Estrés y gastritis ¿cuál es su relación?

Edith Sánchez · 19 noviembre, 2017

Estrés y gastritis son dos palabras que muchas veces van de la mano. El sistema digestivo resiente con extremada facilidad los estados emocionales difíciles. Cada persona experimenta el efecto de manera diferente, pero en todos los casos hay afectación.

Cuando hay estrés y gastritis es necesario solicitar ayuda médica. El problema es que muchas personas ni siquiera lo notan. No siempre que estás estresado los síntomas son visibles. A veces, lo percibes simplemente como una angustia sorda y no muy intensa. Sin embargo, al experimentarla de manera continuada, afecta tu estómago.

El cuerpo y la mente no funcionan de manera separada. Lo que ocurre en una de esas dimensiones afecta a la otra. El aparato digestivo es uno de los que más captura y proyecta esa relación del mundo interior y el exterior. Por eso manifiesta con especial facilidad esas tensiones que están relacionadas con dificultades en el entorno.

Excava el pozo antes de que tengas sed”.

-Proverbio chino-

Estrés y gastritis: síntomas

La gastritis es el dolor punzante y continuado que se experimenta en la parte superior del estómago. Suele producirse por una serie de bacterias que alteran la flora intestinal, dificultando así los procesos digestivos. Ahora bien, existe una variante de gastritis que se produce por la ansiedad, el estrés o el agobio que nos produce una situación determinada.

Así, si hay estrés y gastritis al mismo tiempo, aparecen algunas señales que lo anuncian. Es importante estar atentos a esos síntomas para actuar a tiempo. En estos casos, las demoras podrían dar origen a problemas más severos.

sistema digestivo que sufre estrés y gastritis

Entre los principales síntomas de un cuadro de estrés y gastritis están:

  • Acidez estomacal. Es el retorno del ácido estomacal, del esófago al estómago. Es uno de los primeros síntomas que indican la existencia de estrés y gastritis
  • Dolor de estómago. Aparecen dolores frecuentes en el estómago. Estos van aumentando su periodicidad y su intensidad
  • Hinchazón y nauseas. El estómago se inflama, produciéndose el efecto de “tambor” en él. Es decir, se siente templado e inflado. A veces también hay vómitos
  • Dolores en el cuello y en los hombros. Estas son señales de que hay una alta dosis de estrés. Se ponen tensos los músculos de esa zona y ocasionalmente hay dolor
  • Problemas en la piel y caída del cabello. También son señales de que hay un estrés muy fuerte. Lo más usual es que aparezca acné, pero también sarpullidos y otras dificultades similares
  • Tristeza y nerviosismo. Estos son síntomas tanto de estrés, como de gastritis. El estado de ánimo ya no es el mismo. La persona se siente desganada y angustiada sin motivo
  • Problemas de sueño e irritabilidad. Como en el caso anterior, se presentan cuando hay estrés y gastritis, o una de esas dos condiciones que, de algún modo, siempre lleva a la otra

Es usual que también se presenten trastornos de alimentación. La persona come demasiado o deja de comer. En ambos casos, esto provoca desórdenes digestivos. El estómago comienza a tomar protagonismo en las preocupaciones diarias.

La gastritis nerviosa

Cuando hay estrés y gastritis al mismo tiempo, se habla de una “gastritis nerviosa”. De cualquier manera, esto siempre debe ser diagnosticado por un médico. No es conveniente sacar conclusiones apresuradamente. Si te cuidas en la alimentación y aún así el estómago te plantea frecuentes molestias, es hora de consultar a un profesional de la salud.

papaya para el estrés y gastritis

El tratamiento de la gastritis nerviosa es similar al de otros tipos de gastritis. La diferencia está en que también se debe abordar el componente psicológico. Desde el punto de vista físico, lo indicado es tomar una dieta saludable. También tener descanso suficiente, lo que quiere decir al menos siete horas de sueño al día. Comer alimentos bajos en grasa, así como frutas y verduras y tomar mucho líquido.

Desde el punto de vista emocional, lo adecuado es acudir a terapia, en primer lugar. Esto te permite identificar cuál es la causa real de la preocupación. A veces se trata simplemente de un problema puntual que no se ha identificado. En otras ocasiones el asunto es más profundo y logra emerger cuando se cuenta con una buena intervención psicológica.

Es muy aconsejable hacer ejercicio y trabajar técnicas de relajación. Estas medidas ayudan tanto a la parte física, como al mundo emocional. Son prácticas que contribuyen a regular la digestión y a distensionar los músculos. Así mismo, oxigenan el cerebro y permiten encontrar un mayor equilibrio psicológico.

Lo importante es que estas medidas se tomen a tiempo. Cuando se espera demasiado, la enfermedad puede volverse crónica y desatar un sinfín de consecuencias.