La ética laboral: ¿en qué consiste?

Ética laboral es que nuestros trabajos se definan por valores y comportamientos guiados por el respeto, la convivencia, el sentido de justicia, la profesionalidad o la humildad.
La ética laboral: ¿en qué consiste?
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater.

Última actualización: 10 diciembre, 2021

Compromiso, honestidad, equidad, sentido de justicia… La ética laboral es un atributo que todos los trabajadores buscan en sus empresas y que además se esfuerzan ellos mismos por asumir. Son un conjunto de valores que enriquecen los escenarios de trabajo y que los convierten en espacios respetuosos donde se puede convivir y desarrollarse como profesional.

Filósofos como André Gorz señalaron al final del siglo pasado que la ética en el trabajo está cada vez menos presente. En esta sociedad postindustrial, decía, hemos descubierto que trabajar más no es sinónimo de producir más y que producir más no nos hace felices. Hay algo que está fallando en esta ecuación. La revolución de los microchips, como lo llamó él, está deshumanizando nuestros trabajos.

Es necesario crear escenarios laborales más nutritivos y respetuosos. Es más, cuando se estipulan y se siguen un conjunto de estándares básicos de comportamiento y normas con respecto a lo que es y no es aceptable hacer en el trabajo, la salud mental y la motivación de todo el equipo humano de una empresa mejora.

Veamos en qué consiste esta interesante dimensión ética.

El acoso, escampar chismes y rumores son ejemplos claros de falta de ética laboral

Mujer realiza un trabajo sobre la ética laboral

Los pilares de la ética laboral

En un trabajo de investigación realizado en la Universidad George Mason en Virgina, Estados Unidos, destacaban ya en el año 2002 algo importante. La ética del trabajo puede mejorar el avance de toda economía. En el momento en que se aplica en un escenario laboral esos pilares básicos que la conforman, se optimizan el bienestar y la eficiencia económica.

Como ya señaló en su día el sociólogo y economista Max Weber, en la naturaleza del ser humano no está el deseo instintivo de ganar dinero. Las personas queremos ganar dinero para vivir, y no vivir solo para trabajar. Así, algo que señalaba es que el capitalismo moderno nos impulsa precisamente a esto último: a tener una existencia dominada en exclusiva por lo laboral.

Si a ello le añadimos que nuestros escenarios laborales son cada vez más estresantes, injustos y precarios, tenemos la bomba de relojería perfecta. Las organizaciones sin ética laboral son escenarios ineficaces, tóxicos, poco productivos, incapaces de gestionar el talento e infelices.

Ninguna empresa u organismo tiene proyección si no aplica esos pilares que la definen. Los analizamos.

El cuidado

El primer pilar de la ética laboral es respetar los intereses e integridad de todos los componentes de una organización. Esto significa que tanto la propia empresa como los empleados deben tener presentes las necesidades y expectativas de toda persona que hay en ese contexto.

Asimismo, es importante conocer el potencial y debilidades de los demás para respetar o fortalecer las segundas y optimizar las primeras.

La fiabilidad

¿Puedes confiar en tus compañeros de trabajo y tus jefes? ¿Son figuras que cumplen las funciones de su cargo? La ética del trabajo también requiere que todos los integrantes cumplan con sus tareas, los objetivos y los plazos. También que sean figuras que, gracias a su labor, aporten calidad a cada proceso, armonía al grupo y apoyo ante cada desafío.

La dedicación a la tarea y el respeto a los demás

Un trabajo se llevará a cabo de la mejor manera siempre y cuando una persona se comprometa con su tarea y respete a los demás para que cumplan las suyas. Esto concierne a todo el organigrama de una empresa, desde al directivo de más alto nivel hasta un subalterno.

De este modo, factores como el acoso laboral o la irresponsabilidad de alguna de esas figuras dinamitan por completo lo que entendemos como ética del trabajo.

Cuando hay armonía, respeto por todo integrante de una empresa y cada cual se responsabiliza al máximo de su labor, los resultados llegan.

La justicia y la integridad

Justicia hace referencia al trato que damos a cada persona que tiene relación con un entorno laboral. Es respetar los derechos de los trabajadores, atender de manera correcta a los clientes, proveedores, inversores y hasta al personal de la limpieza. Todo ser humano merece un trato digno y que se respeten sus derechos; y algo tan básico, no puede faltar en el trabajo.

Asimismo, y en lo que se refiere a la integridad, es decisivo que siempre exista transparencia, respeto y honestidad. Se trata de un valor que todos aprendemos de nuestros padres, que nos enseñan en la escuela y que aplicamos también a nuestros trabajos. Ser íntegros es hacer lo correcto en cada circunstancia, ser leales, honrados y disciplinados.

figuras simbolizando la ética laboral

La perseverancia y el compromiso

La perseverancia es algo más que un rasgo de personalidad. Es una dimensión psicológica que todos debemos desarrollar para tener éxito en la vida. Así, en un escenario laboral es clave que sus integrantes tengan una actitud persistente, que sepan manejar la frustración para lograr objetivos.

Lo opuesto a la perseverancia es la pasividad y este rasgo no crea armonía. Si tenemos por ejemplo un compañero de trabajo o un líder pasivo, cuesta mucho comprometernos o llevar a cabo la propia labor. Sucede lo mismo con otro factor de la ética laboral: el compromiso.

Solo las personas comprometidas con su equipo, sus trabajadores, sus compañeros de trabajo y su proyecto empresarial contribuyen al avance y el bienestar de esa organización.

La actitud profesional

La profesionalidad es una actitud que en realidad integra todas las dimensiones anteriormente señaladas. Define a las personas que desempeñan su trabajo con seriedad, eficacia, respeto y pericia.

La cooperación: el arte de saber ser un equipo

Cooperar es tener habilidades para crear equipo, compartir, llegar a acuerdos, saber disentir, comprender a los demás, respetar diferencias, ayudar, empatizar… Todas estas áreas conforman un bello mosaico de valores indiscutibles que erigen a las organizaciones más poderosas, esas que todos deberíamos promover.

Solo así el trabajo sería más digno, satisfactorio y optimizado no solo para lograr objetivos, sino para contribuir al potencial humano.

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