Curar las heridas del padre ausente

Una configuración familiar, bastante común en nuestra sociedad, es aquella donde el padre está ausente. Veamos en detalle el impacto de esta experiencia en los hijos y cómo se puede superar.
Curar las heridas del padre ausente
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater.

Última actualización: 25 mayo, 2022

Todos sabemos lo complejo que puede llegar a ser definir el término familia, ¿Integramos en esta dimensión a quienes comparten nuestra misma sangre? ¿O a esas personas que hemos elegido libremente y con quien construimos vínculos positivos y significativos?¿Qué sucede cuando hay un padre ausente?

Hablar de familia despierta en ocasiones ciertas heridas, desilusiones y pequeños rencores. De hecho, podríamos decir sin equivocarnos que una de las figuras más complejas y que se dan con mayor frecuencia es la del “padre ausente”. Es muy posible que esta situación te sea conocida. Que la hayas vivido en piel propia o que la hayas observado en tu círculo social más cercano.

El padre ausente no es sólo el vacío físico de una figura que no tuvimos, en ocasiones, es también alguien que a “aún estando” no supo o no quiso ejercer su rol. Es una ausencia psicológica capaz de originar en el niño diversas heridas emocionales.

A veces, cuando le pedimos a alguien que nos hable de su familia, no dudan en explicarnos mil historias de sus madres, abuelos, tíos… sin embargo, a la hora de hablar del padre la sonrisa se fuerza y aparece el silencio. Se encogen de hombros y titubean un… “Pues no sé, mi padre era… era simplemente él. Estaba ahí, sin más”.

No queremos decir que este tipo de vacío emocional sea característico en exclusiva de la figura paterna, también puede darse en la madre. Sin embargo, es muy frecuente que a la hora de hablar de ese tipo de educación dañina, capaz de dejar huellas madurativas, la figura del padre ausente sea muy común. Te invitamos a profundizar un poco más en ella.

El padre ausente emocionalmente, pero presente en la familia

madre con hijo

Crecer sin padre, sin madre o sin una figura relevante en nuestra infancia debido a un hecho traumático, es algo que siempre arrastraremos, y que deja cicatrices internas que intentamos sobrellevar.

Sin embargo, el hecho de crecer junto a una figura paterna que a pesar de estar, es incapaz de aportar plenitud, cariño o reconocimiento, deja corrientes de vacío en el corazón de un niño que está aprendiendo a construir su mundo.

Hay quien comenta que el peso de la crianza, del cuidado y la educación, recae en la figura materna. No vamos a negar su importancia a la hora de crear ese apego saludable con el cual disponer de seguridad en cada uno de nuestros pasos. Ahora bien, también el padre es importante, y eso es algo que nadie puede negar; por tanto, ¿qué ocurre cuando en el seno familiar existe un padre ausente que no establece vínculo alguno con sus hijos?

Consecuencias del padre ausente en la infancia

El cerebro de un niño es un ávido procesador de estímulos, y en su día a día, necesita ante todo refuerzos positivos para poder crecer de forma madura y segura. Un padre ausente genera incongruencias, vacíos y dificultad de trato. El niño espera afectos, comunicación, y una interacción diaria con la cual, abrirse al mundo también a través de su padre. Sin embargo, solo encuentra muros.

Un trato vacío y esquivo genera ansiedad en los niños, no saben “a qué atenerse”, desarrollan expectativas que no se cumplen, y tienden además, a comparar “padres ajenos” a los que ellos tienen en casa. Saben que los padres de sus amigos actúan de modo diferente a lo suyos.

mujer ilustración

Dicho esto, es de esperarse que los niños que crecen sin un padre muestren algunas de las siguientes señales:

  • Dificultad para adaptarse al mundo y a la realidad.
  • Miedo constante a ser abandonados.
  • Presentan problemas académicos (bajo rendimiento, abandono escolar, dificultad para el aprendizaje, etc.)
  • Relaciones sociales desinhibidas.
  • Poca o nula inteligencia emocional.
  • Comportamiento agresivo hacia sus pares.
  • Desarrollan un apego reactivo, lo que significa que rara vez buscan consuelo cuando sienten malestar.

Consecuencias del padre ausente en la adultez

Por su parte, la figura de un padre ausente puede generar en la etapa adulta un desapego afectivo que nos hace ser más inseguros a la hora de establecer determinadas relaciones. Podemos llegar a ser algo desconfiados; pues, la idea de proyectar una alta carga afectiva en alguien, nos produce miedo, tememos ser traicionados, o no reconocidos. O peor aún, ignorados.

No obstante, estos miedos e inseguridades también pueden producir una excesiva dependencia hacia los demás, en donde el temor a ser abandonados y la necesidad excesiva de complacer al otro conducen la mayoría de nuestras acciones. Dejando a un lado los propios intereses y preferencias en pro de ser reconocido y querido.

Ahora bien, también es posible que, a medida que nos hacemos mayores, nos demos cuenta de muchas más cosas. Reconocemos el esfuerzo que hizo nuestra madre por suplir las carencias de nuestro padre, y de cómo, más de una vez, lo disculpó con frases como… “Ya sabes cómo es tu padre”, “No hagas esas cosas que ya sabes que a tu padre no le van”, “Es que tú no lo entiendes…”

A medida que maduramos, nuestros ojos se abren al mundo y ya saben leer entre líneas. Los gigantes se vuelven enanos porque ya conocemos sus secretos. Sin embargo, una parte de nosotros sigue siendo vulnerable a ese pasado.

De hecho, en muchos casos, las heridas que deja un padre ausente pueden ser tan profundas que generan algunas de las siguiente consecuencias:

1. Dificultad para adaptarse a nuevas situaciones

Los adultos que se criaron sin un padre pueden presentar dificultades para adaptarse a los cambios vitales, como por ejemplo: cambios de trabajo, mudanzas, rupturas de pareja, etc. Por tanto, ante los mismos, experimentan mucho malestar y elevados montos de ansiedad.

2. Tendencia a la adicción

Por su parte, pueden ser adultos con una alta vulnerabilidad a la adicción, bien sea a sustancias tóxicas, objetos, o personas. Por ejemplo, pueden ser adictos al sexo, a la pornografía, a las drogas, al alcohol, etc. Sea cual sea el caso, la adicción en estos casos será una forma de llenar ese vacío que les dejó haber crecido sin un padre.

3. Poca inteligencia emocional

Asimismo, pueden ser adultos que se frustran con facilidad, carecen de asertividad y empatía, cuentan con un vocabulario emocional pobre, y tienen dificultades para canalizar adecuadamente sus emociones.

4. Apego a objetos materiales

Así como sucede con las adicciones, el apego a los objetos materiales es una forma de lidiar con esa herida emocional que dejó el padre ausente. En este caso, la persona proyecta sus propias emociones de abandono en el objeto, por lo que experimenta malestar si tiene que deshacerse de él.

5. Actitud pasiva en las relaciones

Al ser individuos con un profundo temor al abandono, tienden a mostrarse muy complacientes o condescendientes con todos los que les rodean; incluso, con personas desconocidas. Su objetivo es no incomodar a los demás, pues creen que si lo hacen, nadie los querrá y terminarán solos.

6. Malestar emocional

La falta de inteligencia emocional, la dificultad para adaptarse a los cambios, el excesivo apego a personas y objetos, entre otros, propicia un profundo malestar que no hace más que empeorar el dolor de las heridas emocionales producidas en la infancia. 

7. Padecimiento de algún trastorno psicológico

Por último, el trauma de haber crecido sin un padre puede propiciar el padecimiento de algún trastorno psicológico en la adultez, como por ejemplo: depresión o ansiedad.

Cómo superar las heridas del padre ausente

Has crecido, mantienes tu vida, llevas con orgullo tu armadura inexpugnable, y tienes muy claro qué debes hacer a día de hoy para no cometer los mismos errores que tus padres cometieron contigo.

arbol con niña

Sin embargo, el vacío del padre ausente sigue ahí, y no importa si en el presente sigues manteniendo trato con él, o si ya lo perdiste, o si callas en las reuniones familiares y finges como si el pasado nunca hubiera existido.

Sea cual sea el caso, lo primero que deberíamos hacer es “entender”. Comprende que el padre ausente es un hombre que no supo ejercer su rol de padre, porque nunca entendió muy bien su papel como persona. Es muy posible que un padre ausente no dispusiera de adecuadas habilidades personales, de una buena autoestima, de un equilibrio interno que le permitiera ver sus errores, sus miedos y sus propias carencias.

Ahora bien ¿Justifica esto lo que nos hizo? ¿El vacío emocional que nos dejó? En absoluto, pero la comprensión, en ocasiones, nos ayuda a ajustar la realidad, a evitar almacenar más emociones negativas.

Sabes que has crecido y madurado con muchos vacíos a causa de ese tipo de educación, y de esas carencias afectivas. Sin embargo, siempre llega un momento en que deberíamos cortar el vínculo con el sufrimiento de ayer, para sanar las heridas en este presente.

Dicho esto, a continuación te dejamos una lista de consejos que pueden ayudarte a superar las heridas que dejó haber crecido con un padre ausente.

1. Sé consciente de tus emociones

Tómate un tiempo a solas para escucharte a ti mismo y ser consciente de las emociones que te genera haber crecido con un padre ausente. Por ejemplo, si tienes recuerdos de abandono pregúntate cómo te hace sentir eso: ¿sientes ira, miedo, tristeza, decepción?

Es importante que atiendas a todas estas emociones y te permitas canalizarlas. Si sientes ganas de llorar, gritar, maldecir, etc., pues hazlo. Lo ideal es que les des un espacio a esas emociones para que dejen de producirte malestar. 

Asimismo, si tienes recuerdos positivos con tu padre, no intentes reprimir las emociones agradables que estos te puedan producir. Por más contradictorios que sean, date la oportunidad traer a tu consciencia todo el complejo emocional que la situación amerita.

2. Acepta y valida cómo te sientes

Después de que seas consciente de todas las emociones que despierta la situación con tu padre, es momento de comprenderlas y validarlas. No te culpes por sentir lo que sientes y acepta que eres un humano que siente y padece. 

Intenta ser compasivo contigo y date la oportunidad de consolarte. Recuerda que todas tus emociones son válidas, por más desagradables que sean. Lo ideal es darle espacio a todas.

3. Empatiza con tu padre

Las demás personas también experimentan emociones y tienen sus propias perspectivas de la vida, las cuales no tienen por qué ser compatibles con las nuestras. Por tanto, sea cual sea el caso, intenta ponerte en los zapatos de tu padre y trata de comprender sus acciones.

Por ejemplo, si te abandonó, es muy probable que haya sentido mucho miedo de asumir el rol de padre; y si te maltrató, es probable que sus padres hayan sido igual de violentos con él, por lo que no aprendió otra manera de relacionarse.

No se trata de justificar sus acciones, sino de comprender qué hay detrás de ellas y ser conscientes de que sus acciones tienen una razón de ser y, lo más importante, que tú no tienes la culpa de ninguna de ellas.

4. No intentes olvidar

Dejar de lado las experiencias traumáticas de la infancia no harán que estas se superen por arte de magia. Así que no trates de olvidar los recuerdos negativos como una forma de superar el sufrimiento, ya que no harás más que empeorarlos. 

Dale un  espacio a los recuerdos y a las emociones que éstos generan. Pues, en la medida que los vayas elaborando, el malestar que producen irá aliviando.

5. Aprende a perdonar

Perdonar a alguien que nos hizo mucho daño no es tarea fácil. Sin embargo, el resentimiento es un veneno que solo destruye al que lo posee, así que de nada sirve seguir guardando rencor por tu padre.

En la medida que empieces a comprender el por qué de sus acciones será más fácil perdonar.

6. Acude con un profesional

En muchos casos, las heridas que deja un padre ausente pueden ser difíciles de superar por cuenta propia. Si este es tu caso, te aconsejamos asistir con un psicoterapeuta. Un especialista te proporcionara el apoyo y las herramientas necesarias para aliviar tu sufrimiento.

Para concluir, queremos recalcar que si no tuviste a tu padre, lo más probable es que tu figura de apego más saludable y significativa fueran otros: tu madre, tus abuelos o incluso tus amigos o parejas a medida que crecías. Ellos quienes se alzaron como tus pilares en el día a día. Así que valóralos como merecen.

Un padre no es sólo el que da la vida, un padre es aquel que está presente, que acoge, atiende y guía en seguridad construyendo cada día un sendero de instantes significativos en la vida de un niño.

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Cortesía imágenes: Claudia Tremblay



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