Estrés infantil: causas, síntomas y estrategias

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 31 octubre, 2017
Raquel Martínez Rico · 31 octubre, 2017

Aunque existe la idea generalizada de que experimentar estrés es cosa de adultos, lo cierto es que este fenómeno nos acompaña a lo largo de todo el ciclo vital. Así, el estrés supone un gran impacto en la etapa infantil y juvenil, dando lugar a lo que se conoce como estrés infantil.

Actualmente, el estrés supone uno de los problemas de salud más generalizados, afectando a todas las franjas de edad: desde los niños cargados con actividades extraescolares, pasando por los adultos con el trabajo y la conciliación familiar y por los abuelos que se tienen que hacer cargo de sus nietos. Lo malo es que, como sabemos, experimentar altos niveles de estrés, interfiere en los procesos cognitivos, fisiológicos y motivacionales que empleamos en nuestra vida diaria.

La mente del adulto puede no comprender que los más pequeños experimenten estrés. Claro, estos no tienen que hacer frente a una jornada laboral, hacer las tareas del hogar, cuidar de los hijos, llevarlos al colegio o guardería, etc. Y al mismo tiempo, tener que coordinarse con su pareja u otros familiares para poder llevar a cabo todo lo anterior. Sin embargo, el comportamiento de los niños, su nivel de atención y concentración, su motivación, su desarrollo social y emocional y su rendimiento escolar también se ven afectados cuando experimentan un alto grado de estrés.

Niño con las manos sobre los ojos para representar el estrés infantil

¿Cuáles son las causas del estrés infantil?

Si te paras a pensar en las cosas que a ti te estresan, seguro que difieren de las cosas que estresan a otras personas que conoces. Bien, esto es porque cada uno de nosotros posee unos recursos personales diferentes para hacer frente a situaciones difíciles o novedosas.

Lo que ocurre en los niños es similar. Los infantiles y juveniles sentirán estrés cuando los recursos personales de los que disponen no les permitan adaptarse de forma adecuada a una situación exigente. Una situación que no esperan y para la que todavía no han desarrollado estrategias de afrontamiento.

Cuando hablamos de estrés infantil, las principales causas se encuentran en 3 ámbitos: familia, salud y escuela. 

  • Familia, donde podemos destacar: mal entendimiento con los padres, la llegada de un hermano, un cambio de residencia o tensiones y discusiones frecuentes entre los padres de familia. Cabe destacar que, cuanto más pequeño es el niño, la mayor fuente de estrés reside en la familia y en las relaciones de apego.
  • En el ámbito de la salud, un episodio de hospitalización supondría un factor muy significativo en la experimentación de estrés y que afectaría al niño y al resto del núcleo familiar.
  • Por último, varios eventos referentes al ámbito escolar suponen grandes estresores, sobre todo en la etapa de educación primaria. En este momento, aparece el miedo a no ser aceptado o a no alcanzar una meta al mismo tiempo que los demás. También, la realización de exámenes, exceso de tareas, que los padres vean malas calificaciones, etc.

Niño con estrés triste

Síntomas principales del estrés infantil

El estrés en el niño se genera porque nota o percibe un estímulo que evalúa como amenazante: estima que con sus recursos no le va a poder hacer frente o que va a poder, pero le va a costar mucho esfuerzo. Estás amenazas percibidas suelen ser consecuencia de cambios en sus rutinas. Así, altos niveles de estrés en los menores pueden desembocar en la siguiente sintomatología:

  • Sentimientos de incapacidad: “no voy a poder pasar de curso”, “no voy a ser capaz de encestar la pelota en el patio”.
  • Baja autoestima: “los demás niños de mi clase ya han aprendido a leer pero yo no”.
  • Trastornos psicosomáticos: un estado emocional determinado puede afectar a todos los órganos vitales del tipo.
  • Alteraciones del sueño.
  • Pérdida o aumento de peso.
  • Malestar general.
  • Problemas digestivos.
  • Aparición de tartamudez.
  • Disminución de la capacidad de centrar y mantener la atención.
  • Disminución de la memoria de trabajo.

Carita sonriendo entre muchas tristes

Estrategias de afrontamiento ante el estrés infantil

Veremos cómo las siguientes recomendaciones para hacer frente al estrés infantil no distan mucho de las pautadas para los adultos. En cualquier caso, ayudan a reducir las respuestas desadaptativas (respuestas fisiológicas, irritabilidad, disminución del autoconcepto, del rendimiento escolar, etc). Podemos considerar como estrategias de afrontamiento las siguientes:

  • Técnicas de relajación apropiadas a la edad del niño. Esta actividad es algo que se puede integrar en la familia como un juego más.
  • Practicar algún deporte.
  • Llevar a cabo unos hábitos saludables en la alimentación, descanso e higiene
  • No saturar a los niños con exceso de tareas, sobre todo si estas no son gratificantes para ellos. Quizá lo más lógico sería que un niño no tuviera 5 actividades extra-escolares diferentes.
  • Escuchar activamente lo que los pequeños quieren decir ayudándoles a expresar sus emociones.

¿Cómo prevenir altos niveles de estrés infantil?

Como hemos comentado, los niños dependerán de sus recursos personales para adaptarse a las diferentes situaciones novedosas que surjan a lo largo de su vida. Así, cuantos más recursos y fortalezas posean, menos posibilidades tendrán para manifestar estrés.

Como medida de prevención, los esfuerzos deberán estar dirigidos a los padres de familia. El objetivo reside en establecer una buena comunicación entre padres e hijos, una adecuada relación de pareja y un clima que permita expresar las emociones.

A la hora de llevar a cabo estas pautas debemos tener algo claro. Ver como los padres expresan de manera adecuada sus emociones ante posibles conflictos que surgen en el ámbito familiar tiene más poder que una “charla” sobre la expresión emocional. Los padres sois el modelo constante para los pequeños, y las charlas pueden ser estupendas, pero sirven de poco si no van acompañadas con el ejemplo.

Una vez que el menor está preparado para la expresión emocional, el siguiente paso es enseñar al niño a reconocer las emociones (las positivas y las negativas). Este aspecto es el que le dotará de un autocontrol para canalizar lo que está experimentando y aprender a expresarlo de manera adaptativa.

En cualquier caso, el estrés infantil es un problema que nos atañe a todos. Es esencial que los niños, en su crecimiento, vayan asumiendo poco a poco responsabilidades, pero cuidado, en ningún caso estas responsabilidades deberían tapar la mejor salida para el estrés con la que cuentan: el juego. Dinámicas en las que se puede incluir el aprendizaje, pero sin olvidar que el propósito principal es que se lo pasen bien y liberen energía.