El psicoterapéuta

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 25 noviembre, 2015
Jesús López · 27 abril, 2013

“El objetivo de una comunidad que verdaderamente diera salud, una comunidad de libertades, debe ser una situación en la cual las personas puedan estar juntas de modo que sea realmente posible dejar a solas a cada uno de sus miembros.”

David Cooper

En nuestra sociedad estamos totalmente condicionados para soportar la interferencia de los demás, y nos faltan las condiciones para el desarrollo completo de la capacidad de estar solos, algo absolutamente necesario y saludable. El estrés prolongado, llamado también distrés, ya que no es un estrés adaptativo para sobrevivir, puede somatizarse en multitud de síntomas.

Sin embargo, el enfermo psicosomático, que busca alivio a sus síntomas o algún remedio para su padecimiento, acude al médico de familia. El médico de familia, al no encontrar causa anatómica o fisiológica a su sufrimiento, lo remite a otros especialistas, terminando el enfermo en la consulta de un psiquiatra o de un neurólogo. Esto causa gran malestar en el enfermo, pues generalmente piensa que tiene alguna enfermedad muy complicada o muy grave, o bien, que su médico es un irresponsable y no es competente en su profesión. En todo caso, se niega a catalogarse como enfermo mental, y seguramente lleve razón, porque no lo sea, pero ha pedir ayuda a un psicoterapeuta.

El psicoterapeuta, para ser eficaz en su trabajo ha de estar libre de preocupaciones en el momento en que atiende la consulta, pues si no es así, no tendrá la atención suficiente en su trabajo y se le vendrán a la mente preocupaciones ajenas a su terapia.

El psicoterapeuta debe liberar los miedos, las inhibiciones, las inseguridades, los narcisismos o los intereses inadecuados de su paciente. Debe escucharlo, porque éste tiene la necesidad de sentirse escuchado y ello le aporta un sentimiento de sentirse valioso, de mejora de la autoestima. Cuando una persona es escuchada se siente importante, valiosa, estimada, querida.

La curación es la andadura en la verdad, tanto del paciente como del psicoterapeuta, y esto exige a ambos honestidad, compromiso, autenticidad, sinceridad y revisar las influencias nocivas sufridas por el paciente, bien sean personas, elementos del ambiente o dramas y situaciones reales.

Pero paradójicamente, tras este camino recorrido, el enfermo que ha venido a curarse se marcha frustrado.