libro «los cuatro acuerdos», realiza varias propuestas para alcanzar una vida libre y plena. De ellas, la primera es precisamente «sé impecable con tus palabras». Esta afirmación, que puede resultar confusa, entraña una gran sabiduría.

Las palabras otorgan significado a la realidad. A lo que somos, a lo que son los demás y a cómo es el mundo. Estas son el vehículo por el que nos comunicamos con los otros y con nosotros mismos (pensamos con palabras). Por tanto, las expresiones que escogemos no resultan insignificantes, con ellas estamos construyendo lo que nos rodea.

Cuando tu diálogo interno es negativo, también lo es tu realidad. Si te acostumbras a hablarte de lo injusta y dolorosa que es tu situación cada vez la percibirás más oscura. Por el contrario, si constantemente piensas (te hablas) con agradecimiento por lo bueno que hay en tu vida, sin duda hallarás más motivos para agradecer.

 

Lo que ocurre no tiene un significado concreto, tú se lo otorgas con tus palabras. Las que fluyen por tu mente y las que expresas en voz alta. Recuerda siempre que de lo que hablas, obtienes; y cuida que tus expresiones versen sobre optimismo, paz y confianza.

Sobre ti

Con mucha frecuencia emitimos opiniones y comentarios sobre nuestra propia persona sin tener en consideración lo que estamos diciendo. Creemos que es, simplemente, una forma de compartir con los demás cómo nos sentimos. O un simple adjetivo que remarca una realidad que ya es como es. Más allá de eso, cada cosa que decimos de nosotros mismos, nos convierte en ello.

Tal vez te falte mejorar un poco tus habilidades sociales, pero cada vez que te autodenominas torpe, te condenas aún más. Quizá te cueste afrontar los cambios, pero si repites constantemente que te falta valentía, nunca lograrás hacerlo. Los calificativos que te dedicas no son un reflejo de tu personalidad, son lo que la moldea. Prueba a afirmar una y otra vez a lo largo del día que eres valiente y en poco tiempo te sorprenderás asumiendo riesgos.

Trata de pensar y expresar de forma constante que eres seguro y sociable y pronto te verás relacionándote con otros por iniciativa propia. Lo que dices sobre ti condiciona tu forma de ser, dedícate los mejores comentarios.

Sobre los demás

De igual manera nuestros comentarios hacia los demás pueden afectarlos de forma significativa. No solo pueden sentirse heridos al escuchar palabras despectivas provenientes de nosotros. Además, los adjetivos que les imponemos terminan moldeando su conducta. Esto es especialmente grave con los niños (pues son personas más vulnerables y en pleno desarrollo) pero también ocurre con los adultos.

 

Si a un niño le repites que lo hace todo mal, se lo creerá y su baja confianza le llevará a actuar incorrectamente. Lo mismo sucede si un adulto escucha sin cesar que es poco creativo, poco hábil o demasiado sensible.

El poder que tienen las palabras

En suma, las palabras que escoges encuentran su consecuencia directa en tu mundo tangible. Lo que hablas es lo que eres, es lo que ves y es lo que encuentras a tu alrededor. Acostúmbrate a hablar bien sobre ti mismo, sobre los demás y sobre el mundo. Y verás como te conviertes en tu mejor versión, cómo conectas con las personas más bondadosas y leales y como hallas belleza y abundancia en tu entorno. Tus palabras tienen poder, úsalo sabiamente.

  • Ruiz, D. M., & Mills, J. (2010). Los cuatro acuerdos: una guía práctica para la libertad personal. Amber-Allen Publishing.
  • Rosenthal, R. (2002). The Pygmalion effect and its mediating mechanisms. In Improving academic achievement (pp. 25-36). Academic Press.