Emociones dañadas

Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz
Las heridas emocionales influyen en nuestros pensamientos, sentimientos y acciones. Sanarlas es el único modo de ser realmente libres.
 

Todos hemos experimentado, en algún grado, situaciones negativas que nos han dañado en lo más profundo. Durante nuestros primeros años de vida, cuando somos más vulnerables, las personas y circunstancias que nos rodean pueden llegar a marcarnos fuertemente. Esas emociones dañadas continúan latentes en nuestro interior, esperando ser descubiertas y sanadas.

Sin que nos demos cuenta, nuestras heridas emocionales condicionan la forma en que vemos el mundo y dirigen nuestro comportamiento. Por ello muchas veces nos preguntamos por qué siempre nos vemos envueltos en el mismo tipo de situaciones conflictivas, porque siempre actuamos en base a los mismos patrones que nos traen problemas. La respuesta se encuentra en ese daño interior que no logramos ver con claridad.

Emociones dañadas

Existen principalmente cinco heridas emocionales que se desarrollan durante nuestra infancia. A esa corta edad no contamos con los recursos personales para hacer frente a situaciones complejas. Por lo que creamos máscaras que nos sirvan de defensa ante un dolor que nos sobrepasa.

Esa máscara que en su momento fue el único modo que encontramos de sobrellevar la situación se convierte en un lastre en la edad adulta. Nuestras capacidades han aumentado pero ese patrón se encuentra tan arraigado que resulta complicado descubrirlo.

 

El rechazo

La primera de estas heridas emocionales es el rechazo. Surge cuando un niño se siente despreciado, rechazado, no querido por sus progenitores. Muchas veces la intención de estos padres no era, en absoluto, hacer sentir así al pequeño. No obstante, cuando estos no son capaces de atender las demandas del niño (porque no pueden, no saben o no quieren) este crece sintiéndose insuficientemente bueno.

Ante este profundo dolor surgirá la máscara de la evasión. La persona se volverá huidiza y esquiva y se mostrará ante el mundo con una falsa imagen de seguridad e independencia. Sentirá pánico a involucrarse de forma profunda con otros, pues esto lo expondría a nueva oportunidad de ser rechazado.

El abandono

El abandono puede experimentarse física o emocionalmente. El niño que sufre la ausencia de un padre o que padece una presencia fría y desinteresada, crece sintiéndose desamparado. Su principal fuente de amor, apoyo y sostén no está presente o disponible para él, por lo que se encuentra sólo y perdido. Al crecer, quien experimentó el abandonó tratará por todos los medios de asegurarse el amor y la presencia de los demás.

 

Su herida lo moverá a exigir desesperadamente continuas muestras de afecto y lealtad a sus seres queridos. Y a pesar de ello nunca se sentirá tranquilo, por lo que estará dispuesto a darse al otro a un nivel insano con tal de evitar que este se vaya de su lado.

La humillación

Esta herida se crea cuando el pequeño siente que sus progenitores se avergüenzan de él. Cuando lo comparan con otros mejores, cuando le vejan o le reclaman por sus actos. El niño comienza a sentirse indigno y desarrolla un gran sentimiento de vergüenza, de responsabilidad y de perfeccionismo. De adulto tenderá a hacerse responsable en exceso de los demás, de forma que sienta que así es merecedor de amor.

La traición

Surge cuando una figura importante para el niño traiciona su confianza, le miente o no cumple sus promesas. De esta forma el menor crece dudando de la veracidad de todo y con una gran necesidad de control. Esta persona exige en exceso a los demás y cuando estos no le complacen se siente decepcionado y traicionado de nuevo.

 

La injusticia

Esta herida nace cuando el niño se siente tratado por sus cuidadores principales con frialdad y autoritarismo, cuando percibe que le tratan de manera muy crítica e intolerante. Ante este dolor emocional se crea la máscara de la rigidez. Cuando crezca está persona mostrará una actitud independiente e imperturbable y una actitud muy poco flexible.

Sanar las emociones dañadas

Mientras estas heridas permanezcan ocultas continuarán saboteándonos en la sombra. Si deseamos ser libres y dueños de nuestra propia existencia hemos de identificar estas emociones dañadas y sanarlas. Para ello existen tres pasos fundamentales: reconoce la herida, perdona el pasado y provéete tú mismo lo que te faltó. Ámate, mantente fiel a ti mismo, trátate con respeto y dignidad y permítete ser y disfrutar sin miedo ni culpa.

  • Bourbeau, L. (2011). Las cinco heridas que impiden ser uno mismo. OB STARE.
  • Girardi, C. I., & Velasco, J. (2006). Padres autoritarios y democráticos y características de personalidad de estudiantes de licenciatura y posgrado. Revista intercontinental de psicología y educación8(1), 25-46.