¿Sabes qué es el etiquetado emocional?

Poner nombre a lo que sientes te va a ayudar a acotar tus preocupaciones. El etiquetado emocional es el mejor punto de partida en la gestión de cómo te sientes, porque te permite actuar en consecuencia.
¿Sabes qué es el etiquetado emocional?
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater el 05 mayo, 2021.

Última actualización: 05 mayo, 2021

El etiquetado emocional te ayuda a conectar y comprender mejor lo que sientes. El ovillo, a menudo caótico, de tu universo de sensaciones, sentimientos y emociones es tan impreciso, nervioso y difuso a la vez que no es fácil definirlo ni ordenarlo. Sin embargo, este recurso terapéutico puede ser una herramienta de poder y bienestar capaz de cambiar tu vida.

Muchos de nosotros nos hemos visto en esa situación en la que señalarle de pronto a alguien eso de «no sé decirte realmente qué me pasa, pero estoy mal». Son instantes vitales en que todo molesta, duele y enfada. Lo que acontece en nuestro interior es muy similar a un escenario lleno de bruma; cuesta mucho identificar qué hay debajo de toda esa niebla mental.

Sin embargo, el etiquetaje de las emociones nos permite delimitar esas realidades interiores para visibilizarlas. Es dar nombre a lo que sentimos para poner luz en lo que nos ocurre. Bien es cierto que no resulta una tarea sencilla, pero es algo que todos deberíamos promover.

Etiquetar y dar nombre a lo que turba o angustia es el primer paso para la regulación emocional.

cerebro conectado a corazón representando el etiquetado emocional

Etiquetado emocional: qué es y en qué consiste

¿Cómo te sientes en este mismo momento? ¿Podrías decir qué emociones has sentido en la última semana? Hay quien no tendrá dificultad en responder a estas cuestiones. Muchos en cambio necesitarán un poco más de tiempo para dar una respuesta clara. Porque, por sencillo que parezca, no es fácil hablar el lenguaje de las emociones.

No es suficiente con señalar algo como “pues últimamente no me he sentido muy bien”. Hay que ir de lo general a lo específico. Lo recomendable es encuadrar sensaciones para revelar estados psicológicos. En eso consiste el etiquetado emocional, en hacer consciente y expresar en palabras concretas estados psicofisiológicos más amplios y difusos.

La dificultad para clarificar emociones te aboca al sufrimiento

Este es un hecho evidente. Hay muchas personas con un idioma emocional empobrecido. Son las que se limitan a decir solo “que están mal” y que lejos de conectar con la emoción sentida y los pensamientos que acompañan dicho estado, se dejan llevar por ella. Algo así deriva en reacciones poco ajustadas y en comportamientos de los que más tarde se arrepienten.

Trabajos de investigación, como los realizados en la Universidad Estatal de Ohio, nos recuerdan algo importante. Las dificultades para identificar las emociones que sentimos asientan el sustrato de la ansiedad y los cimientos de los trastornos depresivos. Clarificar y hacer uso del etiquetado emocional pone luz a lo que sentimos para revelar qué necesitamos.

Designar lo que siento para controlar lo que me pasa

Esa es la clave. Ser capaces de dar nombre a lo que sentimos (rabia, miedo, frustración, decepción, tristeza, nerviosismo, etc.) no solo nos permite poner la lupa en ese estado que nos atenaza. El etiquetado emocional es un recurso imprescindible en terapia psicológica porque facilita el cambio.

Lo logra del siguiente modo. Una vez que procedemos a ese etiquetaje y designación de las emociones sentidas, surge la obligación de hacernos responsable de lo que nos ocurre.

  • Estoy enfadado y triste–> ¿por qué me siento así?—> pienso que nada está sucediendo como yo quiero.–>¿qué puedo hacer para sentirme mejor? —> tal vez debería reorientar mis metas y hacer algún cambio.

Algo tan básico como poner una “etiqueta” a ese nudo emocional interno facilita también una menor reactividad fisiológica. Es decir, cuando tenemos claro a qué se debe esa sensación que hay en nuestro interior, la sensación de control se eleva. Es como poner nombre a ese enemigo que nos acecha y lograr así, empequeñecerlo para manejarlo mucho mejor.

El etiquetado emocional es decisivo en nuestra comunicación

Hacer uso efectivo del etiquetado emocional no solo es esencial en un contexto de terapia. También lo es en la comunicación interpersonal.

Designar con claridad qué sentimos y qué nos ocurre aporta asertividad y madurez al diálogo. Así, en las clásicas conversaciones de pareja en las que emerge muchas veces el clásico “¿qué te pasa?/A mí no me pasa nada“, es necesario que seamos capaces de usar un lenguaje más nutritivo y acertado desde un punto de vista emocional.

De este modo, ser capaces de expresar con claridad lo que nos sucede y qué necesitamos no solo facilita las cosas. Revierte también en la calidad de nuestro vínculo para que fluya en todo momento la claridad y la confianza –> “¿qué te pasa?/ Estoy decepcionado y enfadado porque esperaba que me hubieras apoyado en este asunto”.

chico y chica representando hablar mediante el etiquetado emocional

Enseñar a los niños a hacer un uso temprano del etiquetaje de las emociones

Enseñamos a nuestros hijos a cruzar los pasos de cebra cuando el semáforo está en verde. Los guiamos para que aprendan a vestirse. Los iniciamos en idiomas nuevos de manera temprana, esperando así que asuman buenas competencias en ingles, alemán e incluso chino. Si hacemos todo esto, ¿por qué no capacitarlos cuanto antes en la correcta práctica del etiquetado emocional?

Esta habilidad facilitará que se reduzcan las rabietas, que puedan designar lo antes posible aquello que les sucede en lugar de quedar secuestrados por la propia frustración, por la rabia que estalla en gritos y lágrimas. No obstante, tengamos algo en cuenta. Para iniciar a los niños en la artesanía emocional es esencial ser para ellos el mejor ejemplo.

Seremos nosotros los encargados de validar en ellos cada estado emocional, en ayudarles a reconocer, expresar, poner nombre a lo que sienten para regular ese estado psicofisiológico. Tal trabajo lleva tiempo, pero finalmente se convertirán en personas hábiles en la competencia más decisiva de todas: entender las emociones para vivir mejor.

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