El síndrome de abstinencia emocional

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Alicia Escaño Hidalgo
· 31 mayo, 2019
Señalamos las principales manifestaciones del síndrome de abstinencia emocional. Además, hablamos de cómo la aceptacion del proceso de duelo es la llave que nos transporta a la sanación y al crecimiento.

El síndrome de abstinencia emocional es la reacción del organismo al perder un reforzador de origen emocional y fuente de sensaciones agradables. Cuando el cerebro se acostumbra a recibir ese reforzador de forma constante y de repente, se queda sin él, pone en marcha una serie de mecanismos fisiológicos que tienen el objetivo de que el sujeto vuelva a administrárselo.

Al igual que ocurre con las drogas que todos conocemos -alcohol, tabaco, heroína…-, en la dependencia de tipo emocional también podemos encontrar todos los componentes que definen una adicción, a saber: tolerancia (cada vez necesito una dosis mayor para sentir los mismos efectos), dependencia (no puedo vivir sin la dosis) y abstinencia (si me quitan la dosis lo paso realmente mal).

Tenemos que conocer que la dependencia de tipo emocional se rige por los mismos mecanismos cerebrales que las drogas: los llamados centros del placer . Estos centros se sitúan concretamente en la región mesocorticolímbica del cerebro y en ellos es donde se produce el pico más alto de dopamina.

Este circuito se activa normalmente con estímulos que se relacionan con la supervivencia y nos generan gratificación, por ejemplo la comida. Pero también pueden ser activados por sustancias, personas u objetos que nos provocan satisfacción solo a corto plazo: las drogas, una relación sexual, etc.

El problema reside en que el cerebro no es tan ávido como para distinguir si lo que tengo en frente y activa mi circuito del placer es beneficioso para la supervivencia o podría causarme daños a largo plazo.

Por ejemplo, si somos dependientes emocionales de una persona en particular, nuestro organismo generará una serie de reacciones -el síndrome de abstinencia emocional- encaminadas a conseguir que esa persona esté cerca. Esto activará nuestro circuito del placer a corto plazo. Lo que ocurra a largo plazo, ya es «otro cantar» y no depende tanto de nuestro cerebro primitivo, sino del más desarrollado.

Pareja abrazada con los ojos cerrados

¿En qué consiste el síndrome de abstinencia emocional?

Cuando alguien sufre de dependencia emocional realmente cree que la persona de la que es dependiente le otorga sentido a su vida o bien que sin ella no podría funcionar o ser feliz. Subyugados a esta creencia, los dependientes emocionales pueden sufrir de una manera espantosa cuando tiene lugar la pérdida de ese ser tan sobrevalorado. Es en ese contexto donde aparece el síndrome de abstinencia emocional.

La persona reacciona, siente que no puede aceptar de ninguna manera que su medio de felicidad y seguridad se esfume y, por lo tanto, emprende una serie de conductas que van encaminadas a restaurar esa pérdida.

Las conductas, evidentemente, están impulsadas por un sentimiento de soledad muy desagradable a la vez que intolerable mezclado con buenas dosis de ansiedad, como si a la persona se le fuese a terminar la vida.

Algunas de las conductas disfuncionales que puede provocar el síndrome de abstinencia emocional son las siguientes:

  • Mirar el móvil compulsivamente. Cuando alguien se queda sin su refuerzo diario -la persona de la que depende- es muy probable que se pase los días pendiente del teléfono, mirando las redes sociales para ver si está o no en línea, si está hablando con otra persona, etc. Es como un intento de control fantasioso que el dependiente lleva a cabo. El problema es que es una conducta que actúa como refuerzo negativo y por lo tanto, perpetúa el problema.
  • Llamar a la persona compulsivamente. Otra de las conductas impulsivas que la persona en síndrome de abstinencia emocional puede hacer es telefonear a esa persona de manera compulsiva. Es un intento de que esta vuelva a su lado y le administre esas «dosis de cariño» que su organismo está demandando.
  • Salir a buscar a la persona bajo cualquier circunstancia: A veces la persona que está con síndrome de abstinencia siente tanto malestar que sale a la búsqueda de su «reforzador» sea en la circunstancia que sea. Todo vale: va a buscarlo al trabajo, al bar en el que se ha enterado que está con sus amigos, a su propia casa… lo que sea, con tal de que amaine la desagradable abstinencia.
  • Amenazar con hacerse daño a uno mismo. Desgraciadamente en ocasiones es común que el dependiente emocional amenace con hacerse daño o llevar a cabo un suicidio. Aunque las amenazas de este tipo siempre deben tenerse en cuenta, la solución al problema no es que la otra persona vuelva a la relación, ya que esto no hace más que reforzar la adicción.
  • Ser agresivo con la persona perdida. En un intento desesperado de controlar el panorama, el dependiente emocional puede incluso ser agresivo a nivel verbal o físico con la persona que ha abandonado la relación. El fin último es volver a conseguir esa «droga» y aplacar la temida abstinencia. Para ello, cualquier cosa es válida.
  • Engañar a otros. Las personas con dependencias, en general, suelen recurrir al engaño. Su entorno más cercano les suele aconsejar de que dejen esa relación que es tóxica, pero no les suelen hacer ningún caso. Por lo tanto, una manera de librarse de aquello que no quieren escuchar, es engañar a sus familiares o amigos y a la vez, a sí mismos.
  • Dejar de lado a otras personas que nos quieren de verdad. Un dependiente hace cualquier cosa con tal de tener su reforzador cerca. Si tiene que suspender planes con otras personas o dejar de quedar con amigos y familiares, lo hace. En este sentido, hay que tener en cuenta, que su abstinencia es mucho más poderosa que su raciocinio y que no actúa así porque el entorno no les importe, si no porque tienen un problema de adicción.

Mujer mirando el móvil

La clave está en la aceptación de la abstinencia

El síndrome de abstinencia emocional no es más que el duelo que necesariamente tenemos que experimentar para poder sanar nuestras heridas. Sufrir la pérdida de un ser amado entraña casi tanto dolor como un fallecimiento.

Nos vemos obligados a renunciar a ese reforzador, aceptar que ya no está en nuestra vida y a empezar, en cierto modo, desde cero. Es la única manera que tiene el cerebro de aceptar que esa persona ya no pertenece a nuestra vida y que debe de seguir el camino en «soledad«.

Aunque es cierto que es un proceso muy complicado y que requiere tiempo, es importante que sepamos que cuanto antes lo hagamos, será mucho mejor. Ponernos tapaderas y tiritas por el camino, para lo único que funciona es para prolongar el sufrimiento.

Para poder llegar a esa curación que lleva consigo la aceptación, debemos estar dispuestos a atravesar ese túnel oscuro de emociones. Para ello, el primer paso es no demonizar a estas emociones, sino tolerarlas como eventos normales de un ser humano vivo que ha sufrido por una pérdida.

Es sano abrirse a la experiencia emocional, llorar, enfadarse, aislarse a veces y luego, resurgir de las cenizas como un ave fénix. De esta manera, habremos aceptado ese síndrome de abstinencia emocional y en última instancia, habremos crecido como personas, llevándonos con nosotros un valioso aprendizaje de vida.

Riso, W. ¿Amar o depender? Cómo superar el apego afectivo y hacer del amor una experiencia plena y saludable. Editorial Planeta/Zenith