El sobrediagnóstico en salud mental: ¿cómo y por qué?

Edith Sánchez · 9 febrero, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González el 9 febrero, 2020
Según algunas estadísticas, los trastornos mentales han crecido de forma alarmante. Sin embargo, muchos piensan que no son los trastornos lo que ha aumentado, sino que lo que ha cambiado ha sido la sensibilidad del diagnóstico. La consecuencia es que muchas personas en la actualidad se están medicando para corregir una desviación que no es clínicamente significativa.

El fenómeno del sobrediagnóstico en salud mental tiene que ver con la tendencia a volver patológicos algunos comportamientos que simplemente tienen que ver con un malestar que no se puede catalogar como trastorno. Esto ocurre en el ámbito de la psiquiatría y lleva no solo a diagnósticos erróneos, sino también a medicar cuando no es necesario.

El diagnóstico es desde hace mucho tiempo uno de los aspectos más problemáticos de la psiquiatría. Esto se debe a que se trata de un paso demasiado subjetivo, ya que es el psiquiatra, con base en su observación y unos instrumentos inexactos, quien determina si una persona tiene este u otro trastorno. En esas condiciones hay errores frecuentes que conducen al sobrediagnóstico.

Por otro lado, el instrumento más aceptado como referencia es el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM, por su nombre en inglés). Este, a su vez, es diseñado por un grupo de psiquiatras, casi todos estadounidenses, y la definición e inclusión de un trastorno se decide por votación. Su primera versión incluía solo 60 transtornos; la última, más de 500.

El que solo sabe medicina, ni medicina sabe”.

-José de Letamendi-

Mujer con ansiedad

¿Hay sobrediagnóstico en salud mental?

Todo indica que sí hay sobrediagnóstico en salud mental. Si nos atenemos a la última versión del DSM, los expertos han indicado que el 70 % de la población tendría alguna enfermedad mental y, por lo tanto, ese 70 % tendría que recibir algún tipo de medicación.

El DSM V incluye supuestos trastornos que han sido severamente cuestionados, incluso por los mismos rofesionales. Por ejemplo, incorpora una entidad denominada “Síndrome de riesgo de psicosis”, esto sería algo así como tener rasgos que auguran una alta posibilidad de desarrollar psicosis en el futuro, lo que ameritaría el uso de antipsicóticos.

Virtualmente, todos podríamos padecer de ese síndrome. La mayoría de nosotros ha pasado por alguna situación en la que “está a punto de volverse loco”, pero no se vuelve. Tratar un trastorno que podría presentarse en el futuro (o no) es absurdo. Es como darle medicamentos para la hipertensión al hijo de un hipertenso, porque tiene riesgo de desarrollar esa enfermedad.

Otro ejemplo, de los muchos que contiene, sería el del “Trastorno disfuncional del carácter con disforia”. En castellano simple significa ser huraño, egoísta y poco empático. Esto también ameritaría medicación, cuando en realidad no pasa de exhibir un mal carácter. En el DSM V, si una persona se siente extremadamente triste por más de una semana, tras la muerte de alguien amado, puede ser diagnosticada de depresión.

El malestar y el trastorno

Los límites entre salud y enfermedad en el plano mental no se pueden definir tan puntualmente. Hay que partir de la idea de que “lo normal” es un concepto muy subjetivo y asociado siempre a un contexto específico. También hay que señalar que lo propio del ser humano es algún grado de malestar, porque vivir es transitar la incertidumbre.

Nunca obtendremos todo lo que deseamos y nunca tampoco tendremos un equilibrio perfecto. También todos lidiamos con un grado de malestar porque la muerte existe y esta es una imposición brutal. Nadie escapa a alguna dosis de frustración por circunstancias que no puede cambiar y todos llevamos algún grado de egoísmo o maldad dentro de nosotros.

Es razonable que pasemos por etapas en las que prime la tristeza como otras en las que prime la ansiedad. Todo depende. Para algunos psicoanalistas es perfectamente normal que tengamos hasta tres episodios de psicosis a lo largo de la vida, si hay detonantes específicos. Así que quizás se están abordando como trastornos diferentes malestares que son perfectamente normales y, por eso, hay sobrediagnóstico.

Hombre con malestar

Abordar el malestar y el trastorno

Hasta hace un tiempo, situaciones como un duelo por la pérdida de un ser amado eran acogidas por el entorno inmediato de quien lo padecía. La familia y los amigos se hacían cargo de parte de ese malestar; comprendían como normal que hubiese un tiempo de sufrimiento y este se aceptaba y se toleraba. Hoy en día esos mecanismos de apoyo han ido debilitándose.

Actualmente es mucho más difícil expresar el dolor emocional y con frecuencia quien lo padece se ve solo ante sus circunstancias. Así mismo, bajo la premisa de un mandato de “estar bien” sin límites, muchas personas ya ni siquiera se permiten sufrir. La salida, entonces, es acudir a una pastilla y quien la proporciona es el psiquiatra.

El medicamento cumple con esa función de, bien que mal, ayudar a gestionar el malestar individual y colectivo. El sobrediagnóstico es una realidad de dos vías. En una están los psiquiatras ortodoxos, que solo manejan un campo muy reducido de diagnóstico e intervención. Por otro, quienes sufren y se niegan a entender su dolor. Así, piden una sustancia que les ayude a inhibirlo.

Bianco, A., & Figueroa, P. (2008). Sobrediagnóstico, derechos vulnerados y efectos subjetivos. Ethos educativo, 43, 64-79.