El síndrome del retardo crónico

26 Mayo, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por el psicólogo Marcelo R. Ceberio
Hay personas que siempre llegan tarde, es imposible que sean puntuales. Ahora bien, ¿qué hay detrás de este comportamiento?

Ser impuntual de forma crónica es una actitud mal vista a nivel social. En general los impuntuales están catalogados de irrespetuosos y se suele escuchar eso de “es muy buena persona, ¡lástima que es impuntual!”.

En ese sentido, son vistos como poco confiables a la hora de adoptar responsabilidades y cuando repiten sus tardanzas, una y otra vez, son rotulados y atrapados por el cartel de impuntuales. Su retardo crónico se convierte en un vía crucis para su círculo cercano, puesto que hagan lo que hagan es extraño que lleguen a la hora acordada. 

Elogio de la puntualidad

La puntualidad ha pasado a ser un valor, sobre todo en estos tiempo modernos en los que vivimos en un caos continuo y necesitamos poner cotos de orden para mantenernos de alguna manera organizados. 

Ser puntual es una característica que implica estar a tiempo en el lugar adecuado para cumplir nuestras obligaciones, desde una reunión con altos gerentes de la empresa, hasta llevar a los hijos al colegio o ir a cenar con amigos. 

Toda la vida se rige por tiempos: entramos al trabajo a una hora determinada y salimos a otra; hay horas para el dasayuno, el almuerzo, la merienda y la cena; hay horas para meterse en la cama, ducharse o escuchar música, para el tiempo libre, para las salidas, para… Todos son horarios para todo.

Los puntuales no solo llegan a tiempo a todas partes, sino que suelen llegar unos minutos antes y si por alguna arbitrariedad llegan pasada la hora prefijada de reunión -1, 2, 3, 4, minutos- pueden desencadenar un conflicto como si hubiesen cometido el peor de los errores. Es cierto que la puntualidad es respeto hacia los demás y nos hace previsibles en los encuentros porque se transmite confianza.

Las personas puntuales se muestran responsables, serios, respetuosas y eficientes.

Cuando imaginamos a los puntuales, pensamos en personas correctas, organizadas en su vida, hasta con un toque de rigidez. Prolijos y estructurados. Aunque no necesariamente los puntuales son así. Tampoco lo contrario de la imagen de los impuntuales: vagos, irresponsables, irrespetuosos del tenor de “me importan un cuerno los demás”, “yo llego a la hora que me da la gana”… 

Chico con el síndrome del retardo crónico

Maldita impuntualidad

Los impuntuales se llevan todos los premios a la hora de ser caratulados y descriptos por su entorno. Pueden ser caracterizados como excelentes profesionales, madres abnegadas, eficientes trabajadores, pero… ¡son impuntuales!

La mayoría de las críticas hacia la impuntualidad señalan que quienes la practican desaniman a sus compañeros de trabajo porque parece que no se comprometen con la tarea o tienen faltas de interés y seriedad. Por ello, pueden original tensiones en las relaciones. 

Es común que los impuntuales lleguen a una reunión -tarde por supuesto- y que encuentren un ejército de asesinos seriales que los miran con pasión destructiva y aniquilante. Sin embargo, ellos ya están habituados y pueden llegar agitados como si hubiesen tenido que pasar un ejercito de francotiradores en plena guerra, dando miles de excusas o arribando con una sonrisa como si hubiesen llegado con la máxima corrección de horario.

Son numerosas las recomendaciones que reciben los impuntuales. Todas soluciones intentadas fracasadas, puesto que el retardo crónico es un síndrome difícil de erradicar si se ha sistematizado en la vida del protagonista y del entorno.

Algunas de las sugerencias que aparecen no solo de manera verbal sino escritas en artículos de autoayuda describen comportamiento como: analiza introspectivamente el motivo por el que llegas tarde; adelanta el reloj; comienza a prepararte una hora antes de la que normalmente estipulas; establece de manera correcta tus prioridades; levántate más temprano de lo habitual; elabora por escrito un cronograma…

Diane DeLonzor, experta en el tema de la impuntualidad, escribió una especie de tratado sobre el tema Never be late again (No vuelvas a llegar tarde). En él expone numerosos detalles y explicaciones sobre la impuntualidad desde las perspectivas psicológicas y fisiológicas. 

Además, DeLonzor realizó una prueba muy interesante. Solicitó a  un grupo de personas puntuales e impuntuales que leyeran una parte de un libro y se frenaran cuando creyeran que llevaban un minuto haciéndolo. El resultado fue que los puntuales paraban antes (con una media de 58 segundos) y los impuntuales un poco más tarde (77 segundos).

Características del síndrome del retardo crónico

Hay algunas características generales en los que poseen este síndrome que va más allá de ser una actitud voluntaria. En principio, el retardo crónico tiene características de adicción a la adrenalina, ya que a los impuntuales les produce placer estar al filo del tiempo.

Su amígdala cerebral, una especie de alarma emocional de nuestro cerebro, se activa al detectar el riesgo que implica llegar tarde y se pone en marcha el eje hipotalámico-hipofisiario que activa la glándula suprarrenal y segrega al torrente sanguíneo cortisol y adrenalina. Tal y como ocurre en las personas con ludopatía o los deportistas de riesgo. Se tensan, se activan a nivel cerebral y experimentan una aceleración del pensamiento, como si hubiesen consumido cocaína. 

Por ello, son sumamente creativos a la hora de inventar nuevas excusas por el retardo. Tienen la habilidad de encontrar nuevos pretextos a su tardanza y la culpa se la echan a todos los factores por los que se enojaron en el trayecto.

La gente que los conoce ya tácitamente sabe que pondrán una excusa a su tarde llegada y se inmunizan: “tómalo o déjalo”, tras infructuosas fórmulas por tratar de mejorar la puntualidad del impuntual. En este sentido, son inimputables, porque la gente termina ajústandose a sus horarios. Todo es laxo y flexible con ellos.

Eso sí, los impuntuales crónicos no se sienten irrespetuosos, no piensan que están jugando o usando el tiempo de los otros, no tienen consciencia, es mas fuerte la adicción y su déficit en el manejo del tiempo. Por eso, se perpetúan en su rol.

Esta distorsión del tiempo consiste en errar sobre la duración de una actividad. Casi siempre piensan que una tarea dura la mitad del tiempo real de lo que es posible realizarla. “Tardo 10  minutos en llegar” y en realidad son 20; “¿cuánto me puede llevar hacer esto? 15 minutos“, cuando lleva 30.

La mayoría de las personas con el síndrome del retardo crónico quieren hacer más de lo que el tiempo les permite. El problema es que sus acciones impactan en los demás, aunque esta medida del tiempo es para consigo mismo. 

Algo muy curioso es que para un impuntual no hay peor cosa que otro impuntual. Los impuntuales si por alguna casualidad de la vida llegan a tiempo y el otro se retrasa, no lo toleran: no aceptan su propia medicina. Cuando esperan desesperan.

Jefe enfada por la impuntualidad de su empleada

Algunos tipos de impuntuales

Están los impuntuales narcisistas-pedantes que piensan que tienen derecho a llegar siempre tarde porque son importantes y su tiempo vale más que el tiempo del resto de la gente.

Hay impuntuales que poseen un déficit atencional, es decir, llegan tarde por olvidos, problemas de falta de atención, porque no lo registraron en la agenda, porque cuando debían anotarlo estaban pensando en otra cosa.

Incluso también están aquellos que tienen la hiperexigencia de querer hacer todo. No quieren dejar nada para otro día, odian postergar, aunque terminan no cumpliendo o cumpliendo a medias porque el tiempo no les alcanza. Entonces, tratan de exprimir el tiempo hasta las ultimas gotas, agotan las reservas y juegan hasta el límite.

Algunos otros son obsesivamente perfeccionistas, por lo que pasan mucho tiempo acabando y revisando lo que han hecho, tardando finalmente el doble de lo esperable. 

Algunos tardones son personas que han sido desvalorizadas. Estos patitos feos necesitan ser el centro de atención llegando tarde. Otros, no saben decir no, entonces tienen cantidad de ofertas que les exceden en tiempo y por temor a no ser aceptados o queridos abarcan más de lo que el tiempo real se lo permite. Por lo tanto, en lugar de decir “no”, dicen “sí” sin medir si es posible o no. 

También hay impuntuales crónicos que vienen de matrices familiares impuntuales donde la tardanza es moneda corriente. Padres tardones y que por identificación los hijos han aprendido a llegar tarde. Aunque algunos han optado por su contrario: se han vuelto obsesivamente puntuales.

Sea como sea, el síndrome del retardo crónico no se soluciona de manera sencilla con tareas conductuales. Aunque sí colaboran para mejorar si se está sobre el tema y se toma real consciencia de lo que implica la impuntualidad con todos los contratiempos y conflictos que produce.