¿En qué consiste la conducta sexual compulsiva?

05 Enero, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz
Cuando las conductas sexuales incontrolables ocupan la mayor parte del tiempo de una persona y le acarrean consecuencias negativas, podemos estar ante una conducta sexual compulsiva.
 

La delimitación del comportamiento sexual patológico es origen de varias polémicas. En este sentido, es necesaria una mayor investigación acerca de sus componentes y su tratamiento. Sin embargo, a día de hoy contamos con unos criterios claros que justifiquen la definición de la conducta sexual compulsiva.

Con elementos propios de varias categorías diagnósticas, la conducta sexual compulsiva es una realidad que afecta seriamente la vida y el bienestar de quienes la padecen.

Se calcula que, alrededor de un 5 % de la población sufre de esta condición, incluyendo tanto a hombres como a mujeres con cualquier orientación sexual.

Hombre viendo pornografía

La conducta sexual compulsiva

Una de las principales dificultades a la hora de establecer el diagnóstico es la necesidad de diferenciar moral de patología. Las conductas sexuales son parte intrínseca de la naturaleza humana y presentan manifestaciones diversas, tanto cuantitativa como cualitativamente en función de cada individuo.

Al establecer categorías de comportamiento sexual patológico se corre el riesgo de etiquetar erróneamente comportamiento sanos o de marcar un tipo de sexualidad normativa.

 

Por ello, es importante recordar que para que exista trastorno debe haber una afectación significativa de la vida del individuo o la presencia de un importante malestar asociado.

¿Cuáles son los síntomas?

La conducta sexual compulsiva se caracteriza principalmente por un exceso (en frecuencia e intensidad) de comportamientos sexuales de cualquier índole.

Estos pueden incluir fantasías, masturbación, prácticas sexuales con otros adultos o visionado de pornografía, pero todos ellos con un componente de impulsividad. El tiempo que se invierte en estas prácticas es excesivo y se ignoran las consecuencias que pueden acarrear (a nivel físico o emocional) para sí mismo o para otros.

Además, estas fantasías o prácticas se ponen en marcha, no con la mera intención de obtener placer, sino en respuesta a un estado de ánimo negativo. Es decir, se utilizan como una estrategia de afrontamiento del malestar interno. A pesar de realizar repetidos intentos por controlar, cesar o reducir su implicación en estos comportamientos, la persona es incapaz de lograrlo.

Todo ello le genera un malestar significativo, de manera especial por la sensación de pérdida de control sobre los impulsos. En base a esta idea, las consecuencias contaminan diferentes áreas de su vida, como pueden ser problemas laborales, rupturas de pareja o deterioro de la vida social.

El problema se oculta y se vive con culpa o vergüenza, por lo que aparece un sentimiento de aislamiento.

 

¿Dónde se encuadra la conducta sexual compulsiva?

Existe un debate acerca de la categoría diagnóstica a la que debería pertenecer está problemática. Hay quienes consideran que se trata de una conducta compulsiva, debido a que se pone en marcha para reducir un malestar interno. Es, por ejemplo, lo que ocurre en el trastorno obsesivo compulsivo, en el que la persona presiona tres veces el interruptor de la luz movido por la disforia que le genera no hacerlo.

Por otro lado, existen autores que encuentran mayores similitudes con un trastorno de control de impulsos. Es así porque tienen en cuenta que la conducta sexual se inicia de manera impulsiva y el individuo es incapaz de frenarla. Por último, hay quienes consideran que se trata de una adicción sin sustancia, debido a los elementos que comparte con este tipo de trastornos.

Al igual que, por ejemplo, en el alcoholismo, en este caso la conducta se realiza (en un principio) con el objetivo de obtener la gratificación. No obstante, comienza a producirse tolerancia, de modo que cada vez se necesitan situaciones más estimulantes y de mayor frecuencia para alcanzar el placer inicial.

Del mismo modo, el sexo, al igual que las sustancias cumple una función de evasión de una realidad displacentera. Se trata de un mecanismo inadecuado de afrontamiento que surge al no contar con los recursos para abordar el malestar de un modo más sano y funcional.

Pareja teniendo relaciones sexuales
 

Consideraciones sobre la conducta sexual compulsiva

A diferencia de lo que ocurre con otras adicciones o impulsos, en este caso el objetivo nunca podrá ser eliminar dichas conductas del repertorio habitual de la persona. Habrá que lograr devolver a la conducta sexual su funcionalidad y adquirir estrategias de afrontamiento más adaptativas.

Se trata de una patología oculta y muchas veces no reconocida, incluso, por quien la padece. Sin embargo, causa estragos a nivel personal y social, destruyendo la autoestima y los vínculos de la persona. Por ello, resulta esencial buscar ayuda profesional si nos encontramos en esta situación.

 
  • Echeburúa, E. (2012). ¿ Existe realmente la adicción al sexo?. Adicciones24(4), 281-286.
  • Castro-Calvo, J. (2017). Prevalencia, comorbilidad y correlatos psicológicos de la compulsividad sexual (Doctoral dissertation, Universitat Jaume I).