Enseñar a través del moldeamiento

20 julio, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Loreto Martín Moya
El moldeamiento es una técnica útil para enseñar conductas nuevas a partir de aproximaciones. Este permite un entrenamiento con menos frustración y enfado, al ser más lento y preciso. En este artículo explicamos qué es y cómo aplicarlo de la manera más eficaz, tanto en niños como en adultos.

El moldeamiento —es importante no confundirlo con el modelado— es una técnica conductual muy útil para el entrenamiento en actividades nuevas.

En muchas ocasiones asumimos que, dando las directrices de una tarea, la persona que tenemos delante va a comprender y saber cómo tiene que desarrollarla. Esto no siempre es así, y suele ser fuente de conflicto, pues usualmente se juzga que la persona no ha querido hacerlo, cuando simplemente no ha sabido cómo.

El moldeamiento se utiliza normalmente con niños, pero su puesta en práctica también puede ser efectiva con los adultos. Al estar basado en refuerzos y castigos, puede llegar a ser igual de potente con unos que con otros.

Padre haciendo deberes con su hija

¿En qué consiste el moldeamiento?

El moldeamiento es un procedimiento que busca el desarrollo de conductas que el individuo no sabe hacer. Este desarrollo se consigue a través de aproximaciones sucesivas a la conducta final que se quiere conseguir. A medida que esas aproximaciones son más cercanas a la conducta final, se van extinguiendo —o dejando de reforzar— las anteriores.

Usualmente se define una conducta objetivo, pero sin tratar de enseñar esta desde el principio. Se comienzan a reforzar conductas —cuya ratio de aparición ha de ser mayor de 0— que tienen algún tipo de relación con la conducta final. Esta conducta no ha de ser igual, pero sí tener algo en común topográfica y funcionalmente.

Una vez elegida esa primera aproximación, se reforzará cuando aparezca. Al ser reforzada, lo normal es que se dé con más frecuencia, pues el individuo querrá obtener su refuerzo. Finalmente, esta dejará de reforzarse en detrimento de una conducta más cercana a la conducta final deseada.

Moldeamiento natural: la aparición del lenguaje

Un ejemplo de moldeamiento natural en el ser humano es la adquisición del lenguaje en los bebés. Cuando un niño comienza a balbucear sus primeros sonidos, los padres suelen emocionarse y por ende refuerzan esos pequeños avances.

Los balbuceos son normalmente premiados con cariño y atención, hasta que, de forma natural, el niño comienza a desarrollar sus primeros fonemas. Si en vez de un balbuceo, el niño pronuncia sílabas como “ma” o “pa”, estos serán reforzados.

Los balbuceos ya no serán tan importantes, y no se obtendrá el refuerzo de la atención y el cariño a partir de ellos. Esto quiere decir que el reforzamiento se vuelve cada vez más exigente. Esto ocurre de forma sucesiva hasta que el niño aprende a hablar de forma conveniente.

Sería una locura tratar de que el niño recitara versos de John Keats desde que es un infante. De la misma manera, ciertas acciones que se les exigen muchas veces a los niños deberían de ser enseñadas con moldeamiento, con aproximaciones, y no de otras formas más directas.

¿Qué se puede enseñar o modificar a través del moldeamiento?

Como se ha nombrado con anterioridad, el moldeamiento es muy provechoso cuando se quieren enseñar conductas nuevas. Esto no solo se refiere a conductas que la persona desconoce por completo, pero también aquellas que hace mal. Por ello, la conducta es susceptible de ser modificada en cinco aspectos diferentes:

  • Topografía: se quiere cambiar la manera específica en la que el individuo realiza una acción. Aunque conoce la conducta, se busca modificar los movimientos específicos que intervienen en ella. Por ejemplo, cuando una persona patina con pasos cortos para no caerse, y se quiere que empiece a dar zancadas más largas.
  • Frecuencia: el moldeamiento también es útil para aumentar o reducir el número de veces que se lleva a cabo una conducta ya conocida.
  • Duración: esta técnica también es útil para reducir o aumentar la duración de una conducta. Por ejemplo, se puede moldear la cantidad de tiempo que un niño está sentado en una mesa estudiando o en clase.
  • Latencia: la latencia es el tiempo que pasa entre la aparición de un estímulo y la emisión de una respuesta. Se puede moldear una conducta para que aparezca lo más rápido posible ante un estímulo concreto. Esto podría aplicarse cuando se enseña a los niños a ir al baño solos.
  • Intensidad: se puede moldear la fuerza con la que se emite una conducta. Por ejemplo, en el caso de una niña con pocos amigos o aislamiento social, se pueden moldear a través de aproximaciones sucesivas su tono de voz para que poco a poco vaya siendo más intenso.

Factores que influyen en su eficacia

Especificación de una meta

Para que el moldeamiento se haga de manera correcta, es importante definir la conducta final que se quiere obtener. La definición debe recoger parámetros tales como la topografía, intensidad o latencia para que las aproximaciones se hagan correctamente.

Por ejemplo, la conducta a conseguir puede ser que Tessa, cuando llegue a clase, saque de su mochila el material que necesita, lo coloque encima de la mesa y se siente a esperar al profesor.

Establecimiento de un punto de partida

Se torna harto relevante estudiar el repertorio individual de la persona para ver qué conductas se parecen a la conducta final. A su vez, se tiene que comprobar que esa conducta aparezca lo suficiente como para ser reforzada. La conducta ha de ser parecida o topográficamente (en la forma) o funcionalmente a la conducta final.

En el mismo ejemplo, una primera aproximación de Tessa puede ser que ella deja su mochila en el asiento y se va a correr por la clase. Pretender que no corra inicialmente puede ser contraproducente o incluso inútil.

Por ello, se puede empezar reforzando que deje su mochila en su sitio en vez de tirarla al suelo o se la lleve con ella. Esa podría ser una primera aproximación que ya tiene en su repertorio, y que aparece todas las mañanas.

Planificación de las aproximaciones

Es de gran ayuda planificar cual va a ser la distancia entre las aproximaciones y la velocidad a la que se va a ir. No hay directrices para ello, por lo que la persona administrando el moldeamiento ha de entender las características del sujeto.

También se ha de ser cauto al elegir las aproximaciones intermedias y el número de estas. A veces las personas responden más lentamente de lo que nos gustaría, pero hemos de ser flexibles y adecuarnos a sus procesos.

Las aproximaciones intermedias de Tessa podrían ser dejar la mochila en el asiento, abrirla y sacar el estuche; cuando sepa hacer eso que no solo saque el estuche pero que vuelque sus bolígrafos en la mesa; al estar asentado que no solo los vuelque, pero que seleccione aquellos que va a usar… Así sucesivamente.

Niña sacando cosas de su mochila

Garantizar el reforzamiento

No hay pautas para el número de reforzadores o la topología de estos. Sin embargo, hay que tener muy claro que es importante reforzar la aproximación muchas veces hasta saber que está bien asentada. No vale con reforzar una vez y pasar directamente a otra aproximación. La prisa no es buena.

Es a su vez relevante no reforzar en exceso. Si los refuerzos son desmesurados, no tanto en cantidad, pero mantenidos en el tiempo, será más difícil que aparezcan comportamientos más avanzados.

Por último, si el paso de una aproximación a otro ha sido demasiado grande y la persona no sabe hacerlo, no hay que tener miedo en volver atrás, reforzar y plantear otra aproximación más cercana.

Paciencia en lugar de castigos

Aunque es una técnica que requiere paciencia, se postula como una herramienta beneficiosa para enseñar conductas sin tener que recurrir a la frustración o a los juicios de valor equivocados. Los adultos, así como los niños, pueden no saber cómo llegar a una conducta final si el camino que lleva a esta no es dividido en partes.

El moldeamiento permite enseñar de manera clara, concisa, poco a poco, resolviendo dudas y de una forma segura y controlada. No requiere esfuerzos hercúleos puesto que se van haciendo poco a poco, hasta, sin uno darse cuenta, saber hacer aquello que tanto le estaba costando aprender.