La evolución de la relación de pareja

26 Septiembre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por el psicólogo Marcelo R. Ceberio
La relación de pareja es como una danza en la que la tendencia a la estabilidad y la capacidad de transformación están presentes, pero que dependen de sus protagonistas.

Si hacemos un repaso por la historia nos damos cuenta de que somos seres sociales. Esta condición de ser social, que excede el marco del nacimiento de la sociocultura, nos indica que los seres humanos tenemos necesidades de contacto, de relación. En función de esto, a continuación haremos un repaso por la evolución de la relación de pareja: qué implica como génesis de la familia y como dinámica sujeta a procesos de cambio.

Los diferentes homínidos hasta llegar a los neandertales ─que enterraban a sus muertos─ y los sapiens ─que realizaban pinturas en las paredes de las cuevas─, tenían un factor en común: no estaban solos, sino que formaban parejas y grupos, se afincaban en un lugar y establecían relaciones. 

Con el desarrollo de la agricultura y la ganadería, entre otras cosas, los seres humanos salieron de las cuevas, se desplazaron y construyeron viviendas en diferentes lugares para afincarse y crear comunidades. Esto trajo muchas ventajas y dinámicas positivas, como las conversaciones entre familiares y vecinos, el compartir de la comida, las celebraciones, el cariño entrañable y las expresiones de reconocimiento.

En las comunidades, la familia surgió como una organización afectiva con lazo de sangre, una fuente inagotable de creencias, difusión de valores, instauración de pautas y legado de la historia de los ancestros. Pero fundamentalmente, pasó a ser un emporio afectivo, una matriz de amor del más incondicional, que es el de los padres hacia los hijos, en convivencia con el amor conyugal.

Pareja de neardentales

¿Cómo es la evolución de la relación de pareja?

Si dos personas se encuentran y surge en ellas el sentimiento amoroso es cuando mancomunan para hacer realidad un proyecto a través de un solo objetivo: la construcción de una familia.

La pareja puede definirse como un sistema relacional que va más allá de los componentes individuales. De ninguna manera puede concebirse como la suma de dos personas. En realidad, es mucho más que eso, si la entendemos como un sistema con componentes que interaccionan, que intercambian no solo palabras sino ideas, pensamientos, emociones, sentimientos, ideologías, gustos y que además está dispuesta tácita o explícitamente a negociar en pos de una unidad, la unidad del sistema pareja. Por tanto, se trata de un sistema autogobernado por reglas que se desarrollan, evolucionan y se instauran a través del tiempo por medio de ensayos y errores.

Para su crecimiento, la relación de pareja pasa por acomodaciones y reformulaciones a partir de ciertas situaciones que la ponen en crisis, que son las verdaderas protagonistas del cambio. Así pues, las crisis, no son ni más ni menos que una situación de cambio.

Toda pareja pasa por situaciones críticas que la vulnerabilizan, desestructuran y obligan a restituir el equilibrio perdido: una mudanza, una muerte, un cambio laboral, enfermedades graves, nacimientos, viajes, etc. Pero de esa inestabilidad surge el cambio, como en el estiércol de las vacas que en su degradación permite el nacimiento de flores silvestres hermosas.

Esos cambios ─evolutivos y esperables─, ocasionados por los problemas que se presentan y originan la crisis, crean un estado de máxima tensión lleno de emociones y sentimientos que a veces no es fácil superar. Si bien las crisis son bienvenidas, la dureza emocional que la circunda duele, tanto que puede hacer que la pareja sucumba y se disuelva, o la supere y se fortalezca notablemente.

Además de los cambios esperables, pueden presentarse situaciones críticas imprevisibles, como muertes tempranas, enfermedades terminales o incurables en la juventud, accidentes de gravedad, por ejemplo. Estos inciden en el funcionamiento de la relación de pareja y propician un proceso de adaptación que lleva, por un lado, a transformar reglas capaces de constituir cohesión entre sus integrantes y, por otro, un crecimiento psicológico de cada uno de ellos.

La evolución de la relación de pareja está marcada por crisis, las cuales abren la puerta al cambio.

En la pareja hay dos personas reales y múltiples fantasmas

El sistema de la pareja ─como todo sistema─ se sostiene por reglas inherentes y particulares a cada pareja en sí misma. Estas reglas se constituyen en código a través del tiempo, por las sucesivas interacciones y son en general reglas tácitas, espontáneas, que devienen de la ecuación de las pautas, normas, valores, costumbres, hábitos, ideologías, etc. de las familias de origen de cada uno de los integrantes de la relación.

Dicho de otra manera, una relación de pareja no está compuesta por una realidad simple porque los miembros son representantes de un código determinado por sus familias de origen. Por lo tanto, en una pareja existen dos personas reales y múltiples fantasmas. En la interacción que desarrollan, los códigos pasados se intercambian, se pactan acuerdos y desacuerdos que concretizan un código actual, recreando las normas que fundamentarán el sostén del sistema y desarrollarán el futuro del mismo.

La mayoría de los autores sistémicos percibe el equilibrio de la relación de pareja como una danza que está fundamentada por dos funciones aparentemente contradictorias: la tendencia a la estabilidad y la capacidad de transformación. Dicha danza o dinámica posibilita mantener siempre un equilibrio, que a su vez permite la creatividad para resolver las crisis, adaptarse a los cambios y crecer, que son condiciones inherentes a la vida misma.

Las parejas que advierten los cambios como amenazas o que viven las crisis como una catástrofe que las destruirá, tienden a replegarse, petrificarse y volverse extremadamente rígidas. Así, repelen cualquier experiencia nueva y se apegan al “más vale malo conocido que bueno por conocer” y anulan experiencias e informaciones nuevas. Todo ello las lleva al empobrecimiento.

Hay que aclarar que ni la flexibilidad ni la rigidez son características intrínsecas a una relación de pareja, sino que aparecen ligadas a contextos concretos. Por ello, una pareja puede reaccionar de manera rígida en un ambiente y en una situación, pero en otras puede ser flexible, maleable.

Pareja de adultos mayores bailando

La relación de pareja es como una danza

A fin de cuentas, una pareja es una amalgama interactiva de dos personas que provienen de sistemas diferentes y que arman un territorio único en el que hay espacios compartidos e individuales que deben respetarse. Por sobre todo, una pareja es un lugar de amor que debe trabajarse a diario, a sabiendas de que la incondicionalidad y la creencia de la seguridad están lejos de asegurar el vínculo.

La pareja es un universo de significados que se acuerdan casi siempre de manera tácita y que se mantienen en equilibrio mediante una dinámica que podemos llamar danza. No constituye una realidad simple y rígida, perfectamente delimitada, sino más bien una forma de interacción maleable, que puede dar pie a la evolución y el crecimiento tanto en conjunto como de forma individual, siempre y cuando sus integrantes ─los bailarines─ estén dispuestos a danzar al son del contexto y no solamente el que quieran o esperan.