Estábamos tan tranquilos… y de pronto, ¡LA CRISIS!

26 noviembre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por el psicólogo Marcelo Ceberio
A menudo, las crisis no son bienvenidas, todo lo contrario. Nos llenan de ansiedad, angustia y estrés. Sin embargo, es posible salir fortalecidos de ellas. El psicólogo Marcelo Ceberio nos habla sobre las crisis y todo lo que implican.

Cuando se atraviesa una situación de cambio, los individuos, la pareja o la familia inician un proceso que los desestabiliza. Se rompe momentáneamente el equilibrio, la cotidianeidad, la rutina, para dar comienzo a un período apasionante, pero no por ello perturbador: la crisis.

Los sistemas humanos, tanto el biológico como el social, tienden a reducir la inestabilidad que propone el entorno: permanentemente estamos rodeados de estímulos disruptivos que nos amenazan, por así decirlo, a desequilibrarnos.

Cuando estábamos organizados en nuestra vida, de pronto, un evento inesperado o fuera de nuestros cálculos hace temblar todas nuestras estructuras ordenadas. La ansiedad y la tensión nos invaden y nos desorganizan de forma momentánea.

Es como si lográramos ordenar una pila de latas de tomates y alguien o algo mueve una de ellas y ¡zas! la pila se derrumba total o parcialmente. Y es que los sistemas humanos se mueven en una coreografía casi paradojal: estabilidad-cambio, cambio-estabilidad y así toda la vida…

Mujer con crisis existencial

Crisis y crecimiento

En general, las crisis son consideradas como negativas; sin embargo, a través de ellas, los sistemas pueden crecer. Las crisis pueden ser entendidas como desestabilizaciones, ya que constituyen la ruptura del equilibrio.

Todo marchaba medianamente en orden, cuando de repente despidieron a papá del trabajo de toda su vida, se murió el abuelo que era una persona líder en la familia, un hermano tuvo un accidente, mamá tuvo una enfermedad grave o nos mudamos o construimos una casa en el terreno que compramos. En síntesis, todos estos eventos generan una ruptura de la estabilidad que llevaba adelante al sistema.

Entonces, ¿qué sucede frente a una situación de crisis? En general, las personas tienden a pensar de qué manera se puede resolver el hecho que generó semejante desequilibrio. Por lo tanto, esto quiere decir que siempre una crisis implica un problema a solucionar.

Ahora bien, ¿qué significa una desestabilidad? La desestabilidad implica una alteración momentánea de las reglas y funciones que se estaban desarrollando hasta el momento o un cambio en la manera de pensar las cosas y modificar el sistema de creencias.

Una desestabilidad es un problema y los problemas humanos siempre involucran a personas. Constituyen un dilema a resolver que pueden generar disputas entre integrantes de ese problema, un conflicto de intereses y un sinnúmero de elementos que conforman al problema.

Las crisis son un pasaporte al crecimiento. Son una transición de la estabilidad al caos y del caos a la evolución. En mi consulta, cada vez que una familia, una pareja, o una persona han debido enfrentar una crisis, tuvieron  que resolver los problemas que esta ocasionaba.

Una vez resuelto el problema, se han incorporado nuevas posibilidades de cambio, replanteos de filosofía de vida, ideas, sentimientos, creencias. El sistema ha aprendido algo.

No somos los mismos después de la crisis.

Tipos de crisis

La crisis es un estado de máxima tensión en un sistema, un desajuste crítico que altera su estabilidad. Es un desvío del curso correcto de las interacciones. Existen crisis esperadas y crisis inesperadas.

  • Las crisis esperadas son, de acuerdo al contexto, las que forman parte de la evolución de los sistemas. Por ejemplo, nacimientos, mudanzas, bodas, viajes, despidos laborales, muertes, entre otras.
  • En cambio, las crisis inesperadas son producto de eventualidades que escapan fuera del libreto de la normalidad evolutiva. Por ejemplo, accidentes graves, accidente o muerte de un hijo, enfermedades incurables o terminales en gente joven, etc.

La palabra crisis está compuesta por dos hexagramas chinos: uno significa peligro y el otro oportunidad. Ese estado de tensión amenazante que se produce en la situación crítica, es el preludio para un cambio.

En la crisis, cuando pensamos que todo está mal y nos asaltan la angustia, la ansiedad y la tensión, se bloquea el trayecto de las actividades del día a día y debemos encontrar una solución, una información nueva que reduzca la crisis. Y una vez solucionado el problema, no seremos los mismos, pues habremos aprendido algo que nos facilitará experimentar una nueva estabilidad.

Mujer caminando por la senda del desapego

La subjetividad de las crisis

Las situaciones son críticas de acuerdo a la percepción de cada persona. O sea, las crisis son subjetivas, dependen de los diferentes puntos de vista sobre lo ocurrido, por lo tanto cada uno vivirá un hecho como más o menos problemático. Y este es un punto revolucionario que puede complicar al lector: la objetividad no existe. Sí, existen ciertos parámetros, por supuesto, pero cada uno tendrá una atribución de significado personal sobre las cosas.

Para ratificar esta posición, le digo al lector que no es el artículo que lee en este preciso momento, es el artículo que construye. La propia percepción personal se encarga de recalcar algunas frases, de dar menor importancia a otras, otorgar significación más a un aspecto que a otro. Quiere decir que no es un libro el que se escribe, es el libro que se lee.

Nuestro mundo interno -nuestro almacén de significaciones-, da sentido a las cosas, tal cual lo afirmaba Epicteto: «no son las cosas en sí mismas, sino la atribución que hacemos de ellas». Por lo tanto, puede haber múltiples versiones.

Este tránsito por la subjetividad hace que todo se relativice. No obstante, cada vez que discutimos un tema con otros, tratamos de encontrar la verdad o apropiarnos de ella. Las frases que nos acompañan son: «es muy subjetivo lo que dices«, «la verdad es que…«, «objetivamente que nos puedes decir…» cuando solo podemos dar una versión de los hechos. Así, mientras que el hecho es uno, son múltiples los puntos de vista.

Tal vez, deberíamos poner en práctica lo que dice el dicho popular: «nada es verdad ni es mentira. Todo es según el color del cristal con que se mira«. Entonces, problema y crisis no son conceptos generales, sino son para alguien.

Crisis y estrés

Entendiendo la subjetividad de las crisis, otro factor a tener en cuenta es el estrés que acompaña a todo evento crítico. Todas las personas hablan del estrés, lo que ocurre es que se encuentra banalizado.

El estrés es la patología de los tiempos modernos. Las enfermedades se inician con él, a la vez que la misma enfermedad también lo produce, es un círculo vicioso. Se trata de un síndrome general de adaptación.

Cada vez que nuestro contexto nos plantea desafíos a superar, cada crisis activa nuestro circuito neurobiológico para que nuestra glándula suprarrenal produzca una cuota adicional de cortisol.

El cortisol es el combustible de nuestro organismo. Es el que cada mañana nos despierta y activa. Pero ¿qué pasa si nuestro medio ambiente nos exige más y más? El desequilibrio que genera una crisis hace que la maquinaria de nuestro automóvil humano se vea obligada a viajar a 200 km la hora de manera permanente.

¿Qué sucederá? Es factible que fundamos el motor, choquemos en una esquina o que cualquier otro factor opere como freno.

Por esta razón, los infartos o cardiopatías, ataques de pánico, accidentes, contracturas severas, depresiones… son factores de stop que nuestro cuerpo activa cuando no logramos decir «¡basta!» de manera natural y espontánea.

El estrés nos vuelve hipersensibles, fastidiosos, emocionables, angustiados, ansiosos, beligerantes, mal humorados, agresivos, entre otras características. Las crisis siempre son estresantes.

hombre en sofá sufriendo preocupación patológica

Crisis problemáticas, problemas que llevan a la crisis

Por último, las crisis por lo general son difíciles de sortear y esto nos hace entrar en el territorio de los problemas humanos. Los problemas humanos son primos hermanos de la crisis, se producen en los sistemas y además, como señalamos, no son universales: para alguien un hecho puede ser problema mientras que para otro no.

Por ejemplo, un terremoto es un problema para todas las personas donde se desarrolló, pero cada una tendrá su problema de este problema. A algunos les afectará más que a otros, no solamente por los daños sino por la incidencia emocional que el evento tendrá.

Un problema crea problemas secundarios en diferentes áreas de la vida en un efecto bola de nieve. Sin embargo, los grandes protagonistas que sostienen el problema son los intentos de solución que fracasan. Es decir, cuando aplicamos una solución que no es efectiva y la reiteramos una y otra vez, obteniendo el resultado contrario al que deseamos, estamos sin darnos cuenta sosteniendo el problema: más de lo mismo, más del mismo resultado.

Nos cuesta cambiar el repertorio de intentos. Persistimos en una fórmula, a pesar de la ineficacia, y es cuando esta persistencia se convierte en resistencia al cambio, puesto que el problema y la crisis concomitante se perpetúan y somos nosotros las que lo alentamos.

Salir fortalecidos

Entonces… ¿qué le sucede a una persona cuando atraviesa una crisis?, ¿qué es lo que siente y piensa?, ¿qué ansiedades, angustias, miedos, alegrías y conflictos se mueven en torno a la situación crítica?, ¿qué excitación e incertidumbre les provoca?, ¿qué es lo que se intenta para resolver el problema de la crisis? Son múltiples los interrogantes que se plantean en torno a una situación disruptiva de la estabilidad.

Las crisis siempre dependen de la propia significación del hecho, es decir, son subjetivas y están asociadas a problemas, por lo tanto, son estresantes. La fórmula está compuesta por subjetividad + problemas + estrés = crisis.

En conclusión, las crisis son inevitables porque son inherentes a la vida, el tema es cómo resolverlas y salir fortalecidos de ellas…