El error no es de quien confía, sino de quien miente

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Raquel Aldana
6 junio, 2019

La confianza es como un puente de cristal frágil y transparente que eleva nuestra vida. Es probable que nos haya llevado mucho tiempo y mucho esfuerzo construirla, por lo que es un bien más que preciado. Sin embargo, a pesar de que merece tanto trabajo y de que aporta tanta dicha, la confianza suele ser destruida en apenas unos segundos por nuestros descuidos, nuestros egoísmos y nuestras actitudes interesadas.

Cuando un sentimiento tan importante como la confianza se quiebra, algo en nuestro interior fallece. Esto ocurre porque la mentira pone en duda mil verdades, haciendo que nos cuestionemos incluso las experiencias que creíamos más francas. Un dicho popular afirma que una gota de mentira contamina un mar de verdades. A pesar de que solo se trata de una mentira, esa mentira tiene el potencial de ponernos en duda sobre todo lo se nos ha dicho.

La mentira tiene las patas muy cortas y los brazos muy largos

Aunque la mentira pueda alcanzar límites insospechados, la verdad siempre acaba trascendiendo. Como se suele decir, se pilla antes a un mentiroso que a un cojo, pues sus palabras y sus actos no se sostienen. Cabe recordar que para mentir es necesario tener buena memoria. Mentir desgasta mucho, pero sobre todo, destruye amistades y a nosotros mismos.

De todas maneras, el hecho de que todo caiga por su propio peso no quiere decir que el golpe no vaya a resultar aparatoso y doloroso. De hecho, lo normal es que ocurra precisamente lo contrario y que la mentira y la traición supongan un antes y un después en nuestra vida.

«Un pájaro posado en un árbol nunca tiene miedo de que la rama se rompa, porque su confianza no está en la rama…. Si no en sus propias alas…»

molestar

La responsabilidad en la traición

Es común escuchar eso de “Si te traicionan una vez es la culpa del otro, pero si te traicionan dos veces, es tu culpa”. Lo cierto es que a esta afirmación no le falta razón, pero sí que debemos cogerla con pinzas.

La idea es aprender de nuestros errores y que no repitamos nuestros fallos, pero en último término nunca deberíamos sentirnos culpables de que nos engañen. ¿Cómo vamos a ser nosotros responsables de lo que hagan los demás? Es una locura. Si alguien nos miente, la responsabilidad es del que miente, no nuestra. A pesar de ello, es cierto que podemos sentirnos tristes, pero es importante no sentirnos culpables porque nosotros no habremos hecho nada. Bueno sí, confiar, y confiar es un gesto precioso que une de forma maravillosa a la gente.

No obstante, es probable que esto nos haya atormentado en más de una ocasión, haciéndonos sentir estúpidos por haber caído en las redes de alguien a “quien se venía venir”. En este sentido, resulta muy fácil atar cabos cuando ya se ha caído la casa y se ha despedazado. Sin embargo, no siempre es fácil ver venir la mentira. Ponemos toda nuestra buena intención en la relación de amistad y nada nos tiene porque hacer sospechar de que existe una mentira o se avecina una.

Ni somos adivinos ni somos infalibles. Además, los demás tampoco son perfectos y en algunos casos tenemos que plantearnos que las buenas personas también cometen errores, por lo que también hay que estar abiertos a perdonar. ¿Quién no ha mentido alguna vez? Es cierto que hay diferentes grados en la gravedad de las mentiras, pero seguro que todos los hemos hecho en algún momento y estábamos convencidos de que teníamos razón para ello.

«Después de un tiempo aprenderás que el sol quema si te expones demasiado. Aceptarás incluso que las personas buenas podrían herirte alguna vez y necesitarás perdonarlas. Aprenderás que hablar puede aliviar los dolores del alma…. descubrirás que lleva años construir confianza y apenas unos segundos destruirla y que tu también podrás hacer cosas de las que te arrepentirás el resto de la vida».

-William Shakespeare-

Emociones

La herida emocional de la traición

La ingratitud y la traición nos duelen especialmente cuando afectan a las personas que queremos y tenemos alrededor, como nuestra pareja, nuestros amigos o nuestra familia. Cuando esto ocurre comienzan a actuar la rabia, la impotencia y la ira, haciendo que perdamos los papeles.

También es muy doloroso (y por desgracia demasiado común) que alguien haga algo por nosotros esperando solamente recibir algo más por nuestra parte. Este tipo de traición nos rompe los esquemas y sumerge nuestro mundo emocional en un auténtico caos.

No obstante, aunque el engaño nos duele en lo más profundo de nuestro corazón, no tiene mucho sentido que porque nos hayan herido cambiemos nuestra forma de ser y nos comportemos mal con otra gente a modo de venganza o despecho.

Por increíble que parezca, esta reacción es bastante común cuando la “herida emocional” está abierta e infectada. De la misma forma, tampoco porque nos la hayan jugado tenemos que vestir con una armadura ante todas las personas que nos rodean. Basta con que nos protejamos contra el traidor. La confianza hacia los demás no debería depender de que una sola persona nos haya mentido. Que alguien, de forma aislada, nos haya traicionado, no es sinónimo de que lo hagan otras personas. Así pues, como se defiende desde la psicología, es mejor no generalizar.

tropiezos

Cómo superar la mentira, la traición y el engaño

La seguridad, la franqueza, la honestidad y la lealtad en nuestras relaciones son un pilar básico para mantener nuestro crecimiento. Sin embargo, las dudas, el recelo y la falsedad solo nos hacen daño, nos queman y nos envenenan. Una buena forma de superar el engaño es ponernos en el lugar de la otra persona e intentar comprender la razón de su acción. ¿Por qué lo hizo? ¿Hubiéramos hecho lo mismo en su situación? ¡Pensemos sobre ello!

Asimismo, si bien la desconfianza clava profundas espinas en nuestro interior, todos podemos superarlo. Es normal que ante estas situaciones crezca la duda y con ella el recelo, pero esto no debe constituir una oportunidad para desconfiar de los demás. Si nos anclamos en la traición, corremos el riesgo de no valorar lo que la otra persona puede intentar hacer para restablecer la confianza.

O sea, que puestos a que es probable que nos encontremos en más de una ocasión con esta situación tan indeseable, debemos entender que es una oportunidad para crecer como personas y elegir mejor a la gente de la que nos rodeamos.