Erik Erikson, un psicoanalista diferente

Erik Erikson se desmarcó de las teorías de Freud, dando al desarrollo personal un tinte más amplio y cercano a la población general. Descubre aquí su vida y obra.
Erik Erikson, un psicoanalista diferente
Sergio De Dios González

Revisado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González.

Escrito por Edith Sánchez

Última actualización: 17 junio, 2022

Erik Erikson fue un psicoanalista alemán que realizó grandes aportes para la comprensión de la mente humana. Nació en Frankfurt en 1902. Murió casi un siglo después, en 1994, en Massachusetts (Estados Unidos). Su nombre es uno de los más connotados dentro de las ciencias de la mente.

El principal aporte de Erik Erikson se dio en términos de la psicología evolutiva. Postuló la existencia de ocho edades en el hombre, cada una de las cuales tiene sus propias características, logros y pérdidas. Pese a que se formó y trabajó como psicoanalista, sus planteamientos han sido retomados por la llamada psicología humanista.

En la jungla social de la existencia humana, no hay sensación de estar vivo sin un sentido de identidad”.

-Erik Erikson-

Como sucede con frecuencia en la vida de los grandes psicólogos y psicoanalistas, la infancia de Erik Erikson no estuvo exenta de problemas. Su padre abandonó a su madre, justo cuando él nació. La mamá de Erikson era una joven danesa que asumió sola la crianza de su hijo, durante los primeros años de vida, hasta que luego se casó con un pediatra de origen judío.

Los años juveniles de Erik Erikson

La madre de Erik Erikson le ocultó a su hijo que su padre la había abandonado. Quizás por eso creció siendo una especie de rebelde sin causa. Era disperso y no tenía objetivos claros para su vida. Pese a que era buen estudiante, no destacaba mucho y a todos les parecía distraído y a la vez inquieto.

Niño asomado a una ventana simbolizando las teorías de Erik Erikson

Cuando terminó la secundaria, decidió que quería ser artista. Así, comenzó una etapa marcada por la inestabilidad. Iba a clases y alternaba esa actividad con viajes a diferentes lugares de Europa para conocer las manifestaciones artísticas del continente. A veces, andaba como un vagabundo y dormía bajo los puentes.

Mucho después, Erik Erikson escribió una obra a la que llamó Notas autobiográficas sobre la crisis de identidad. En ella se refiere a aquellos años en los que no sabía exactamente qué rumbo tomar.

La formación inicial

Cuando Erikson cumplió 25 años, tenía ganas de sentar la cabeza. Un amigo suyo le aconsejó tomar una plaza disponible en una escuela experimental. Esta era dirigida por Dorothy Burlingham, quien a su vez, era muy amiga de Anna Freud. Allí fue donde comenzó a encontrarse consigo mismo y a formularse un proyecto de vida.

Se interesó en la pedagogía y así obtuvo un certificado en “Educación Montessori”. Luego, y gracias a la influencia de Anna Freud, realizó estudios de psicoanálisis infantil en el Instituto Psicoanalítico de Viena. Más adelante decidió convertirse en analista y fue la propia Anna Freud quien le hizo psicoanálisis, condición exigida para iniciar su práctica como terapeuta.

Erikson con un amigo

Más tarde, Erik Erikson se casa con una bailarina y años después tuvo que enfrentar los rigores de la Segunda Guerra Mundial. Esto hizo que emigrara a los Estados Unidos, donde pronto se convirtió en maestro dentro de la Universidad de Harvard. Allí hizo algunas amistades que lo nutrieron significativamente. Después trabajó en la Universidad de Yale y en la de California.

La teoría del desarrollo psicosocial de Erik Erikson

Aunque Erik Erikson trabajó una amplia gama de temas, fue su teoría del desarrollo psicosocial la que lo llevó a ocupar un lugar propio en el mundo de la psicología. En ella integró sus conocimientos de pedagogía, psicoanálisis y antropología cultural.

Dicha teoría fue una reinterpretación de las fases del desarrollo psicosexual planteadas por Sigmund Freud, pues Erikson pone el énfasis en que el desarrollo personal se realiza a través de las interacciones sociales.

Etapas de la vida

Dicho esto, las características de la teoría del desarrollo psicosocial de Erikson pueden resumirse de la siguiente manera:

  • Enfatizó la comprensión del yo. Erikson asumió al yo como una fuerza intensa capaz de reconciliar fuerzas sintónicas y distónicas. Además, tiene la capacidad de resolver las crisis derivadas del ámbito genético, cultural e histórico de cada individuo.
  • Integró la dimensión social y el desarrollo psicosocial a las etapas del desarrollo psicosexual de Freud.
  • Propuso un desarrollo de la personalidad más amplio, que abarca desde la infancia a la adultez.
  • Abordó el impacto de la cultura, la sociedad y la historia en el desarrollo de la personalidad.

De esta forma, postuló que en cada una de las etapas de la vida se adquieren ciertas competencias específicas, que determinan la evolución posterior. Tales competencias son de orden básicamente psicosocial e implican un conflicto entre el estado anterior y el nuevo. Veamos en detalle cuáles son éstas etapas.

Los 8 estadios psicosociales

Según Erikson, el ser humano atraviesa las siguientes etapas del desarrollo:

1. Confianza básica vs. desconfianza (nacimiento – 18 meses)

Esta etapa se basa en la sensación física de confianza. El bebé recibe el calor del cuerpo de la madre y sus cuidados amorosos. Su presencia o ausencia influirá significativamente en el desarrollo psicosocial del niño: si los progenitores no satisfacen sus necesidades básicas, crecerá entre sentimientos de frustración y sin esperar nada de los demás.

2. Autonomía vs. vergüenza y duda (18 meses – 3 años)

Esta etapa está ligada al desarrollo muscular y de control de las eliminaciones del cuerpo (heces, orina). Este desarrollo es lento y progresivo y no siempre es consistente y estable; de hecho, se trata de un proceso con mucho ensayo y error.

Por tanto, ante los logros los niños podrán desarrollar sentimientos de autonomía; mientras que, ante el fracaso, experimentará sentimientos de duda.

Asimismo, el niño empieza a experimentar su propia autonomía, expresándose en conductas que oscilan entre la cooperación y la terquedad. En este sentido, las actitudes de los padres y su propio sentimiento de autonomía son fundamentales en el desarrollo de la autonomía del niño.

3. Iniciativa vs. culpa (3 años- 5 años)

Se da en la edad del juego y los primeros contactos sociales. El desarrollo de la imaginación tiene un papel clave, así como también el paso a la acción. El niño tiene la capacidad para poner en marcha los planes motores que le permitan su irrupción en el espacio. Así, la gran curiosidad por explorar y la incertidumbre lo llevan a desarrollar conductas de iniciativa o culpa.

Durante esta etapa, crece el interés en desarrollarse socialmente y contactar con otros niños. Si estas interacciones con los padres y sus iguales no tienen una respuesta positiva, la balanza se inclinará hacia la culpa.

4. Laboriosidad vs. inferioridad (5 años – 13 años)

Es la etapa en la que el niño comienza su instrucción preescolar y escolar. Y suele estar ansioso por hacer cosas junto con otros. Aquí ya existe un bagaje de experiencias que le permiten desarrollarse en un ámbito con reglas. Tanto la socialización como el intercambio con sus pares potenciarán la superación de circunstancias a través de la proactividad o de replegarse.

Durante esta etapa, el niño llega a sentirse insatisfecho y descontento con la sensación de no ser capaz de hacer cosas o de no hacerlas bien. Además, puede de desarrollar un sentimiento de inferioridad por aspectos de su identidad, como por ejemplo su situación económico-social o por su condición “racial”. Precisamente por ello, la escuela debe velar por el establecimiento del sentimiento de laboriosidad.

La escuela tiene un papel fundamental en la consolidación de la autoestima y la iniciativa del niño durante esta etapa.

5. Búsqueda de identidad vs. difusión de identidad (13 años -21 años)

En esta etapa, el sujeto transita tanto la búsqueda de una identidad como diversas crisis marcadas por la resignificación de los conflictos de cada etapa anterior. Asimismo, la exploración de los propios límites y posibilidades ocurre en esta etapa, marcando diversos hitos en la consolidación de la identidad del adolescente.

6. Intimidad vs. aislamiento (21 años – 40 años)

La intimidad supone la posibilidad de estar cerca de otros, ya que el sujeto posee un sentimiento de seguridad sobre quién es y no tiene miedo a “perderse” a sí mismo. Antagónicamente, la persistencia de conflictos adolescentes e inseguridad, provocan aislamiento y deficiencia en los vínculos sociales.

7. Generatividad vs. estancamiento (40 años- 60 años).

Período generalmente dedicado a la crianza de los niños, por lo que tiende a dejarse de lado las necesidades propias. La tarea fundamental de esta etapa es lograr un equilibrio apropiado entre la productividad y el estancamiento.

La productividad refiere al amor hacia el futuro y tiene que ver con una preocupación sobre la siguiente generación y todas las demás futuras. Además, se relaciona con la realización de cualquier actividad que llene esa “vieja necesidad de ser necesitado”. Como, por ejemplo: realizar tareas vinculadas a la enseñanza, la inventiva, las ciencias, el activismo social, la escritura, etc.

En cambio, el estancamiento, es la “auto-absorción”: cuidar de nadie. Sin embargo, algunas personas tratan de ser tan productivas durante esta etapa, que llega un momento en que no se pueden permitir nada de tiempo para sí mismas, para relajarse y descansar. Al final, estos individuos tampoco logran contribuir algo a la sociedad.

8. Integridad vs. Desesperanza (60 años en adelante)

La vejez está caracterizada por una lucha entre la integridad y la desesperación. Esta es la última etapa, donde los pesares de la vida junto al desgaste físico se van acumulando. Según Erikson, el gran objetivo consiste en mantener la integridad física y emocional, sin caer en la desesperanza.

Es una etapa donde el individuo se enfrenta a dejar de ser productivo, así como al duelo de todos aquellos de su ambiente que van falleciendo.

Para concluir, recalcamos que la teoría de Erik Erikson tuvo un importante impacto en la psicología norteamericana y después en todo el mundo. Hoy en día sigue ejerciendo una fuerte influencia en la investigación y en el campo terapéutico. Se trata de un enfoque interesante, profundamente humano y esperanzador.

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