Escribir para liberar emociones

Escribir para liberar emociones
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater el 12 julio, 2021.

Última actualización: 12 julio, 2021

Nunca una terapia ha podido ser más económica que la escritura emocional. Piénsalo, no necesitas más que una hoja en blanco, un lápiz y tu mente. Es posible que no seas de esas personas habituadas a escribir textos, historias o novelas. Pero en este canal de expresión no necesitas recurrir a la inventiva, ni nadie te exige pulcritud estilística. Es más, todo lo que escribas, ha de ser privado.

Tú vas a ser tu propio terapeuta, tú vas a ahondar en tus emociones para desenredar esa madeja interior que a veces nos paraliza y nos quita el aliento. El motor para funcionar cada día. Te aseguramos que esa hoja en blanco puede ser el mecanismo perfecto para encontrarte a ti mismo. Y cómo no, para liberarte…

“La escritura es la pintura de la voz”.

-Voltaire-

Los beneficios psicológicos de la escritura

El psicólogo estadounidense James Pennebaker, profesor de la Universidad de Texas, ha realizado un profundo y exhaustivo estudio acerca de la escritura terapéutica. Según él, este sencillo ejercicio es una llave perfecta para abrir ese complejo mundo interior del que todos disponemos.

chica cafe leyendo

Bien es cierto que es mucha la gente que ya lo practica, que lleva su pequeña agenda en el bolso para, en un momento dado, escribir todo aquello que le preocupa, que le duele. Son capaces de establecer un sistema de prioridades y seguir lo escrito en esas hojas. Pero veamos qué beneficios nos aporta la escritura terapéutica.

Descubrir  y comprender las emociones

Nos abre un mecanismo personal para ahondar en nuestros pensamientos y emociones. ¿Qué es lo que siento ahora? ¿Es rabia, es tristeza? ¿Por qué me siento así, qué lo ha provocado? ¿Qué puedo hacer para sentirme mejor?

Evitar el estrés

Exponer estas ideas nos va a permitir ir reduciendo el estrés poco a poco, al abordar todos esos muros existentes en nuestra vida que día a día nos van quitando las energías. Escribir sobre ellas es un modo perfecto por reconocer esos obstáculos, poniéndoles nombre para ir afrontarlos mediante una serie de ideas que iremos plasmando.

Autocontrol

La escritura personal puede llegar a ser un proceso psicoterapéutico y de autoayuda perfecto, ahí donde no necesitamos la intervención psicológica de un profesional. Si lo hacemos bien, si somos competentes reconociendo problemas y pautando medidas de acción, seremos dueños de nuestra vida al ser capaces de tomar el control en beneficio propio.

Escribir ayuda al bienestar físico

Esta sensación de autocapacidad para gestionar los problemas a través de la escritura, nos aporta salud y bienestar. Refuerza no solo nuestra autoestima, sino también nuestro sistema inmunológico, al aportar felicidad y tranquilidad, dejando a un lado el estrés y la ansiedad.

chica escribiendo lapiz

Autoconocimiento y motivación

Cuando escribimos, buscamos siempre un instante para nosotros mismos. De este modo nos estamos regalando un espacio de tiempo precioso para pensar sobre nuestra vida, practicando la siempre necesaria introspección.

Aprendemos a establecer metas, planes, alternativas de acción, prioridades…. Escribir sobre estas realidades, incluyendo además nuestros deseos, nos motiva de un modo más intenso al personalizar ideas y nos da fuerzas para generar los cambios.

Liberar emociones

Redactar sobre nuestros pensamientos nos permite ventilar emociones, sentimientos y pensamientos. Esa intimidad personal es un modo idóneo para conseguirlo, ya que a veces para muchas personas no es fácil poner en voz alta su mundo interior e incluso sus necesidades.

Nos ayuda también a reconocer emociones que de otro modo, es posible que no pudiéramos llegar a entender en su sentido íntegro. En ocasiones nos es difícil admitir que detrás de una sensación de rabia o ira, por ejemplo, se esconde la vulnerabilidad o la tristeza, que detrás del auto-perfeccionamiento se halla la inseguridad…máscaras que todos llevamos en la cotidianidad y de las que no somos del todo conscientes.

No lo dudes. Practica la escritura terapéutica. No te exige dinero, ni siquiera tener buena letra. Nadie va a leer tus palabras ni a juzgar tus pensamientos. Es un universo propio a desarrollar para encontrarnos a nosotros mismos.

3 ejercicios de escritura terapéutica

Si quieres aprovechar los beneficios terapéuticos de la escritura, a continuación, te dejamos algunas formas de hacerlo.

  1. Escritura automática

Consiste en simplemente en escribir lo primero que se nos pase por la cabeza. Sin borrar, sin tachar, sin detenernos a pensar. El propósito no es crear una obra literaria elaborada, sino dejar fluir las ideas libremente, sin la interrupción de nuestros juicios, nuestra moral, la vergüenza o nuestra lógica.

Para utilizarla de forma terapéutica, trae a colación un problema o tema que desee resolver. Luego, tomas papel y bolígrafo, y durante al menos media hora escribe sin parar cualquier cosa que se te pase por la mente.

Si se te viene la lista de la compra, pues escribe la lista de la compra. No obstante, suavemente intenta retornar al tema que te preocupa, sin ejercer presión. Siempre deja libertad para la asociación de ideas, para que la lógica no interrumpa el camino a una posible solución.

  1. Escribe una carta para superar los conflictos con alguien

Escribir una carta nos permite descubrir nuestras emociones y liberarlas, como un intento de solventar un conflicto. En este caso, la idea no es encontrar soluciones -como en la escritura automática- sino simplemente sacar a la luz lo que sentimos, vivirlo plenamente, descubrir qué puede haber debajo e incluso perdonar.

Ten en cuenta que este trabajo es para ti. No se pretende que esta carta la lea otra persona, sino simplemente que nos sirva de ejercicio. Después la puedes guardar, romper, quemar o lo que más gustes.

  1. Reconstruye un recuerdo

Revive alguna anécdota de tu vida que quieras recordar de una forma más amable. Para tomar distancia, escríbela como un relato en tercera persona y haz que el protagonista sea diferente a ti.

Se trata de dar una nueva perspectiva (o incluso superar) a alguna anécdota de tu pasado. Asimismo, es probable que empieces a comprender mejor las reacciones de otras personas implicadas, o comprenderte más a ti.

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