El proceso de decidir en qué creer

8 agosto, 2013
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Elena Sanz
Todos pensamos que nuestras opiniones se basan en la lógica. Sin embargo, esto no siempre ocurre. Descubre en este artículo cómo decidimos las personas en qué creer.

Podríamos pensar que el proceso que seguimos para decidir en qué creer es totalmente lógico y objetivo. Sin embargo, esto no siempre es factible. A lo largo de nuestras vidas tenemos que tomar millones de decisiones y sería imposible completar un proceso de investigación y análisis exhaustivo para cada una de ellas.

Además, en muchas ocasiones, solo contamos con información parcial respecto al asunto, lo cual nos impide realizar una elección racional. Entonces, ¿qué podemos hacer para determinar nuestras creencias y tomar decisiones?

¿Cómo decidir en qué creer?

Hombre pensando en qué creer

Es en estos momentos, en los que no sería eficiente utilizar el análisis lógico, cuando ponemos en marcha nuestra capacidad heurística. Esta es una forma rápida y efectiva de decidir en función de lo que hemos escogido que sea cierto para nuestro universo interno.

Los procedimientos heurísticos son atajos mentales, formas sencillas de hallar la solución a una cuestión cuando no podemos decidirlo de forma objetiva. Realizamos entonces juicios basados en la intuición, en nuestra experiencia y en una serie de suposiciones. Sin embargo, en ningún momento tenemos seguridad lógica sobre que nuestra elección sea la acertada.

Estos juicios rápidos que realizamos en situaciones de incertidumbre son importantes, ya que agilizan y simplifican nuestro proceso mental. Sin embargo, no son infalibles. Nuestra intuición heurística se encuentra limitada por varios sesgos cognitivos, que pueden conducirnos a conclusiones desacertadas.

Estos sesgos podrían definirse como una distorsión en nuestra manera de procesar y valorar la información. Esto nos lleva a realizar una interpretación ilógica y llegar a una respuesta poco racional.

Principales sesgos cognitivos

Sesgo de disponibilidad

Este sesgo da cuenta de la tendencia que tenemos las personas a valorar la probabilidad de que algo ocurra, no en base a la lógica, si no en función de los ejemplos que tenemos más disponibles. Es decir, aquella información que viene a nuestra mente con mayor facilidad y rapidez, influirá en nuestro juicio.

Por ejemplo, si nos preguntan si es más probable morir en un accidente o por un derrame cerebral, la mayoría de nosotros elegiríamos la primera opción. En realidad, los derrames causan casi el doble de muertes que los accidentes, sin embargo, en nuestra mente están más presentes (más disponibles) casos de accidentes.

Sesgo de representatividad

Este sesgo nos ayuda a determinar qué probabilidad creemos que hay de que una persona pertenezca a determinada categoría. Por ejemplo, nos dicen que han realizado un test de personalidad a 70 ingenieros y 30 profesores y  nos dan la siguiente descripción: «Jorge es un hombre sociable y familiar al que le encantan los niños». A continuación nos piden que digamos qué profesión creemos que desempeña Jorge.

Muchas personas dirían, sin apenas dudar, que Jorge probablemente es profesor. Esta decisión habría sido tomada en base a que la descripción de Jorge es más representativa del estereotipo de profesor. Sin embargo, la racionalidad nos dice que, habiendo 70 ingenieros y 30 profesores, es mucho más probable que Jorge fuera ingeniero.

Sesgo de disconformidad

Este sesgo explica cómo las personas tendemos a rechazar la información que contradice nuestras creencias, y a aceptar aquella que las confirma. Es más, buscamos mucha más información que concuerda con nuestro marco ideológico en comparación con aquella que lo cuestiona.

De esta forma el cambio de pensamiento es prácticamente imposible. Pues, debido a este mecanismo, continuamente reforzamos nuestras creencias previas y no damos, apenas, oportunidad a los argumentos contrarios de llegar a nuestra mente.

Decidir en qué creer: una cuestión de tiempo

A pesar de lo que pueda parecer, esta capacidad heurística es verdaderamente necesaria para que podamos funcionar con eficacia. No sería viable en cuestión de tiempo ni recursos mentales realizar un análisis racional de cada pequeña decisión cotidiana.

Los heurísticos nos ayudan a economizar, a usar nuestra experiencia para realizar apuestas relativamente seguras. Nos sirven de mapa para guiarnos por el mundo cuando no nos es posible o eficiente valernos de la lógica. Sin embargo, es conveniente conocer su existencia y saber de qué forma actúan sobre nuestros pensamientos.

En muchas ocasiones estos atajos nos llevan a hacer suposiciones basadas en prejuicios y estereotipos. Es conveniente tener en cuenta que nuestra opinión no siempre es del todo objetiva. Conocer los distintos sesgos cognitivos nos puede ayudar a replantearnos nuestra opinión en determinadas circunstancias.

de Kohan, N. C. (2008). Los sesgos cognitivos en la toma de decisiones. International Journal of Psychological Research1(1), 68-73. Silva Clavería, A., & Silva Clavería, R. (2004). Heurística: Origen y consecuencias.