Entrevista a Alejandro Villena: "la pornografía deforma nuestras relaciones"

04 Noviembre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas
El consumo de pornografía va en aumento y sus consecuencias también. El acceso a este tipo de contenido es fácil, gratuito y discreto. Ahora bien, ¿cómo nos afecta y por qué?

La pornografía está sustituyendo a la educación sexual de los jóvenes y las consecuencias son inmensas. Adicción, visión distorsionada y agresiva de las relaciones, problemas de autoestima… En nuestra entrevista Alejandro Villena descubrimos la necesidad de tomar una mayor conciencia social al respecto de este tema.

Vivir y, sobre todo, crecer en una época tan tecnológica como la actual tiene sus beneficios, pero también sus riesgos. Es común, por ejemplo, que niños de 8 años “tropiecen” de manera accidental con contenido para adultos. Y esto sucede porque, a día de hoy, seguimos sin disponer de filtros ni mecanismos efectivos para proteger a los menores de este tipo de portales.

El porno es gratis y de fácil acceso. Los adolescentes acostumbrados a ver el mundo y relacionarse de manera temprana a través de las pantallas se culturizan mediante estas imágenes enquistando, sin saberlo, estereotipos de género y prácticas sexuales tan violentas como distorsionadas.

Los adultos, tampoco somos ajenos a este lenguaje, a la cultura del porno feroz, estereotipada y violenta capaz de afectar a nuestras relaciones. Necesitamos cambios. Es urgente dotar de mayor investigación, recursos y legislación a este mundo oscuro de Internet que está deformando por completo las bases mismas de la sexualidad humana.

“El sexo no es un producto, es una experiencia”.

-Alejandro Villena-

Joven con un ordenador

El consumo de pornografía y sus consecuencias

Alejandro Villena es psicólogo general sanitario y coordinador de la unidad de sexología clínica y salud sexual de la consulta Dr. Carlos Chiclana en Madrid. Además, es miembro de la World Association for Sexual Health (WAS) y de la European Society for Sexual Medicine (ESSM).

Destaca también su labor como investigador en temas de sexualidad y ser el director del primer curso online sobre adicción a la pornografía en español. Asimismo, cabe mencionar su trabajo como coordinador del blog Sexualidad y Salud y ser el fundador del podcast Sexualidad en Tiempos Modernos.

En nuestra entrevista con él, intentamos ofrecer una mayor sensibilización y conciencia social sobre el tema de la pornografía en la actualidad.

P. ¿Por qué el consumo del porno va en aumento?

Una de las mejores explicaciones a este respecto es la denominada “Ingeniería de la triple A” que hace referencia a la accesibilidad, la asequibilidad y el anonimato del material pornográfico que hay hoy día en internet. Es fácil, gratuito y discreto acceder a la pornografía en los tiempos que corren, a diferencia de cuando no existía internet.

Otra explicación interesante podría ser la falta de normas sobre el uso de la tecnología que hay en las familias. Damos pantallas muy pronto a los más jóvenes, no enseñamos a los adolescentes a tolerar la frustración, a manejar sus emociones o a jugar con otros elementos. Claramente, dar una pantalla es mucho más fácil que ayudar a gestionar los conflictos y requiere menos esfuerzo, pero no facilita que los adolescentes se desarrollen plenamente.

Todo esto implica el riesgo de que los adolescentes se topen, a una edad muy temprana, con contenido sexual explícito no deseado. De hecho, entre el 20-30 % de los adolescentes accede de forma accidental a la pornografía en un momento evolutivo en el que no están preparados para digerir o comprender los contenidos que aparecen en estos vídeos.

Por último, podríamos destacar la potencia empresarial que tienen la industria pornográfica, ya que estudia de forma minuciosa cómo alcanzar los lugares más recónditos para publicitar su contenido pornográfico. Esta estrategia de marketing hace que la pornografía sea completamente accesible en una navegación web para cualquier usuario, independientemente de la edad que tenga.

P. ¿De qué forma afecta a los adolescentes el consumo de pornografía? ¿Hay diferencias entre chicos y chicas?

El porno afecta de muchas manera a los adolescentes:

Puede generar adicción: cerca de un 37 % de los varones y un 20 % de las mujeres adolescentes tienen un potencial riesgo de desarrollar un uso problemático de pornografía, que les puede llevar a perder el control sobre la conducta, necesitar cada vez más pornografía para sentir los mismo efectos y sufrir consecuencias en el ámbito personal, relacional, familiar y académico derivado de dicho consumo.

También se ha observado cómo el consumo repetido de pornografía puede alterar centros cerebrales relacionados con el placer, la motivación, la empatía, la toma decisiones y el aprendizaje.

Fomenta una visión agresiva: cuanto mayor es el consumo de pornografía mayor probabilidad de agresión o coerción sexual existe. Así los demuestran varios estudios, en los que también se habla de la cantidad de contenido agresivo que aparece en la pornografía mainstream.

Distorsión sobre la erótica: la representación ficticia y reduccionista de la sexualidad en la pornografía hace que el adolescente no incorpore un modelo de sexualidad saludable. Esta visión utópica, sumada a la escasa e inefectiva educación sexual produce unas expectativas irreales en el adolescente que puede llevarle a sufrir frustración por no alcanzar los resultados esperados que la pornografía le ha impuesto.

Respecto a hombres y mujeres: hasta ahora el mayor consumidor de pornografía era el varón, donde cerca del 80-90 % de los hombres han estado expuestos a la pornografía desde jóvenes; ahora se observa que también entre un 35-60 % de las mujeres consume pornografía y los resultados que aparecen son similares en relación a las consecuencias perjudiciales.

  • En el hombre se ha visto que puede generar modelos más agresivos, fomentar las jerarquías de género y facilitar conductas sexuales de riesgo.
  • En la mujer se observa que cuánto mayor es el consumo de pornografía, mayor puede ser la tolerancia al acoso o la probabilidad de ser agredida sexualmente. Esto se debe a que al consumir un material en el que hay violencia explícita, las mujeres son incapaces de determinar qué tipo de prácticas son permisibles o consentidas y cuáles no. Se altera la capacidad de poner límites en la sexualidad y de sentir empatía.

Un estudio muy reciente en mujeres muestra cómo se alteran los circuitos neurológicos relacionados con la empatía y las neuronas espejo en mujeres que consumen pornografía.

P. ¿Cómo afecta el porno a la autoestima?

Está completamente vinculado y tiene que ver con la idealización del sexo. Si yo espero un comportamiento que es inviable llevar a cabo en la vida real, el resultado será la ansiedad, la frustración, la presión de rendimiento y el miedo al fracaso.

Todo esto afecta a la valía sexual de las personas y a su autoestima sexual, lo cual puede hacer pensar al adolescente que no es lo suficientemente bueno o válido en el plano sexual.

No solo eso si no que también se puede producir una “dismorfofobia erótico-corporal”, es decir, una alteración de la percepción que tenemos sobre los genitales y el propio cuerpo derivada de la comparación constante y el aprendizaje vicario que se produce cuando se observa pornografía de forma repetida. Son muchos los casos de mujeres jóvenes que operan sus genitales para parecerse a actrices pornográficas…

P. ¿Y a nuestras relaciones?

También las puede distorsionar. Por un lado, puede alterar la visión que tenemos sobre los hombres y las mujeres y sobre cómo debemos comportarnos en la cama porque nos impone el modelo de relación sexual.

La mujer siempre es la menos beneficiada, ya que suele mostrarse sometida al placer del hombre. Al hombre se le impone una visión sobre la masculinidad agresiva y dominante y se le disocia de su afectividad para que pueda conseguir el placer a toda costa, caiga quien caiga.

Por otro lado, el cuerpo de las personas que consumen pornografía de forma repetida se va habituando a un estímulo concreto, en este caso un superestímulo, como es el de la pornografía, lo cual puede repercutir en la respuesta sexual cuando la persona desee tener relaciones sexuales con una persona real.

El cuerpo se acostumbra a un sexo virtual, solitario y no relacional. Los estudios alertan de la asociación entre el consumo de pornografía y la insatisfacción sexual, disfunción eréctil o eyaculación precoz, entre otras dificultades sexuales.

Además, cuando uno de los miembros consume pornografía y el otro no, el deseo sexual hacia la pareja puede verse alterado, ya que ver pornografía es más “cómodo” y rápido. Así, la persona no necesita esforzarse para conectar con la otra persona y a la larga se desconecto de ella. Al final, esto moldea personas que no se atreven a intimar de forma auténtica en el ámbito sexual.

P. ¿Está relacionado ver pornografía con la infidelidad?

El consumo de pornografía repetido puede llevar a la habituación del estímulo y, por tanto, a la necesidad de buscar conductas sexuales más “fuertes” para obtener los mismos efectos más allá de la pornografía. De hecho, se ha vinculado el consumo de pornografía en adolescentes con el deseo de acudir a la prostitución y con frecuentar los prostíbulos en edades adultas. Por tanto, puede vincularse a la infidelidad de esta manera.

También hay un fenómeno que ocurre en las mujeres que se denomina “trauma por traición”, en el que la mujer del adicto (normalmente el hombre es el adicto), tras descubrir el consumo de pornografía de su pareja, puede sentirse traicionada, llegando incluso a desarrollar síntomas similares al estrés postraumático (TEPT), como la reexperimentación del trauma, el control excesivo, la hipervigilancia o las pesadillas.

P. ¿Por qué crees que hay una especie de negación sobre los efectos negativos de la pornografía? ¿somos o nos hacemos los ciegos ante esta realidad?

Pienso que somos y también que nos lo hacemos. Falta información clara y científica en la sociedad para que seamos conscientes del daño que la pornografía puede generar en las personas.

La gran mayoría de mensajes que recibe la población son “haz lo que quieras, si eres libre para hacerlo, está bien”, “la pornografía es buena y es una manera de romper con los prejuicios sexuales”, “ver pornografía feminista, te hace más feminista”.

Estos mensajes son muy dañinos, ya que se asocian conceptos tan complejos e importantes socialmente como la libertad, la igualdad o el feminismo a una industria que tiene un potencial de impacto negativo y cuyo único fin es lucrarse a través de las visualizaciones que consigue.

La industria del porno no tiene como misión hacernos mejores sexualmente, ni educarnos, ni ayudarnos a obtener más placer. Su fin es ganar dinero a nuestra costa y esto es importante saberlo.

Por otro lado, está el que no lo quiere ver porque no le interesa, porque forma parte de la industria o porque no es capaz de ver más allá del placer momentáneo que la pornografía le produce. Vivimos en una sociedad hedonista y de poca capacidad de esfuerzo y esto es un reflejo más de ello.

Pienso también que la cultura pornográfica va de la mano de la cultura consumista. Convertimos el sexo en un producto y no en una experiencia vincular. Eso tiene grandes riesgos porque desvirtuamos y despersonalizamos el sexo, los seres humanos quedamos por detrás del placer.

De esta manera, focalizamos la felicidad en alcanzar más placer, consumir más sexo, pensando que eso nos hará sentir más plenos. La realidad es que, al final de todo esto, quedan personas vacías con una falsa ilusión de felicidad.

De hecho, debido a esta desinformación y falta de actuación, creamos la asociación Dale Una Vuelta, con el lema de Stop Porn, Start Sex. La idea era crear una plataforma ciudadana que ofreciera ayuda a personas que sufren con el consumo de pornografía. Después de más de 4 años, hemos ayudado a miles de personas e impartido talleres en ciudades de toda España. 

Hombre con ordenador

P. También se habla de adicción a la pornografía, ¿crees que el porcentaje es alto a pesar de estar invisibilizado?

Los estudios generales hablan de que entre un 3-8 % de la población desarrolla un uso problemático de pornografía (conocida coloquialmente como adicción a la pornografía). Es una prevalencia bastante alta en términos de salud mental y muy preocupante.

Es necesario concienciar también a los profesionales de la psicología, sexología y la medicina, ya que tenemos la responsabilidad de conocer cómo el consumo de pornografía afecta a las personas y de aprender a detectar y tratar a las personas que sufren en consecuencia de esta.

P. ¿Qué medidas y soluciones crees que serían las mejores para esta problemática?

Es un debate no resuelto que a mi parecer debería abordarse desde un enfoque multidisciplinar: social, familiar, educativo, político, legal y clínico.

En primer lugar, sería recomendable hacer campañas de sensibilización y conciencia social sobre el tema de la pornografía. Poder escribir un artículo aquí, en La Mente es Maravillosa y en otros medios de comunicación, forma parte de esta tarea tan importante de divulgación. 

Desde el punto de vista legal y político, necesitamos plantearnos si cabe la posibilidad restringir algún tipo de contenido como la pornografía de violación, humillación o degradación de la mujer que va en contra de los derechos humanos.

Recientemente, ha nacido un movimiento que se llama Traficking Hub, que denuncia vídeos reales de violaciones que aparecen en plataformas como PornHub. También, en este ámbito, sería útil plantearnos si se puede aplicar algún tipo de regulación a la pornografía en general, para proteger a los menores.

Desde el ámbito clínico y científico, necesitamos más investigaciones empíricas para poder apoyarnos en datos cuando hablamos de pornografía. Este último año ha salido un manifiesto europeo para coordinar a los investigadores en el ámbito del consumo de pornografía. También los profesionales de la psicología, la medicina y la sexología deben formarse a este respecto.

En los colegios, necesitamos programas educativos de alfabetización de la pornografía. En otros países, existen ya diversas escuelas que incluye estos programas, cuyo objetivo es el de enseñar a los adolescentes que lo que aparece en la pornografía no es real y ayudarles a desarrollar una sexualidad empática, afectiva y saludable.

Por supuesto, necesitamos de base una educación sexual completa, que no se ciña a la prevención de ETS, si no que hable de la sexualidad como algo que entronca a todo el ser humano y que incluye lo biológico, lo afectivo, lo cognitivo, lo sociocultural, lo espiritual y lo ético. No nos olvidemos que en cualquier relación sexual hay dos seres humanos y tenemos la obligación de comprender, cuidar, empatizar, respetar y dialogar con la persona que tenemos delante.

Un estudio reciente habla de la responsabilidad de los padres para tomar un papel activo en la educación sexual de sus hijos y de promover y recomendar sitios webs saludables y formativos, en lugar de prohibir o restringir los negativos. Una educación que se base en la libertad con responsabilidad, en fomentar la autonomía e independencia de los más jóvenes, pero con una capacidad de discernimiento y de pensamiento crítico.

En definitiva, si todos ponemos de nuestra parte, seguro que conseguimos hacer un mundo mejor, sexualmente hablando.