Familias monoparentales: fortalezas y vulnerabilidades

Sara Clemente · 2 mayo, 2018

Actualmente existe una gran cantidad y diversidad de formas de familia que poco o nada tienen que ver con el concepto más tradicional. Una de las nuevas tipologías que ha ido emergiendo es la de las familias monoparentales. Están caracterizadas por la ausencia de uno de los adultos que formaba la base de esa tipología tradicional (padre, madre e hijos).

Como todas las clases de familia, esta tiene sus propias particularidades que la diferencian de otros arquetipos, como, por ejemplo, el nuclear. Entre ellas, destaca el hecho de que muchos hijos antes de conformarse han tenido que vivir una situación de conflicto creada y sostenida por sus progenitores. Pero existen muchas otras diferencias que delatan el proceso de adaptación que han tenido que realizar en las últimas décadas para integrarse completamente en la sociedad (y que la sociedad también ha tenido que hacer, con más o menos resistencias, para acogerlas).

Subtipos de familias monoparentales

Este tipo de unidades familiares están compuestas por una persona adulta que ha asumido la responsabilidad de uno o más niños. No obstante, el concepto es muy amplio, puesto que engloba una gran cantidad de modalidades de conformación. Pueden ser:

  • Un padre o una madre que se ha separado y convive en la misma casa junto a uno o más hijos.
  • Un hombre de edad avanzada, viudo, que vive con un hijo en plena adolescencia.
  • Una mujer u hombre soltero que decide adoptar.
  • Una adolescente que ha tenido un bebé y decide permanecer en el hogar familiar criando a su hijo.

“Los individuos divorciados son personas que no han logrado un buen matrimonio; pero son también personas que no aceptarían uno malo”.

-Paul Bohannan-

Padre leyendo con su hija

Fortalezas de las familias monoparentales

La ausencia de una de las figuras parentales en muchos casos fortalece del vínculo afectivo entre la madre o el padre y el/los hijos. Asimismo, al carecer de una de las figuras de referencia, la independencia a la hora de tomar decisiones concernientes a la educación y la vida de los niños es mayor. Esto también se extiende a la ausencia de discusiones sobre los criterios educativos empleados en el crecimiento de los pequeños. Este ambiente más distendido y flexible puede generar un clima familiar algo más agradable.

Por lo general, en este tipo de familias monoparentales los individuos que carecen de una de las figuras de apego son más independientes. Muchos adoptan el rol de ese padre o esa madre ausente y adquieren responsabilidades mayores que las que se le son exigidas a su edad. En ocasiones, estas demandas o adaptaciones forzosas les ayudan a madurar, pero también puede convertirse en un punto débil, como veremos a continuación.

Debilidades de las familias monoparentales

Uno de las principales dificultades que afrontan este tipo de agrupaciones es la exposición de los niños menores al conflicto entre los padres. En las consultas somos testigos directos de cómo los problemas que surgen en la pareja impactan directamente sobre los hijos. Un impacto que en muchos casos deja una huella profunda que hace eco más allá de la infancia. A todo ello, en ocasiones hay que sumarle un rechazo que los pequeños hayan podido sufrir por no pertenecer a una familia tradicional.

Además, la dificultad para mantener un diálogo y alcanzar acuerdos facilita la unilateralidad a la hora de tomar decisiones importantes. Esa soledad a la hora de realizar las tareas de crianza aumenta la carga de trabajo diaria para el cuidador, que pasa a dedicarse menos tiempo y a relegar sus necesidades en su escala de prioridades.

Además, el progenitor carece de oportunidades para contrastar opiniones, debatir soluciones ante posibles problemas o, simplemente, delegar la responsabilidad de ciertas decisiones en otro. Esa compensación y espacio compartido creado en el matrimonio también es inexistente.

Hija triste con la cabeza apoyada en las piernas de su madre

Menor privacidad y más permisividad

De hecho, en las familias monoparentales, normalmente los pequeños no respetan la privacidad de los adultos porque no saben o desconocen en la práctica qué es la intimidad de parejaPor eso, en algunos casos es frecuente que interrumpan conversaciones telefónicas o que se entrometan en decisiones que no les competen por su etapa de maduración.

También suele revertir en un aumento de la permisividad a los hijos, que, en cierta manera, tienden a aprovecharse de ese doble rol de padre y madre. No obstante, como hemos mencionado, a veces el niño puede asumir el rol de la figura ausente. Por ejemplo, oponiéndose firmemente a que la madre salga con amigos, desafiando a su padre o exigiendo compartir cama.

Lo más negativo de esta situación es que el adulto la permite inconscientemente. No hay una pareja (o otra persona, en su defecto) tan involucrada en la crianza que pueda hacer de espejo para que el padre o la madre pueda entender que no está favoreciendo a su hijo.

Sin embargo, las familias monoparentales siguen estando unidas por el mismo “pegamento” que cualquier otra tipología. Esos pilares son el amor, la protección, la seguridad y el cuidado continuo. El hecho de que cuenten con ciertas fortalezas y vulnerabilidades simplemente añade un toque de particularidad a su situación.