El valor del reconocimiento

Ana Elisabet Amarilla · 9 enero, 2019
Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas el 9 enero, 2019
El reconocimiento de los demás es de suma importancia para la constitución de nuestro yo (self). Una muestra de ello: cuando nacemos, comienza nuestro proceso de culturización a partir de la dinámica relacional que se construye con el otro.

El reconocimiento es una parte muy importante de nuestra constitución, precisamente por la contribución que realiza a nuestro bienestar. Al vivir en sociedad, esperamos el reconocimiento del otro en cuanto a referencia (fuente de información) y refuerzo de nuestra manera de actuar, pensar o proponernos (actitud) frente a una situación.

Precisamente, en la constitución de una persona, el otro condiciona la imagen que esta se forma de sí misma, sobre todo, durante los primeros años de vida. Además de aliento, el niño necesita sentirse protegido frente a las inclemencias del tiempo, amor, cariño y respeto.

De este modo, se va conformando su psique de una manera saludable, a corto y largo plazo. El exterior será un regulador esencial de sus deseos y necesidades; un ecosistema al que deberá adaptarse para sobrevivir en sociedad.

Como vemos, el otro juega un papel esencial en las diferentes etapas de la vida. Al nacer, los padres/tutores juegan un papel fundamental. Cuando pasamos a etapas posteriores, el círculo de influencia se amplía, de manera que nunca dejamos de ser sensibles a la actuación de los demás. Además, dentro de lo que otros nos dan o nos quitan, podemos situar al reconocimiento, que en muchos casos actúa como un reforzador de una conducta y de la idea que tengamos del propio yo.

Padres con su hijo

¿Cuáles son las ventajas del reconocimiento?

Algunas de las ventajas del reconocimiento son las siguientes:

  • Favorece un desarrollo saludable del autoestima

El reconocimiento, en la medida que media nuestro autoconcepto, influye en cómo nos sentimos con nosotros mismos (autoestima). Una autoestima, que como propia y fiel seguidora, será una referencia continua, siguiéndonos a todas partes.

Recordemos que las emociones son energía. Así, la buena salud de nuestra compañera fiel (autoestima) condicionará la elección de proyectos y la actitud con la que nos embarquemos en ellos.

  • Refuerza las relaciones sociales

El reconocimiento fortalece las relaciones sociales. Ya sea a nivel personal o profesional, la persona que obtiene un reconocimiento se sentirá reforzada.

  • Mejora el nivel de satisfacción personal

Definitivamente el nivel de satisfacción personal mejora sustancialmente cuando existe un reconocimiento, especialmente cuando hablamos de trabajo y actitud.

  • Disminuye la autocrítica destructiva

Las personas exigentes pueden verse acorraladas por sus propios pensamientos críticos si no se les reconoce su labor. Por lo tanto, resulta fundamental el reconocimiento para dificultar un diálogo negativo que suponga el maltrato del propio yo (self).

  • Aumenta la confianza en uno mismo

Cuando una persona tiene el reconocimiento externo puede construir mejor su autoestima y reforzar su propia confianza. La seguridad propia aumentará su valentía ante las situaciones nuevas que deba enfrentar a diario.

Niño con corazón entre sus manos

¿Qué sucede cuando la persona no obtiene reconocimiento?

El reconocimiento de los demás es de suma importancia para la constitución de nuestro yo (seft). Cuando el individuo nace, comienza su proceso de culturización a partir de la dinámica relacional que se construye con el otro.

En este sentido, el vínculo que genere y mantenga, con sus cuidadores, será esencial para que su desarrollo sea saludable. A partir de sus deseos y necesidades, el individuo comienza a la relación dinámica que existe entre su Yo y el exterior. De este modo, comenzará a regularse y logrará conformar, a posteriori, lo que Sigmund Freud ha establecido como Principio de Realidad en Más allá del Principio del Placer en 1920.

De esta manera, el postulado de Freud refiere a que los procesos anímicos son regulados de manera automática por el Principio de Placer. Entonces, se pone en marcha una tensión displacentera, la cual tiene como resultado final su disminución para evitar el displacer (entendiendo el displacer como la falta de reconocimiento).

«En la teoría psicoanalítica adoptamos sin reservas el supuesto de que el decurso de los procesos anímicos es regulado automáticamente por el principio de placer». 

-Sigmund Freud

A modo de conclusión

En definitiva, para vivir en sociedad de manera adaptada necesitamos un buen control de impulsos. De esta manera, el individuo no renuncia a sus deseos, sino que los posterga o deriva, para satisfacerlos cuando sea el momento adecuado.

Cuando no obtenemos el reconocimiento de los demás, la autoestima puede verse mellada, generando malestar en el individuo. Además, la influencia del refuerzo en el otro es especialmente poderosa en la infancia, pudiéndola utilizar como una herramienta muy poderosa para educar sin castigos.

En definitiva, saber que existe un otro que es capaz de reconocer nuestra existencia o nuestro trabajo de manera negativa refuerza las partes más positivas de nuestro yo. Además, aumenta la probabilidad de que repitamos aquellas conductas por las que somos reforzados.