El síndrome de Stendhal

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 17 abril, 2018
Sara Clemente · 17 abril, 2018

Si eres amante del arte y te sobrecoges ante una preciosa obra o se te ponen los pelos de punta al entrar en un prestigioso museo, ¡enhorabuena! Es algo totalmente normal. No obstante, hay ciertas personas extremadamente sensibles que, ante estas situaciones, manifiestan los síntomas del síndrome de Stendhal o también conocido como síndrome de Florencia, el estrés del viajero o la enfermedad de los museos.

Este peculiar síndrome se desencadena tras la observación de obras de gran belleza. La historia de su descubrimiento además de casual, es muy curiosa. Casi tanto como el fenómeno en sí. ¡Te invitamos a conocerla!

Su origen: el arte de Florencia

En 1817 Henri-Marie Beyle, un afamado y prestigioso escritor francés, se encontraba recorriendo Italia, con el objetivo de recoger información para su próximo libro. ¿Adivináis el pseudónimo de este autor? ¡Stendhal!

Durante su visita a Florencia, recorrió cada rincón de la ciudad. Se quedó maravillado por el arte que desprendía cada poro de sus calles: museos, iglesias, cúpulas, paisajes, tejados, esculturas, fachadas, frescos… Beyle quería disfrutar de toda ella.

Cuando estaba visitando la Basílica de la Santa Cruz, su perplejidad, éxtasis y entusiasmo desencadenaron una serie de malestares físicos. Sobre todo, sudores fríos y una sensación de profunda angustia. Su corazón se aceleró y empezó a tener vértigo. Tuvo que sentarse y reposar de forma inmediata y una vez calmado, reflexionó.

Florencia

Como posteriormente narró en su libro Nápoles y Florencia: Un viaje de Milán a Reggio, su propia experiencia proporcionó a la psicología y a la medicina una valiosa información, que arguyó en los siguientes términos:

“Había llegado a ese grado de emoción en el que se tropiezan las sensaciones celestes dadas por las Bellas Artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de Santa Croce, me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme“.

Su crucial y detallada descripción del fenómeno hizo que posteriormente se conociera como síndrome de Stendhal, en honor al descubrimiento de su cuadro sintomatológico.

Síntomas del síndrome de Stendhal

No fue hasta un siglo después cuando se consideró por primera vez como un síndrome. En 1979, la psiquiatra italiana Graziella Magherini investigó y estudió una centena de casos parecidos de turistas en Florencia. Observó que el conjunto de síntomas que tenían se podría resumir en una bonita metáfora: una especie de “empacho artístico”.

Esta sintomatología se trataba de taquicardias, sudoración, palpitaciones, sofocos, temblores, tensión emocional y agotamiento. Y en casos más graves, mareos que derivaban en vértigos o incluso, depresión.

Algunos consideran el síndrome de Stendhal como una enfermedad psicosomática, debido a la relación bidireccional que existe entre la mente y el cuerpo. En este caso, el sobrecogimiento emocional causaría los síntomas físicos descritos anteriormente. Otros, lo clasifican como una situación anímica. Así, además de ser puntual, su origen lo atribuyen a la observación de una gran belleza en un breve período de tiempo. De esta forma, el síndrome de Stendhal sería como un shock artístico.

¿Puede sufrirlo cualquiera?

Los síntomas puede padecerlos cualquier persona. Todos podemos sentirnos agotados, mareados o incluso, que nuestras pulsaciones aumenten en un momento determinado. Además, ese instante puede coincidir o no con que nos encontremos admirando una obra de gran belleza. Es, por tanto, un síndrome muy inusual.

Suele ocurrir a turistas y visitantes de ciudades muy sensibilizados con el arte y cuyo motivo principal del viaje es su admiración. Normalmente, comienza en lugares que les embelesan y que, por alguna razón, encierran un significado emotivo muy intenso para ellos.

Polémica: ¿mito o realidad?

A lo largo de las últimas décadas, el síndrome de Stendhal se ha convertido en un referente de la reacción de los individuos al ser expuestos a obras de arte. En particular, cuando son especialmente hermosas o se encuentran expuestas en gran número en un mismo sitio. Pero, como casi todo, no está exento de polémica.

No cabe duda que cuando escuchamos una canción que nos trae preciosos recuerdos, no podemos evitar emocionarnos. Tampoco que nuestros pelos se pongan de punta cuando acudimos a una obra de teatro. Algo nos mueve por dentro. El arte es emoción.

A pesar de estar reconocido por una mayoría de los psicólogos clínicos, otros se plantean interrogantes, lo ponen en duda y lo consideran un simple mito. Estos últimos creen que el síndrome de Stendhal es pura sugestión, es decir, solo está en la mente. Por otro lado, los más escépticos creen que el inconsciente de los visitantes de la ciudad les juega malas pasadas. Su sugestión les lleva a sentir distintos síntomas.

Durante los últimos años ha aumentado mucho el turismo en Italia, se ha popularizado y democratizado el arte y los casos de este fenómeno se han triplicado en los hospitales de Florencia. De ahí, el nombre de síndrome de Florencia.

Mujer en el museo

¿Motivación económica?

Florencia fue la cuna del Renacimiento y continúa siendo una de las ciudades más bonitas y que mayor historia artística encierra. Por eso, la comunidad científica está preocupada por los posibles intereses económicos que pueda haber detrás de este fenómeno como la intención de atraer más visitantes, aumentar la recaudación o una mayor extensión de la reputación de su belleza.

Y tú, ¿qué piensas? ¿Es solo una manera de acaparar la atención de nuevos turistas o quizás, apreciar obras de arte durante períodos cortos de tiempo puede causar estas alteraciones físicas?