El síndrome de burnout en los profesionales de la salud

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 7 marzo, 2018
Sara Clemente · 7 marzo, 2018

Cada vez son más los empleos que se desarrollan en contacto con otras personas. Entre ellos y en particular, los relacionados con el sector sanitario. No obstante, las exigencias de esa constante cercanía y del intercambio interpersonal pueden tener efectos secundarios muy negativos. Uno de ellos es el conocido como síndrome de burnout en los profesionales de la salud.

El burnout se puede definir como una reacción emocional que surge fruto del ambiente organizacional o laboral. Está caracterizado por tres síntomas principales: agotamiento emocional, despersonalización y falta de realización personal. Además, tiene secuelas negativas, tanto para la empresa en la que trabaja la persona como para su propia salud física y mental.

Este síndrome afecta a un amplio abanico de profesionales sanitarios. Desde nutricionistas, médicos, enfermeros, farmacéuticos, psicólogos o psiquiatras hasta terapeutas ocupacionales y familiares, trabajadores sociales, consejeros matrimoniales y personal administrativo.

¿Cómo afecta el humor al trabajo?

Los estados de ánimo tienen una incidencia directa sobre nuestros pensamientos y conductas. Según el estado en el que nos encontremos, nuestros juicios y decisiones se verán más o menos perjudicados, sintiéndonos habilitados de una manera u otras para realizar las tareas o problemas con distinta actitud.

Médica cansada con las manos en la cabeza

Si tenemos problemas personales que nos condenan a una especie de estado de ansiedad perenne, nuestro desempeño profesional se puede ver seriamente perjudicado. Esto sucede incluso cuando esos problemas no tienen nada que ver con el trabajo en sí. Estamos distraídos, poco concentrados, susceptibles, imprecisos…

Ya de por sí, tratar de concentrarnos en el trabajo cuando nuestra cabeza está ocupada en otros asuntos es difícil. Pero si encima en nivel de concentración que nos exige nuestro trabajo es alto, la cosa se complica aún más.

El estado de ánimo positivo se asocia con mayores niveles de creatividad innovación y una mayor flexibilidad cognitiva.

-Isen-

Nuestros recursos atencionales son limitados, por lo que notaremos aún más los efectos negativos de un estado de ánimo decaído en tareas que requieran de un gran esfuerzo cognitivo. La dificultad aumenta si a nuestro batido mental añadimos los “pensamientos rumiativos” posteriores generados por la situación emocional.

Síntomas del síndrome de burnout en los profesionales de la salud

Varían según la persona, las circunstancias personales y las características propias de su puesto de trabajo. Eso sí, normalmente uno de los primeros signos de alarma es la dificultad para levantarnos por la mañana o el cansancio crónico.

Además de esta señal, este síndrome, también conocido como de desgaste profesional u ocupacional o del trabajador desgastado, consumido o quemado, genera otro tipo de síntomas:

  • Psicosomáticos: cefaleas, malestar gástrico, insomnio, palpitaciones, fatiga crónica, dolores en el pecho, hipertensión, resfriados frecuentes y aparición de alergias.
  • Conductuales: absentismo laboral, cinismo, apatía, hostilidad, suspicacia, sarcasmo, pesimismo, irritabilidad, ansiedad generalizada y focalizada en el trabajo.
  • Emocionales: frustración, aburrimiento, distanciamiento afectivo, ansiedad, impaciencia, desorientación y sensación permanente de impotencia.

Factores que favorecen el burnout

Algunos factores que favorecen la aparición del síndrome de burnout en los profesionales de la salud están muy relacionados con la ocupación en sí. De manera especial, son causa aquellos que requieren de interacciones humanas de carácter intenso, duradero o frecuente que producen picos muy altos de estrés o un nivel de estrés sostenido muy alto.

Además, que la persona esté muy comprometida con su trabajo y que tenga unas expectativas altas referidas a su desempeño hace que aumente la probabilidad de burnout. Además, este síndrome es más frecuente en las mujeres que en los hombres.

Por su parte, Pines, Aronson y Kafry (1981) consideran que el origen principal de esta patología es el tedio ocupacional. De él, consideran, se derivarían una serie de consecuencias emocionales motivadas por:

  • Características internas del trabajo: turnos laborales, horario, seguridad y estabilidad en el puesto, antigüedad profesional, incorporación de nuevas tecnologías en las organizaciones, nivel de autonomía, significación de éxito, salario, retroalimentación…
  • Características externas y personales: baja tolerancia al fracaso y la frustración, necesidad de control, indispensabilidad laboral, ambición, impaciencia o excesivo perfeccionismo y competitividad.

 

“El burnout es un estado de agotamiento físico, emocional y mental causado por la implicación continuada de una persona en situaciones que le afectan emocionalmente”.

-Pines, Aronson y Kafry-

Médico agotado emocionalmente

La triada dimensional del burnout

Maslach y Jackson, a través de su cuestionario Maslach Burnout Inventory (MBI), consideran que el síndrome de burnout en los profesionales de la salud es el resultado de la interrelación de tres aspectos o dimensiones:

  • Cansancio emocional: agotamiento emocional producido por las exigencias laborales.
  • Despersonalización: grado de indiferencia y apatía frente a la sociedad, por el que el profesional sanitario se siente observador externo de sus propias vivencias.
  • Baja realización personal: sentimientos de éxito, plenitud, autonomía y autorrealización.

No obstante, el diagnóstico diferencial debe hacerse conjuntamente con otros dos síndromes: el depresivo y el de fatiga crónica, así como los sucesos de crisis. Señalar que durante los últimos años, el síndrome de burnout en los profesionales de la salud ha aumentado su prevalencia. Esto refleja la relevancia del estrés sobre la salud, especialmente en el terreno laboral y sanitario.

En prevención, si estamos en una situación de riesgo, haríamos bien en informarnos sobre este síndrome. Además, también sería positivo hacernos con diferentes herramientas, como pueden ser las estrategias de afrontamiento o la mejora de las habilidades comunicativas, que nos harán más resistentes.

Por parte de las instituciones o empresas, ayudará el fomento del trabajo en equipo y la supervisión de las condiciones laborales periódicamente, siendo una buena idea hacer cursos y talleres esencialmente prácticos para aquellos que tienen que realizar trabajos de una gran responsabilidad y en contacto constante con otras personas.