¿Es bueno o malo ser camaleónico?

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 17 junio, 2015
Yamila Papa · 19 agosto, 2014

La habilidad de modificar la personalidad o la manera de desenvolverse según la situación o contexto es realmente sorprendente, sin embargo, no siempre esto provoca “caras felices” en los demás, ya que se lo relaciona a la falsedad. A pesar de ello, en lugar de observarlo como un acto hipócrita, también puede ser visto como una adaptación a las circunstancias, esto es, ser camaleónico.

Pero, ¿de qué estamos hablando? Ser camaleónico quiere decir que al igual que el reptil, la persona se puede adaptar a cualquier medio de forma rápida. El camaleón lo hace con el color de su piel y pasa desapercibido de sus atacantes. Así, posa en una hoja, una rama o una piedra sin ser visto por un depredador o aprovecha para cazar su alimento.

Algo similar ocurre con ciertas personas que en vez de cambiar de color, modifican sus actitudes. Esta herramienta sirve para sobrevivir o sobrellevar una situación. Es un proceso de supervivencia, de adaptación y no a todos les gusta tener al lado a alguien así.

Ser camaleónico

Muchos consideran que los “camaleones” son personas en las que no se puede confar. Sin embargo, la realidad es que aquellos que tienen esta habilidad cuentan con más probabilidades de triunfar en el plano laboral, profesional, personal, etc.

Las personas camaleónicas suelen tener una mente más abierta, son más flexibles y aceptan de otra manera los cambios, son empáticas con los que lo rodean. Esto les da la oportunidad de generar los cambios que creen necesarios para ser elegido, admirado, valorado, felicitado, etc. Sin duda, se puede decir que estos seres gozan de una mejor calidad de vida. Su virtud radica en saber cómo responder a las adversidades y obstáculos que se les presentan. Así como también afrontar todo tipo de imprevistos y salir airosos de ellos.

Difieren notablemente con los de “mentalidad rígida” ya que los cambios ante las diferentes situaciones pueden generarles problemas a estos últimos, al no poder adaptarse a ningún medio nuevo. Los sentimientos y los pensamientos son estancos, no se modifican y esto causa dificultades y hasta derivar en trastornos emocionales.

Todo se encuentra en constante cambio

Como los cambios suceden a diario en nuestra vida (muchos de ellos ni los notamos), es importante tener la capacidad de cambiar de color como el camaleón. Lo primero es aceptar esa modificación, luego aceptarla y por último, disfrutarla. Algo que parece sencillo en la teoría pero no tanto en la práctica. Desde la Psicología Budista, se hace especial hincapié en la capacidad de asumir que todo se encuentra en constante cambio. De este modo, estaremos abiertos a las nuevas experiencias sin que nos produzcan un gran malestar.

Desde la Psicología Budista, se postula que nos aferramos a una existencia invariable, afirmando que el ser humano necesita ideas sólidas sobre lo que le rodea para sentirse seguro. Sin embargo, ahí radica gran parte de nuestro sufrimiento, en no aceptar el cambio. Así pues, si somos conscientes de que los cambios se producen de forma continua, caeremos en la cuenta que ser camaleónico es una forma de adaptarse a estos cambios que tanto nos pueden alterar.

Los cambios jamás dejan de ocurrir y cada vez necesitarás diferentes soluciones o salidas para resolverlos o afrontarlos. Una excelente manera de lograr este objetivo es mejorando en tu flexibilidad y agilidad ante las diversidades, reflexionando sobre ellas y tomando decisiones en consecuencia.

Esto quiere decir que si tienes la habilidad de decidir rápido para salir airoso se una situación (cuando eso así lo requiera), podrás ser considerado un camaleón. Piensa que en la selva, el que no actúa rápido, muere. Ya que este reptil no tiene muchas posibilidades de defensa frente a los predadores, la naturaleza lo “ayudó” dotándolo de la capacidad de mimetizarse con el medio. Así, sobrevivió la especie.

Apertura mental

La apertura mental es muy importante para ser camaleónico, ya que en segundos se debe tomar la decisión que cambiará tu vida. Plantéate las opciones que tienes a disposición y en lo menos posible analiza los pro y los contra de cada una. Así podrás elegir la más adecuada.

Por ejemplo, si te encuentras ante un obstáculo, un muro bien alto, ¿cuáles son las opciones que tienes? Rápidamente puedes pensar en cavar un pozo por debajo y hacer un túnel, trepar, conseguir una escalera, derribarlo o pasar por el costado. Si sólo ves una opción o solución a ese problema, entonces no eres camaleónico. Si no puedes llevar a cabo ninguna de las alternativas planteadas, tampoco. Trabaja de a una técnica para sortear el obstáculo, siempre analizando las consecuencias positivas y negativas de cada decisión.

Ser camaleónico entonces no es algo malo, no se trata de falsedad, sino de saber adaptarse al medio, ser únicos y contar con la mente lo suficientemente flexible como para cambiar en el momento adecuado. No se debe tener miedo a los cambios, porque si aprendes la lección de este reptil, te darás cuenta que son los que te ayudarán a sobrevivir.