El síndrome de salomón- los hijos ante la separación de los padres

29 julio, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater
La separación de una pareja con hijos implica en muchos casos, que estos últimos evidencien lo que se conoce como síndrome de Solomón. Los pequeños de pronto, se baten entre dos afectos, entre dos hogares y dos modos de crianza...

La separación de los padres tiene en los hijos un efecto profundo y multidimensional. Un divorcio, una ruptura, el fin de la convivencia en una pareja con niños, supone afrontar en gran parte de los casos una dinámica muy común que los expertos denominan síndrome de Salomón. Se da cuando ese pequeño debe asumir de pronto no solo esa separación, sino también dos formas de vida.

Esta condición implica experimentar una serie de emociones, alteraciones y sentimientos ante una realidad para la cual no están preparados. De pronto, su mundo se desdobla y aparecen dos hogares, dos estilos de educación, dos tipos de crianza y una serie de códigos psicoafectivos que un niño no siempre es capaz de procesar.

Expertos en psicología infantil denominan a esta realidad el fenómeno del niño partido en dos. Asimismo, también aparece un tercer factor no menos importante. Los padres, esa pareja que acaba de romper su relación, afronta también su propio naufragio emocional y personal. Así, el hecho de afrontar su propio caos psicológico ante esa nueva etapa, no siempre les permite estar tan disponibles o atentos a ese o esos niños que no acaban de entender qué está sucediendo.

Son sin duda situaciones muy complejas donde los retos son infinitos, pero donde a su vez hay un hecho innegable: los hijos no se divorcian, nuestros pequeños necesitan nuestra mejor atención en esos momentos.

Una relación afectiva a menudo, tiene fecha de caducidad. Esto es algo que no podemos prever. Sin embargo hay algo que no termina, y es nuestra responsabilidad con los hijos.

Padre sobreprotegiendo a su hijo

Qué entendemos por el Síndrome de Salomón

Cuentan las historias bíblicas que dos madres peleaban por un niño, arguyendo cada una que era hijo suyo. Fueron a ver al sabio rey Salomón que decidió, al ver el problema, cortar al niño en dos para repartir a partes iguales. La historia termina con el llanto de la auténtica madre a la que fue devuelto su hijo, lógicamente, entero.

En este marco, vemos el reflejo de nuestra actualidad: los padres se separan y el niño, dividido entre dos afectos, sufre el síndrome de Salomón (Barbero y Bilbao, 2008).

El fin de una relación vista desde la mirada infantil

Independientemente de que la separación paternal sea más o menos traumática, el periodo de adaptación desde que se produce la separación hasta que se adquiere una nueva rutina, lleva aparejada un conjunto de alteraciones emocionales y sentimientos contrapuestos para los niños que ven como su estructura familiar cambia drásticamente.

Prestar atención a estos síntomas es la pieza clave para evitar trastornos psicológicos de mayor calado.

Emociones y vivencias sobre la separación de los padres

Lógicamente según la edad, el síndrome de Salomón toma una forma u otra.

  • La comunicación va a ser siempre la clave para mejorar la situación. Especialmente hay algo que nunca puede ser olvidado: los sentimientos de tristeza, abandono o culpabilidad que puedan sentir los niños deben ser expresados y escuchados.
  • Regresiones, ansiedad, confusión emocional y lucha de lealtades son sentimientos comunes que hay que sacar al exterior.
  • Para un niño pequeño la separación de los padres es vivida sólo como separación física y la suelen sentir como si fuese algo temporal. Con su pensamiento egocéntrico se sienten tremendamente culpables al pensar que ellos han provocado la ruptura.

A medida que el niño se adentra en la adolescencia, su mayor desarrollo intelectual y emocional, le permiten considerar las situaciones producidas y comprender motivos; siguen de todos modos buscando la culpa, esta vez en los propios progenitores o en situaciones externas.

De cualquier modo, no sólo es la edad la que marca la vivencia de la separación. Factores como los cambios que dicha separación provoque en su vida, el modo en que los padres y el entorno cercano vivencia el problema y la propia personalidad del niño componen un puzzle para el que no hay recetas.

Comunicar a los hijos la separación

El síndrome de Salomón se produce inevitablemente, pero en manos de los adultos queda que su superación sea más o menos rápida. Y uno de los factores que marca el principio del fin es cómo los padres se comunican con sus hijos.

  • No hay un momento idóneo para contarlo. Es verdad lo que siempre se dice: los niños tienen una receptividad emocional enorme y probablemente lleven tiempo captando la incomodidad entre los padres y las discusiones. Pero, eso no quiere decir que entiendan que la ruptura definitiva va a producirse, así que hay que hablar expresamente sobre el tema.

Claves en la comunicación

Lo primero es que el niño entienda la separación. No se trata de hacerlo partícipe de culpas, quejas y riñas, sino que se trata de que comprendan que los padres ya no se llevan bien y han decidido terminar con la relación, potenciando la idea de que nadie tiene la culpa y de que va a ser para siempre.

Lo segundo es observar los sentimientos y comportamientos de los niños, pidiendo ayuda psicológica precoz si se observa un exceso de culpabilidad o confusión.

Lo tercero es llegar a un equilibrio entre la necesidad de mantener unas normas comunes en ambas casas, que el niño sepa que siempre se deberán cumplir y la necesidad de crear rutinas diferentes a las que había antes, puesto que la situación ha cambiado.

En suma, una separación es siempre un momento de dolor, pero cualquier situación traumática conlleva una necesaria adaptación. Es en el camino hacia la vuelta a la normalidad en lo que hay que ayudar al niño, de forma que se palien en la mayor medida posible los síntomas del síndrome de Salomón.