En qué consiste la genética conductual

22 octubre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Cristina Roda Rivera
Nuestros genes contienen las instrucciones para el desarrollo de nuestro organismo. Se estima que el 20% de ellos se expresan en el cerebro, a través del cual percibimos e interpretamos el mundo antes de producir las respuestas más apropiadas posibles. La genética conductual analiza cómo nuestra "tarjeta de identidad" genética (o "genotipo") puede afectar nuestros comportamientos (que se incluyen en nuestros "fenotipos").

La genética conductual es la disciplina científica que se ocupa del estudio de las influencias genéticas sobre las características conductuales, entendiendo estas en un sentido amplio y abarcando la conducta observable y las características cognitivas y de personalidad.

Hay que tener en cuenta que el ambiente contribuye a la expresión del genotipo: la acción de los genes está mediada por un gran número de transformaciones bioquímicas, que, a su vez, están influidas por el ambiente.

Así, por ejemplo, los eventos ambientales pueden alterar el nivel hormonal que puede afectar al núcleo celular y activar el ADN que provoca la síntesis de proteínas. Por lo tanto, la expresión del genotipo tiene lugar siempre en interacción con las circunstancias ambientales.

En este artículo conoceremos algunas de las bases más importantes de esta disciplina tan compleja como útil.

Gen

Genética conductual: los genes y el ambiente

Los genes

La genética tiene como objetivo desarrollar métodos para establecer una relación o relaciones entre la expresión de un gen y un fenotipo. Aquí es más preciso hablar de probabilidad y contribución genética. Por ejemplo, si tenemos tal forma del gen «A» más esa forma del gen «B», más el gen «C», entonces la probabilidad de tener el comportamiento «Z» es «X%».

La influencia genética de un comportamiento es difícil de delimitar, a excepción del raro caso de enfermedades monogénicas. En cualquier caso, estamos tratando con una probabilidad, es decir, un grado de incertidumbre. Si existe la contribución genética es difícil precisarla. Estamos entrando en el campo de la genética cuantitativa.

El ambiente

El entorno más amplio juega un papel muy importante. Este factor es evidente para las habilidades que solo se pueden adquirir a través de la educación. El análisis de causas ambientales de comportamiento cae en la misma lógica que el análisis de la influencia genética.

Se puede decir que, en cada comportamiento o aptitud hay una contribución genética (y no de un gen en particular) y una contribución ambiental. El pasado de un ser humano, su educación o la sociedad en la que vive, tiene una fuerte influencia en su comportamiento. El efecto genético debe combinarse con el medio ambiente.  Es tan incorrecto decir «nacemos agresivos» como decir «nos volvemos agresivos».

El caso de la familia Joliot-Curie

La familia Julio-Curie es interesante. Ha habido una sucesión de premios Nobel de padres a hijos. La influencia genética es cierta. Pero no es solo eso: esta «familia Nobel» también ha creado un entorno favorable. Es más probable que seas un Nobel si trabajas en un laboratorio que ya ha ganado el Premio Nobel. Esto significa que un gran científico transmitirá mejor la forma en que trabaja.

Por lo tanto, los estudiantes hijos de grandes eruditos tienen más probabilidades de ser más brillantes que otros. Este es un ejemplo donde el factor ambiental es manifiesto, sin negar la contribución genética.

Métodos de la genética conductual

Los tres tipos de diseños para estudiar la influencia genética son:

  • Los de gemelos, en los que se estudian tanto gemelos monocigóticos  como dicigóticos.
  • Los de familia, en los que se estudian padres e hijos o hermanos.
  • Los de adopción, en los que se estudian miembros de la misma familia biológica que se han criado separados. También se estudian  familiares adoptados o no relacionados genéticamente que se han criado juntos.

Estos tres tipos de estudios se pueden combinar, lo que permite obtener una mayor cantidad de información. Además, posibilitan la separación de los efectos genéticos y ambientales con mayor facilidad.

Supuestos de la genética conductual

Los métodos para estimar la contribución genética y ambiental parten de una serie de supuestos o asunciones (Johnson y col., 2008; Munafò, 2009), entre los que podemos destacar los siguientes:

  • El ambiente compartido produce que las personas se parezcan. El ambiente no compartido hace que las personas se diferencien.
  • La influencia de los genes en el fenotipo ocurre de una manera aditiva (en vez de multiplicativa o interactiva). Es decir, se parte del supuesto de que hay una relación lineal directa entre la cantidad de genes comunes y la similitud de las características de personalidad. Cuántos más genes comunes, más semejanza y al revés. Por lo tanto, se considera que la contribución genética de los gemelos MC (que comparten el 100% de los genes) es el doble que la de los gemelos DC (que comparten sólo el 50% de sus genes).
  • Estos estudios no contemplan las posibles interacciones entre genes y ambiente.

Mano con una cadena de ADN

Evidencias sobre la interacción entre genes y ambiente

Existen algunos datos claros sobre la interacción entre genes y ambiente:

  • Se ha mostrado que la vulnerabilidad genética de los niños puede o no manifestarse, dependiendo de la cualidad del trato recibido por los padres. Así, se ha encontrado que los niños adoptados con un padre biológico esquizofrénico tenían más probabilidad de desarrollar un desorden psiquiátrico solo sí habían sido adoptados por una familia disfuncional.
  • En estudios de niños adoptados cuyos padres biológicos tenían historia de criminalidad, solo el 12% de estos niños desarrollaron comportamientos criminales cuando eran adoptados por familias con buen funcionamiento. El porcentaje llegaba hasta 40 cuando se adoptaban por familias con riesgo (Collins y col., 2001).
  • Los individuos con un bajo nivel de ingresos, pero con una alta percepción de control, y por lo tanto, con la expectativa y creencia de que pueden manejar su ambiente, muestran niveles de salud comparables con aquellos que tienen altos niveles de ingresos. En los estudios genéticos, sobre estas variables, se han comprobado interacciones entre genes y ambiente, puesto que se ha encontrado que la influencia genética en la salud decrece a medida que se incrementan el nivel de ingresos y la percepción de control.
  • También se ha mostrado que la contribución genética a la satisfacción vital, decrece a medida que se incrementa el nivel de ingresos (Johnson y Krueger, 2006).
  • La contribución genética en el estilo atribucional negativo, que se define como la tendencia relativamente estable a explicar las situaciones negativas mediante causas que son personales, estables en el tiempo y que afectan a diferentes áreas, cambia en función del nivel de estrés. La contribución genética decrece sustancialmente cuando estamos sometidos a niveles bajos de estrés, mientras que se incrementa cuando su nivel de estrés era alto.
  • Para la esquizofrenia, la contribución genética es de aproximadamente tres cuartos. En el autismo es casi el 90% de la contribución genética. En hiperactividad, también tiene una contribución genética de aproximadamente el 80% y aproximadamente el 20% de la participación ambiental. Esto es una prueba de que no existe una determinación estricta e inequívoca del entorno o la genética.

Conclusión sobre la genética conductual

No perdamos de vista que cada persona es única. Es decir, que hay una pequeña variación entre las personas que puede determinar diferentes sensibilidades. Así es como, por ejemplo, algunos serán sensibles a la música y otros no.

Finalmente, si hay quizás una base genética, el medio ambiente también juega un papel importante. Esto nos impone prudencia a la hora de hacer atribuciones, incluso de establecer culpabilidades.

Además, el análisis científico de fenómenos complejos, como el comportamiento humano, no puede proporcionar una comprensión completa de estos fenómenos. Así, por necesidad, en ocasiones nos vemos en la necesidad de aceptar otros análisis más discursivos (fenomenológicos) para no traicionar la realidad.