El valor del optimismo - La Mente es Maravillosa

El valor del optimismo

Mariana Luque Santoro 6 noviembre, 2014 en Psicología 294 compartidos
Trébol de 4 hojas símbolo del optimismo

El sentido común y la mayoría de la gente siempre nos han dicho que el optimismo nos ayuda a alcanzar el éxito en nuestra vida. Sin embargo, es posible que no tengamos muchas respuestas lógicas a por qué debe ser así. O tal vez no tengamos claro exactamente cómo podemos ser optimistas para experimentar sus ventajas.

En los últimos años, la investigación en psicología se ha esforzado por conocer mejor qué fortalezas y competencias pueden favorecer una mayor satisfacción personal que nos ayuden a tener una vida plena. Según estos hallazgos, ¡definitivamente, por sus enormes beneficios, el optimismo es un complemento que no podemos olvidar!

¿Qué ganamos con ser optimistas?

Se ha encontrado que las personas optimistas suelen sufrir menos problemas depresivos. Aparentemente, esta cualidad ayuda a protegernos de la visión desesperanzada que caracteriza a este problema y “amortigua” el impacto de las dificultades. A su vez, ayuda a vernos con más capacidad para afrontar los conflictos y sobrellevar mejor el sufrimiento.

Mujer que sonríe con optimismo y un paraguas de colores

Se ha demostrado, además, que el optimismo también parece ayudar a presentar menos enfermedades físicas. Aparentemente, este es un ingrediente fabuloso a la hora de enfrentarse a situaciones estresantes, lo que nos ayuda a compensar sus efectos nocivos sobre la salud.

Asimismo, el optimismo puede favorecer un mejor rendimiento académico, deportivo y una mejor adaptación profesional. Su presencia, nos ayuda a superar las dificultades, a la vez que nos permite construir metas y sueños ambiciosos, que nos mantienen motivados y orientados hacia su logro.

¿Cómo actúa el optimismo?

El secreto parece estar en que las personas pesimistas y optimistas utilizan estrategias diferentes a la hora de afrontar situaciones estresantes. En el caso del optimismo, favorece que se empleen mecanismos mucho más eficientes y constructivos al enfrentarnos a los conflictos.

El optimismo promueve que se activen respuestas orientadas a resolver el problema. Esto impide, por ejemplo, caer en el típico error de tratar de “olvidar” o de “huir” de ese elemento doloroso o angustioso, lo cual definitivamente no nos ayuda a buscarle una solución al conflicto.

Los optimistas parecen moverse más fácilmente para resolver lo que les preocupa. Aquellos que tienen pensamientos positivos se sienten más capaces, con más control y probabilidad de éxito.

Una persona optimista hace más para mejorar y piensa menos en su malestar, busca más y mejores soluciones y lo intenta muchas más veces.
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Por el contrario, los pesimistas tienden a enfocarse en las emociones negativas que les suscita el problema, quedan “encerrados” en un bucle del que es difícil salir y no les conduce a la solución.

Pero… ¿Cómo ser realmente optimista?

Parece tener mucho que ver con las expectativas. Los optimistas tienen una predisposición a esperar resultados positivos en sus vidas, con una creencia general de que “las cosas van a salir bien” aunque pasen por momentos difíciles. Esta virtud parece desarrollarse en función de la explicación que hemos dado a eventos en el pasado, es decir, cómo interpretamos nuestras experiencias.

Mujer que sopla una flor con optimismo

Las personas optimistas suelen atribuir los acontecimientos positivos a causas permanentes, globales y que se deben a sí mismos. Por ejemplo, cuando son ascendidos en el trabajo lo atribuyen a que la vida es justa y ellos son realmente competentes. Esto ayuda a tener creencias positivas que invitan a aproximarnos al mundo, a experimentar sin miedo y a confiar en nuestras capacidades.

A su vez, los eventos negativos suelen atribuirlos a factores externos, temporales y específicos. Por ejemplo, creen que una actitud hostil de su pareja o un amigo se debe a que posiblemente ha tenido un mal día y lo ha hecho sin pensar. Ello invita a dar una segunda oportunidad, protege la relación con el otro y a nosotros mismos.

Esto es mucho menos doloroso y más fácil de manejar que pensar que todas las personas son crueles y que hay algo malo en nosotros que no nos permite tener buenas relaciones. Por lo tanto, el optimista pone la causa de este evento negativo en algo pasajero y puntual, ¡mañana será otro día!

Aunque el éxito de lo que hacemos depende de muchos factores, parece que puede resultarnos mucho más útil aprender a cambiar las explicaciones que damos a nuestras experiencias. Mantener la esperanza de que las cosas van a mejorar definitivamente nos puede hacer la vida un poco más fácil y ¡más exitosa!

Mariana Luque Santoro

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