Este corto te dará una lección sobre el resentimiento y los celos

Gema Sánchez Cuevas · 2 noviembre, 2015

Pensar que cada uno de nosotros puede llegar a ser perfecto es una ilusión que nunca llegará. Todos ansiamos hacer las cosas bien y estar a gusto con lo que realizamos, pero en este camino podemos perdernos en la idea de ser superior a los demás e introducirnos en la espiral del resentimiento y los celos…

Compararnos con los demás no sirve de nada. Pues cada uno de nosotros ha vivido y experimentado situaciones, sentimientos y pensamientos diferentes. Por eso, la comparación resulta inútil…

¿Hasta qué punto serías capaz de llegar para no sentirte inferior a los demás?, ¿cómo te enfrentas a los cambios en tu vida?, ¿cultivas la flexibilidad o por el contrario, la rigidez domina tus días?

Cuando un cambio llega a nuestras vidas, ya sea a nivel laboral, social o personal, tenemos que ser lo suficientemente flexibles para saber adaptarnos, sin olvidarnos de nosotros mismos. De lo contrario, las consecuencias pueden llegar a ser terribles, como le ocurre al protagonista de nuestro corto.

Robot rojo

Cuando la inferioridad aparece en nuestra vida

Puede que en algún momento de nuestras vidas nos sintamos “inferiores” en relación a las personas que nos rodean. Quizás porque un huracán de cambios haya hecho su aparición o porque simplemente, nos damos cuenta de que otra persona tiene una gran destreza con ciertas habilidades, en las que nos considerábamos “buenos”.

Así le ocurre al pequeño robot protagonista de nuestro corto, acostumbrado a su rutina diaria en la que se siente cómodo y feliz realizando su misión. Pero que de repente queda quebrantada ante la aparición de un nuevo compañero con habilidades más rápidas. A consecuencia de ello, nuestro protagonista entra una espiral de celos y resentimientos… ¿Qué le ha sucedido?

“Nadie puede hacernos sentir inferiores sin nuestro consentimiento.”

-Eleanor Roosevelt-

Cuando nos comparamos con los demás y nos consideramos “inferiores” o “peores” comenzamos a desconfiar en nuestras capacidades y habilidades, generando una desconfianza total hacia nosotros mismos y repercutiendo en nuestro nivel de autoestima.

Ante esta situación, que es vivida como una amenaza, las consecuencias pueden ser varias… Podemos llegar a un estado de indefensión en el que no nos creemos capaces de hacer nada, el cual nos induce a la inmovilidad y el desprecio hacia nosotros mismos.

Pero también podemos querer intentar superarnos y continuar evolucionando para no decaer. El problema llega cuando la energía en lugar de movilizarla hacia sacar lo mejor de nosotros mismos, la enfocamos en destruir lo que las personas de nuestro alrededor hacen, boicoteando sus trabajos, actitudes o relaciones.

Movidos por la envidia, el resentimiento o los celos, en lugar de buscar de qué manera podemos mejorar, nos centramos en de qué manera podemos destruir aquello que el otro tiene o hace para sentirnos superiores. Es decir, nuestro foco de atención lo dirigimos hacia el exterior, en lugar de a nuestro interior.

Así, hacemos responsables a los demás de nuestra infelicidad o sentimiento de inferioridad, cuando en realidad es una percepción que hemos construido sobre nosotros mismos, como le sucede al pequeño robot.

Evita romperte siendo flexible

Atrapados o no en la infelicidad, junto al resentimiento y los celos, la única opción que nos queda es aprender a ser flexibles para adaptarnos. La aceptación de la nueva situación o de que otras personas pueden tener habilidades o destrezas mejores que las nuestras es el comienzo para el cambio.

Robot destrozado

La alternativa está es responsabilizarse de lo que uno siente y ser conscientes de que somos nosotros mismos los que nos consideramos “inferiores”, “mejores” o “peores”. El filtro le creamos nosotros y en base a él actuamos, repercutiendo en nuestros niveles de autoestima.

“Si decides ser flexible, te quitarás un enorme peso de encima al ver que nada está predeterminado y que puedes ser el último juez de tu propia conducta.”

-Walter Riso-

Sentir celos o resentimiento, pensar que nos pueden desbancar y superar, es una creación que nace de nuestra inseguridad. Somos nosotros los que en ocasiones, volvemos a los demás como nuestros enemigos, comenzando una lucha de sufrimiento y malestar por querer sustituirlos.

Esto le ocurre al pequeño robot protagonista de nuestro corto. Dominado por su inseguridad, convierte una situación de colaboración en una de competitividad fruto de la rigidez, movida por su resentimiento y sus celos, teniendo como desenlace su propia destrucción…

Por lo tanto, recuerda que solo eres inferior si tu te lo consideras o das permiso a los demás para ello, y que competir para destruir no es una buena opción para ser feliz; sin embargo colaborar y ser flexibles para mejorar resulta ser la opción más acertada para evitar rompernos…