El proceso de decidir en qué creer

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 3 julio, 2017
Claudio Navarro · 8 agosto, 2013

En la hermosa isla de la Republica Dominicana hay una creencia bastante diseminada, por la cual se rige una gran porción de la población. Es la ley general de que si uno está caliente no debe enfriarse rápidamente, pues si lo hace puede padecer diferentes problemas de salud. Por eso muchas personas no se bañan si están sudadas, ni abren el refrigerador si han estado al lado de una estufa caliente. 

Sin embargo, en otros países hay personas como Ron Radstrom, el fundador de Health Freedom Resources en el estado de la Florida, que promocionan los beneficios de la hidroterapia, en la cual se alternan sucesivamente los baños con agua caliente y fría.

Ambos grupos tiene la firme convicción de que su creencia es cierta y toman decisiones a diario que reflejan sus creencias. ¿Quién tiene razón? Pues, no vamos a entrar en eso en este artículo, sino más bien vamos a hablar de cómo escogemos lo que creemos y lo que aceptamos como cierto.

¿Por qué inventamos estás “verdades”?

A lo largo de nuestras vidas tenemos que tomar millones de decisiones y sería imposible completar un proceso de investigación y análisis exhaustivo para cada una de ellas. Por eso, nuestra mente crea atajos que consisten en tomar decisiones basadas en lo que hemos escogido que sea cierto para nuestro universo interno.

Esta estrategia es importante porque agiliza y simplifica nuestro proceso mental, sin embargo no es un sistema infalible. Hay varios sesgos cognitivos que pueden llevarnos a conclusiones irracionales.

¿Qué es un sesgo cognitivo? 

Según la enciclopedia libre wikipedia.com, un sesgo cognitivo es “un efecto psicológico que produce una desviación en el procesamiento de lo percibido, lo que lleva a una distorsión, juicio inexacto, interpretación ilógica, o lo que se llama en términos generales irracionalidad, que se da sobre la base de la interpretación de la información disponible, aunque los datos no sean lógicos o no estén relacionados entre sí.”

Dicho más sencillamente, un sesgo cognitivo es un fallo en la manera en que procesamos o valoramos la información que se nos ha dado.

¿Cuáles son algunos de estos sesgos cognitivos?

El sesgo de confirmación. Como dice George Dvorsky en su artículo The 12 cognitive biases that prevent you from being rational (Los 12 sesgos cognitivos que impiden que usted sea racional): “A nosotros nos encanta estar de acuerdo con los que están de acuerdo con nosotros.”

Eso lleva a que, sin darnos cuenta, hacemos referencia a informaciones que confirman nuestro punto de vista e ignoramos o descartamos cualquier cosa que difiera con nuestro punto de vista.

La Falacia del jugador. Este sesgo se basa en la creencia de que las probabilidades de que algo suceda cambian dependiendo de los desenlaces recientes. Por ejemplo, todos sabemos que tirar un dado es un acto completamente aleatorio. Sin embargo, si alguien tira un dado dos veces y ambas veces le sale el número seis, algunos pensarán, “Pues, de seguro que no puede salir seis otra vez,” mientras que otros razonan, “Parece que el seis está de suerte, probablemente salga otra vez.”

No obstante, la realidad es que la probabilidad sigue siendo igual, el seis siempre tendrá una probabilidad de 1:6 para salir, sin importar los resultados anteriores. Mucho aplican este mismo razonamiento falso pensando que experiencias pasadas afectarán acontecimientos futuros.

Esos son solo dos ejemplos, pero hay muchos más de tales sesgos que afectan nuestra manera de percibir las cosas. Es bueno estar consciente de que existen, así no nos engañaremos pensando que somos dueños de la única verdad absoluta.

Imagen cortesía de Marta … maduixaaaa