El poder de las situaciones. Experimento de la prisión de Stanford.

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 27 diciembre, 2012
Gema Sánchez Cuevas · 27 diciembre, 2012

Cuando nos preguntan o pensamos qué haríamos en determinadas situaciones parece que tenemos claras nuestras respuestas. Aun sin estar en situación somos capaces de predecir nuestra forma de actuar -o al menos, eso creemos-.

No obstante, a través de numerosos experimentos e investigaciones, la psicología social se ha encargado de poner en duda la firmeza de nuestros pensamientos sobre el futuro de nuestros actos. De hecho, sus resultados cambiaron la visión que teníamos del ser humano y sobre todo, de sus comportamientos, dependiendo de las influencias a las que esté sometido.

En 1971, Philip Zimbardo, psicólogo célebre por sus experimentos de psicología social, junto a un grupo de investigadores de la Universidad de Stanford, llevó a cabo uno de los experimentos más controvertidos en el ámbito de la psicología. Su objetivo era estudiar el comportamiento de los seres humanos bajo la influencia de variables situacionales y responder a una serie de cuestiones como: ¿prevalece la cordura o se impone la violencia? ¿Qué sucedería si ponemos a personas buenas en una situación desfavorable? A continuación os contamos qué sucedió.

El experimento de la prisión de Stanford

A través de anuncios se pidió la participación de personas para simular una prisión en unas instalaciones universitarias acondicionadas por 15 dólares diarios. Se presentaron alrededor de 70 estudiantes universitarios, de los cuales fueron seleccionados 24 por ser considerados como los más saludables y estables psicológicamente según Zimbardo y su equipo.

Tras el proceso de selección de forma aleatoria se dividió a los participantes en dos grupos: los prisioneros y los guardias. Con el objetivo de aportar más realismo a la situación y de que los participantes se implicasen más, a los que fueron identificados como presos se les detuvo por sorpresa y con la colaboración de la policía. Además, se les proporcionó vestuario de prisioneros y se les cambio su nombre por un número de identificación, mientras que a los guardias se les dieron gafas de sol y uniformes.

Philip Zimbardo

Sorprendentemente, tanto los prisioneros como los guardias parecieron adoptar los roles con demasiada rapidez, originándose un gran número de cambios de actitudes y comportamientos en menos de una semana. Por ejemplo, los prisioneros se mostraron sumisos, obedientes, depresivos, pasivos y dependientes, mientras que los guardias, por el contrario, se mostraron sádicos, malvados, autoritarios e inflexibles; abusando de su poder y estatus.

Esta situación tuvo consecuencias inimaginables, los guardias impusieron nuevas reglas, llevaban a cabo actos de humillación y vejaciones, violencias verbal e incluso un gran repertorio de castigos, abusando en general de la sumisión de los prisioneros. A medida que pasaban los días, las vejaciones se realizaban por la noche cuando los “guardias” pensaban que las cámaras estaban apagadas.

Como se puede imaginar, esta situación empezó a tener repercusiones psicológicas en los prisioneros mediante la presencia de diferentes desórdenes emocionales, siendo algunos de ellos retirados del experimento y reemplazados. Finalmente el experimento finalizó ocho días antes de lo previsto, habiendo transcurrido seis días desde que se inició.

Conclusiones del experimento de la prisión de Stanford

El experimento de la prisión de Stanford nos hace reflexionar sobre la importancia de la internalización de los roles y las variables situacionales externas. Por lo tanto no es lo mismo pensar cómo actuaremos en un futuro que encontrarnos inmersos en una situación y decidir qué hacer, ya que al pensar se nos escapan demasiados detalles.

Zimbardo expresó: “Pudimos observar cómo la cárcel deshumaniza a las personas, transformándolas en objetos e inoculándoles un sentimiento de desesperanza. Respecto a los guardias, nos dimos cuenta de cómo gente normal puede llegar a transformarse desde el bueno Dr. Jekyll al malvado Mr. Hyde”. Se observó por lo tanto, como la fuerza de la situación a veces puede ser más poderosa que la personalidad del individuo mismo.

Preso pensando

A pesar de que el experimento de la prisión de Stanford fue algo puntual, si tenemos en cuenta otras investigaciones y estudios podemos afirmar que posiblemente sobrevaloramos los factores disposicionales (o internos de la persona) e infravaloramos la importancia de los factores situacionales.

Quizás, los resultados de este experimento también nos pueden servir para llegar a entender ciertos actos, pensamientos y actitudes que han ocurrido a lo largo de la historia de la humanidad, a los que no encontrábamos explicación. Incluso a cuestionarnos a nosotros mismos en muchas situaciones, porque: ¿cuántas veces hemos hecho algo que en otro momento creíamos imposible?

Por lo tanto, nunca estaremos lo suficientemente seguros de lo que ocurrirá en una situación hasta que no la vivamos en primera persona, ya que parece que contribuyen algo más los factores personales.