6 actitudes que separan más que la distancia

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 4 julio, 2018
María Hoyos · 4 julio, 2018

Estar separados físicamente no es la única forma de encontrarnos lejos de nuestros seres queridos. A veces, aún estando a milímetros de distancia, podemos experimentar una gran ausencia de las personas que nos rodean. En las relaciones, la conexión no solo se alimenta de la cercanía física, sino también del intercambio de afectos, gestos e intenciones. De ahí, que sea importante tener cuidado con ciertas actitudes que separan más que unen.

No obstante, hay que tener en cuenta que esta especie de distancia psicológica que podemos experimentar puede ser fruto de dificultades y problemas, tanto propios como ajenos. Por esta razón es fundamental chequearnos para saber cómo nos encontramos y obtener así más información. Ahora bien, independientemente del motivo, estas situaciones nos hacen sufrir. Profundicemos.

“Lo más horroroso de la distancia es que no sabes si te extrañarán o te olvidarán”.

-Nicholas Sparks-

¿Qué nos hace alejarnos de los demás?

Siendo seres con tendencias sociales, solo problemas de carácter psicológico pueden hacernos desear estar lejos de los demás. Si alguien rechaza constantemente la compañía de otros, quizá esté sufriendo dificultades que somos incapaces de percatar. En el plano patológico, la depresión puede ser una de las causas y, en ese caso, solo un especialista puede ayudar a quien la padece.

En cambio, existen otras actitudes, reflejo de rasgos psicológicos, que determinan también el distanciamiento de las personas. Aunque no constituyen patologías, estas actitudes también perjudican al funcionamiento correcto de las relaciones interpersonales. A continuación profundizamos en algunas de ellas.

Pareja enfadada

El egocentrismo

Según el DLE, el egocentrismo es ‘la exagerada exaltación de la propia personalidad, hasta considerarla como centro de la atención y actividad generales’. Las personas egocéntricas descuidan los intereses y los deseos ajenos por considerarlos inferiores a los propios.

Por tanto, este tipo de personas no dan importancia a los problemas de los demás, alejando su atención de ellos. Es complicado dialogar con los egocéntricos, ya que negarán la existencia de cualquier problema cuya raíz se encuentre en su persona. Al contrario, su tendencia será la de identificar el problema en quienes le comunican sus preocupaciones, generando a menudo una separación, tanto física como emocional.

El maltrato

En este caso, la actitud tóxica que manifiesta el maltratador se refleja directamente en el maltratado. El maltrato se define como ‘tratar mal a alguien de palabra u obra’. Esto hace referencia a las consecuencias psicológicas negativas que sufre la persona maltratada, que siente cómo el maltratador se aleja de la idea que se había formado en su mente. A su vez, el maltratador se aleja psicológicamente de la persona maltratada, ya que no tiene en cuenta sus sentimientos, como si fuera un objeto sin importancia.

No obstante, este caso es bastante especial. Porque si bien los comportamientos y actitudes del maltratador distancian a la víctima, existe un entresijo manipulativo que impide de alguna forma que la separación se lleve a cabo la mayoría de las veces. Ahora bien, sí podemos decir que este tipo de relación se aleja completamente de un vínculo consciente, afectivo y sano entre dos personas.

El desprecio

Relacionado directamente con el maltrato, el desprecio se manifiesta de diversas formas. Por ejemplo, en un excesivo sarcasmo, que tras el humor esconde la intención de dañar al otro. Suele ser consecuencia de un sentimiento de superioridad (generalmente intelectual) del que desprecia.

De hecho, según el DLE (Diccionario de la Lengua Española), el desprecio puede definirse como ‘desdén’, lo que a su vez es un “despego”, es decir, una posición de lejanía con respecto al otro. De ahí, que sea una de las actitudes que separan más que la distancia, ya que tratar a los demás desde la superioridad es una forma de rechazo.

La mentira

Esta es una de las actitudes que separan más que la distancia más comunes, tempranas y aparentemente inofensivas. Mentir es esconder y falsear la realidad. Ponerse una máscara para ocultar algo que por alguna razón no se quiere mostrar.

¿Cómo vamos a confiar en una persona que miente? ¿Cómo vamos a transmitir confianza si mentimos? Es normal que la mentira nos aleje de los demás. Es un boicot a la sinceridad que daña todo intento de conexión en las relaciones con los demás. Al mentir no nos dejamos conocer.

Mujer eligiendo máscara para ponerse

La victimización

Esta actitud, cuando es propia, es increíblemente dañina para las relaciones. No solo porque diluye el significado de víctima, haciendo que las víctimas reales pierdan credibilidad, sino porque estamos volcando sobre los demás un sentimiento de culpa innecesario.

La victimización es una forma de autoengaño y la prueba de poseer escasas habilidades de autorregulación y responsabilidad emocional. Este tipo de personas están asentadas en la queja y la crítica continua como mecanismo para sobrevivir, culpando a los demás de su infelicidad o cualquier otro estado de ánimo.

La manipulación

Relacionada con el desprecio y el maltrato, la manipulación es consecuencia de una presunta superioridad intelectual. Las personas manipuladores pretenden influir en las actitudes ajenas, en beneficio propio. Suelen acometer sus intenciones, debido a esa superioridad intelectual, pero cuando los que están a su alrededor toman conciencia de sus prácticas, generan un profundo rechazo.

Como vemos, todas estas actitudes que separan más que la distancia son perjudiciales para un buen funcionamiento de las relaciones interpersonales. Por ello, debemos aprender a identificarlas si deseamos tener relaciones sanas y fructíferas.