El valor del optimismo

Mariana Luque Santoro · 6 noviembre, 2014

El sentido común y la mayoría de la gente siempre nos han dicho que el optimismo nos ayuda a alcanzar el éxito en nuestra vida. Sin embargo, es posible que no tengamos muchas respuestas lógicas a por qué debe ser así. O tal vez no tengamos claro exactamente cómo podemos ser optimistas para experimentar sus ventajas.

En los últimos años, la investigación en psicología se ha esforzado por conocer mejor qué fortalezas y competencias pueden favorecer una mayor satisfacción personal que nos ayuden a tener una vida plena. Según estos hallazgos, ¡definitivamente, por sus enormes beneficios, el optimismo es un complemento que no podemos olvidar!

“El optimismo es la fe que conduce al logro; nada puede realizarse sin esperanza.”

-Hellen Keller-

¿Qué ganamos con ser optimistas?

Se ha encontrado que las personas optimistas suelen sufrir menos problemas depresivos. Aparentemente, esta cualidad ayuda a protegernos de la visión desesperanzada que caracteriza a este problema y “amortigua” el impacto de las dificultades. A su vez, ayuda a vernos con más capacidad para afrontar los conflictos y sobrellevar mejor el sufrimiento.

Mujer que sonríe con optimismo y un paraguas de colores

Se ha demostrado, además, que el optimismo también parece ayudar a presentar menos enfermedades físicas. Aparentemente, este es un ingrediente fabuloso a la hora de enfrentarse a situaciones estresantes, lo que nos ayuda a compensar sus efectos nocivos sobre la salud.

Asimismo, el optimismo puede favorecer un mejor rendimiento académico, deportivo y una mejor adaptación profesional. Su presencia, nos ayuda a superar las dificultades, a la vez que nos permite construir metas y sueños ambiciosos, que nos mantienen motivados y orientados hacia su logro.

“Si puedes soñarlo, puedes hacerlo.”

-Walt Disney-

¿Cómo actúa el optimismo?

El secreto parece estar en que las personas pesimistas y optimistas utilizan estrategias diferentes a la hora de afrontar situaciones estresantes. En el caso del optimismo, favorece que se empleen mecanismos mucho más eficientes y constructivos al enfrentarnos a los conflictos.

El optimismo promueve que se activen respuestas orientadas a resolver el problema. Esto impide, por ejemplo, caer en el típico error de tratar de “olvidar” o de “huir” de ese elemento doloroso o angustioso, lo cual definitivamente no nos ayuda a buscarle una solución al conflicto.

Los optimistas parecen moverse más fácilmente para resolver lo que les preocupa. Aquellos que tienen pensamientos positivos se sienten más capaces, con más control y probabilidad de éxito.

Una persona optimista hace más para mejorar y piensa menos en su malestar, busca más y mejores soluciones y lo intenta muchas más veces.

Por el contrario, los pesimistas tienden a enfocarse en las emociones negativas que les suscita el problema, quedan “encerrados” en un bucle del que es difícil salir y no les conduce a la solución.

Pero… ¿Cómo ser realmente optimista?

Parece tener mucho que ver con las expectativas. Los optimistas tienen una predisposición a esperar resultados positivos en sus vidas, con una creencia general de que “las cosas van a salir bien” aunque pasen por momentos difíciles. Esta virtud parece desarrollarse en función de la explicación que hemos dado a eventos en el pasado, es decir, cómo interpretamos nuestras experiencias.

Mujer que sopla una flor con optimismo

Las personas optimistas suelen atribuir los acontecimientos positivos a causas permanentes, globales y que se deben a sí mismos. Por ejemplo, cuando son ascendidos en el trabajo lo atribuyen a que la vida es justa y ellos son realmente competentes. Esto ayuda a tener creencias positivas que invitan a aproximarnos al mundo, a experimentar sin miedo y a confiar en nuestras capacidades.

A su vez, los eventos negativos suelen atribuirlos a factores externos, temporales y específicos. Por ejemplo, creen que una actitud hostil de su pareja o un amigo se debe a que posiblemente ha tenido un mal día y lo ha hecho sin pensar. Ello invita a dar una segunda oportunidad, protege la relación con el otro y a nosotros mismos.

Esto es mucho menos doloroso y más fácil de manejar que pensar que todas las personas son crueles y que hay algo malo en nosotros que no nos permite tener buenas relaciones. Por lo tanto, el optimista pone la causa de este evento negativo en algo pasajero y puntual, ¡mañana será otro día!

“El pesimismo lleva a la debilidad y el optimismo al poder.”

-William James-

Aunque el éxito de lo que hacemos depende de muchos factores, parece que puede resultarnos mucho más útil aprender a cambiar las explicaciones que damos a nuestras experiencias. Mantener la esperanza de que las cosas van a mejorar definitivamente nos puede hacer la vida un poco más fácil y ¡más exitosa!